El béisbol, está probado, tiene áreas de oportunidad para todos aquellos que estén dispuestos a hacer un esfuerzo para crecer.
A Gabriel Enrique Manzanilla Espinosa le quedó bien claro que su afición por el rey de los deportes podría darle de comer. Dejó la escuela y en el béisbol encontró oficios.
Aprendió de esto y de aquello y hoy día está disfrutando algo que no pensó le ocurriera, y no es por falta de capacidades: es parte del equipo de batboys de los Diablos Rojos del México que disputan la Serie del Rey.
Y dice con sinceridad: “Estoy muy orgulloso del trabajo que desempeño”.
Los Diablos Rojos son tan famosos y tienen tantas estrellas, que hasta en sus batboys tienen figuras, como fue el ya fallecido Antonio “Abuelo” Mora, cuyo hijo Óscar es hoy el principal responsable de ese puesto.
Allá trabaja también Manny García, un hombre de talla baja, pero gigantesco de corazón, y fue el que invitó a Gabriel para enrolarse en la Marabunta Roja.
A “La Chiumul”, como se le conoce, se le veía siempre en el Kukulcán, listo para lo que se necesitara. Como parte de los empleados del terreno de juego, o atendiendo necesidades de los equipos visitantes. “Hacía lo que se necesitara. El chiste es colaborar, hacer las cosas honradas y ganarte el sustento”, cuenta desde el Estadio “Alfredo Harp Helú”.
La relación con Manny fue la que le abrió las puertas del infierno. Manuel fue batboy de los Leones tiempo atrás y luego se mudó al México. El contacto entre ambos siguió “y cada que los Diablos llegaban a Mérida, ayudaba en algo. De pronto me dice: ¿Quieres ir al jale con nosotros? Y waoo… ¿Con los Diablos Rojos? Pues sí, nos fuimos y aquí estamos”.
El trabajo no es meramente de ser cargabates. Los batboys son muchísimo más que eso, en una labor que no tiene descanso. Llegan al estadio hasta cuatro horas antes del juego, arreglan spaics, cascos, bates, entregan uniformes de práctica, de juego. Muchísimas de las funciones de ellos no se ven. “No es solamente el juego. Es desde mucho antes”.
Y también, son los últimos en irse, pero al llegar al hotel, cuando son visitantes, se encargan del lavado de los uniformes, de entregarles sus prendas oficiales a las puertas de las habitaciones.
“Es un trabajo bonito, pero es cansado igual porque eres de los primeros que llegas y de los últimos en irse. Hay que tener todo listo para el jugador”.
Detalla sus funciones: “En el ‘Harp’ llegamos a las 10, y hay que sacar los bates, limpiar los cascos, los protectores, sacar las pelotas para el entrenamiento, mientras que Manny y Óscar están en otras funciones. Y ya en el partido, estoy limpiando las pelotas de juego, ayudo a agarrarles los protectores a Manny y Óscar, que son los que están en el campo”.
Lo suyo: ser batboy
Gabriel considera clave estar listo para incluirse en la cadena que se forma alrededor del béisbol. Entiende, y lo acepta, que “no todos pueden ser peloteros, pero sí puedes desempeñarte en otra función”, como umpire, analista, parte de los servicios de atención médica y de salud y, claro, lo suyo: batboy.
“Ya tengo rato que hago esta actividad, en las ligas locales como la Meridana, igual estuve en la ‘Naxón Zapata’, en la Estatal Yucateca. He trabajado mucho con los Tiburones de Progreso. En la Meridana comencé con los Constructores, luego me fui a la ‘Naxón’ y regresamos a la Meridana ya con los Senadores de la Morelos, de donde agradezco a José Caballero y al abogado Álvaro Vega por la oportunidad de estar con ellos”.
Vecino de la colonia Vicente Solís, hijo de “dos mamás” (“mi madre de sangre, María Espinosa, y mi segunda madre, mi madrina Beatriz Balam”), afirma que ha tenido la fortuna de ser aficionado al béisbol, de poder ir a muchos juegos en cualquier lado y especialmente en el Kukulcán.
Pero ahora, con sus esfuerzos dándole recompensas, está feliz de ser parte de un equipo como los Diablos Rojos. Los pingos son, afirma, “un equipo que me ha tratado bien, no son pesados, te ayudan”.
“Todos me tratan bien, los jugadores son buenas personas, a pesar de ser estrellas. Desde que llegué, me han tratado como unos más”.
En parte esto se debe a que ha puesto todo su empeño. “Hay que hacer las cosas bien dentro de tus funciones, ser humilde. Y eso te abre puertas”. Sin duda. El béisbol le está dando frutos de lo cosechado y estar con los Diablos es la recompensa a sus años de dedicación.
Pidió agradecer a todos a quienes alguna vez le permitieron hacer algo para desarrollarse y, ahora con los infernales, sus palabras son para todos, en especial para el “Haper” Gamboa, Arturo López, el presidente Miguel Ojeda y la directiva de los pingos “porque ellos vieron mi trabajo y me trajeron para acá. Me siento orgulloso de lo que he hecho para llegar hasta aquí”.
Si los Diablos se coronan, seguramente habrá anillo para su hoy batboy auxiliar. Es parte de ese equipo de leyenda.
