Aunque muchos aficionados quisieran a sus equipos jugando la final de la Liga Mexicana de Béisbol, la Serie del Rey que disputará desde hoy entre los súper favoritos Diablos Rojos del México y los Charros de Jalisco, octavos de la Zona Norte, ha captado tantas atenciones que, no hay duda, pondrán a la batalla de campeonato en ojos de todos.
Los Diablos llegaron porque estaban obligados a hacerlo. Desde la misión misma de don Alfredo Harp Helú de construir un equipo para ganar, hasta el trabajo del último de los batboys, el club escarlata conoce sus limitantes: campeonato o nada. El año pasado barrieron con todo. Con Robinson Canó y la mágica campaña de Trevor Bauer, rompieron una sequía de más de una década sin izar el banderín en el infierno.
En este 2025, sin Bauer y con un pitcheo que no lució tanto, pero fue hermético cuando tuvo que hacerlo, repitieron con una gran temporada. No bajaron nunca del primer lugar. Ganaron en casa, en gira, y en la postemporada arrasaron en las primeras dos series (ante Yucatán y Puebla).
Los Charros, del otro lado de la moneda, llegaron porque quisieron. En la mente del piloto Benjamín Gil no pasa otra cosa que no sea decir que tiene al mejor equipo. Sus peloteros y la cada vez más grande legión de seguidores lo aprendió. A muchos no les gusta cómo se expresa, por ser tan irreverente, pero él sabe que hablar tanto hace que uno crea lo que escucha. Los Charros pasaron en sexto lugar, pero desde que arrancó el playoff, ha sido otra historia con ellos, sumando ya 12 de los 16 juegos que se requieren ganar para alzar la copa.
La que arranca hoy es una Serie del Rey inédita, que tiene mucho más que un juego de béisbol. El poderoso contra el débil.
Los pingos amasan trofeos para llenar más de una vitrina, y otra vez fueron diseñados para ganar. Los sombrerudos solamente tienen un gallardete, ganado en 1971, cuando hicieron la hombrada de venir de atrás para remontar un 3-0 ante Saltillo. Los dirigía entonces, ironías del juego, Benjamín “Cananea” Reyes, que luego sería la leyenda como piloto del México Rojo.
Pero, dicen los que saben, una final es otra cosa y generalmente la gana el que sepa explotar todos los argumentos que van en los textos escritos, y en los no escritos también. Béisbol de fundamentos, de emociones y estados físicos.
Los Diablos acaban de pasar serios apuros, deportivos y de concentración en la Serie de Campeonato del Sur ante los Piratas de Campeche. Vaya que los bucaneros se crecieron ante los escarlatas, cuyo pitcheo fue débil y la ofensiva apenas lució. Probablemente les afectó el largo descanso entre serie y serie (barridas a Yucatán y a Puebla). Las estadísticas del rol regular son abrumadoras para el batallón rojo: el “champion bat” de la LMB fue Carlos Sepúlveda, a quien el piloto Lorenzo Bundy coloca lo mismo de octavo o noveno, o de primero o segundo. En realidad, Sepúlveda y el “Haper” Gamboa, con Julián Ornelas, son tres brillantes mexicanos que parecen refuerzos de un grupo de extranjeros liderados por Robinson Canó, José Marmolejos y, como los quiera usar Bundy, Arístides Aquino, José Pirela, Río Ruiz y otros más. Como sea, presentan un line up que no da descanso. Es un verdadero dolor de cabeza.
Muy activos
Los Charros, en cambio, llegan como el equipo más trabajado de este año. Ya jugaron los 21 partidos que se podían disputar en los playoffs, saliendo con récord de 12-9. En dos palabras: ¡Están enrachados! Eso puede mucho con un equipo que, además, no deja de escuchar que sí puede, que es el mejor, como les dice Gil a cada rato. No espanta su line up, pero cuidado, desde el primer bate, Johneshwy Fargas, pasando luego con Mateo Gil, hijo del mánager; Willie Calhoun, Kyle Garlick y una de las grandes atracciones que llegó al equipo, en la persona de Josh Fuentes, seguro en la antesala, con experiencia, y bateando como no hizo en sus años con los Leones.
El pitcheo puede marcar la diferencia. Bundy lo sabe. Debe extrañar mucho al talento y arrestos de Bauer, máxime que sabe que si los lanzadores rivales aprietan, sus bateadores se ven en apuros (lo vivió contra Campeche). Jalisco tiene a cuatro abridores, se puede decir, de primera línea, y en eso apostará mucho Gil para soñar con su primera Serie del Rey: Luis Payán, Zac Groznat, Luis Iván Rodríguez (del meritito Jalisco) y Eduardo Vera, yucateco. Si Bundy voltea a su staff, se encontrará, como brazo seguro, con Ricardo Pinto. Los demás fueron y serán un volado. Que den cuatro entradas y a la carga con los relevistas.
Tener la ventaja de localía (cuatro juegos en casa, de ser necesario) puede ayudar a los pingos a jugar en un estadio donde jugaron para 32-11, y estarán cobijados por más de 20 mil espectadores que han dado al infierno circunstancias especiales. De visita estuvieron muy por arriba del promedio: 31 victorias y 14 derrotas. Los Charros tuvieron marca de 18-30 en casa. Pero en estos playoffs, las dos series que jugaron ante los Sultanes las definieron en patio ajeno, igual que la intermedia, ante el Unión Laguna.
Habrá, igual, mucho orgullo en juego y eso puede darle otro cáliz a la Serie del Rey. Los Diablos son los Diablos y están obligados a ganar por el simple hecho de llamarse así. Perder sería un fracaso monumental. Jalisco pasó en sexto, pero ya mostró que no es propiamente una perita en dulce (que lo digan Roberto Kelly y los Sultanes), y el mánager Gil es tan orgulloso, que no querrá perder por nada del mundo. Nada mejor que regresar al timón de la Selección Nacional para el Clásico Mundial con un anillo de campeón. Por eso decimos que hay mucho más que béisbol en juego.
Hombre por hombre, en el cuadro, parecen favoritos los Diablos. Pero si su pitcheo y el corazón siguen como en este último mes, cuidado con los Charros.
Pronóstico: Diablos en seis.— Gaspar Silveira Malaver



