• Primer juego de la serie de playoff entre Leones de Yucatán y Diablos Rojos del México. Sábado 9 de agosto 2025. Estadio Alfredo Harp Helú

Sí… errores y pitcheo fueron clave ayer.

Pero los Leones tropezaron con la misma piedra de la mayoría de los partidos que jugaron en los estadios donde se batea mucho. No lo hicieron durante el rol regular y no lo supieron hacer ayer en el Estadio “Alfredo Harp Helú”, menos a la hora oportuna, y esa fue parte fundamental de que estén abajo en la serie ante los Diablos Rojos del México.

Ciertamente que se toparon con el mejor equipo de las últimas dos temporadas en la Liga Mexicana, pero a los pingos en años anteriores les habían ganado y pegado sustos y humillaciones porque supieron conectar.

Los Leones tuvieron para hacer daño, pero sin bateo, no pudieron. Y si el pitcheo flaquea, ese es otro problema serio para los dirigidos por Eliécer Alfonso.

La alineación presentada por el piloto venezolano dejó en el banco a Norberto Obeso, un pelotero que se mueve, tiene turnos largos y, defensivamente, ayuda patrullando en los jardines.

Y al final, la columna vertebral de la ofensiva, del tercero al sexto, terminó con una línea de 13-1 (Henry Ramos 4-1, Art Charles 2-0, dos ponches, un flai de sacrificio; Yangervis Solarte, de 4-0, y Luis Felipe “Pepón” Juárez, de 3-0, una base).

El partido de ayer comenzó de forma encendida para Yucatán. Wynton Bernard y Yadir Drake batearon dobletes para una carrera, pero Ramos rodó para el primer out, Charles elevó para sacrificio y Solarte cerró el acto).

De allí, hasta la reanudación por la lluvia, en la alta de la octava, los Leones solamente pudieron batear tres hits más, todos sencillos.

Y los Diablos apenas pudieron, dañaron al pitcheo león. Dos racimos grandes y listo. El primero, por dos desatenciones defensivas, una de Solarte especialmente al no completar un out forzado en tercera, que pudo terminar la amenaza de los Diablos. Y en el cierre de la octava, luego del retorno caliente de las fieras, que solamente les dio para una carrera, vino el infernal racimo de ocho registros que terminó sepultando a los yucatecos.— Gaspar Silveira

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