Desapareció José Tomás, porque sólo quiso torear unas cuantas a su estilo. Se retiró “El Juli”, el que había cargado con el peso de la Fiesta, y ahora se va Morante de la Puebla, el genio que deja a la tauromaquia sin un torero de peso.
El toreo recordará al torero de La Puebla, pero tendrá que acostumbrarse a no tener a una figura que, tras la partida de Julián López, se quedó como el mandón, a su estilo, con arte, algunas veces con arrebato, pero no condicionando con su posición, como en muchos de los que son leyenda se vivió.
El toreo mundial seguía conmocionado por lo vivido el domingo en la Plaza de Las Ventas de Madrid, donde Morante, tras una de sus grandes faenas y triunfos más redundantes, decidió, él solo, quitarse el añadido, lo que indica que es su retiro de los ruedos.
Se va el genio de Sevilla en plenitud, en lo más alto de su carrera, algo que genera dudas porque tarde a tarde se veía mejor, y porque decidió que el final, su final, sea en la Plaza de Las Ventas y no en la Maestranza de Sevilla, donde logró sus triunfos más grandes. Aunque, dijeron muchos, le quedó de mayor peso su Puerta Grande de Madrid, en el San Isidro de este año, que el rabo cortado en el coso andaluz en 2023.
Los medios taurinos, y también los que no suelen hablar de toros, bordaron sus portadas y reportes especiales con la noticia de la despedida de Morante. Hubo quienes atribuyeron la decisión inesperada a la voltereta recibida momentos antes, que dejó perplejos a todos en Las Ventas. Otros, hablando de sus problemas mentales, que mucho le habían atormentado desde décadas atrás. Y otros más que, como con ilustres figuras, se había cansado de la gloria que alcanzó.
En España, en México, en Perú, en Francia… en cada uno de los rincones del mundo donde hay toros, Morante estaba en boca de todos.
Llenó, con su coraje y su genio, dos veces en el mismo día, la arena del toreo más grande de España. El festival que se organizó a iniciativa suya, en pro de Antoñete, torero de Madrid, le vio reunir a grandes protagonistas del toreo, como Curro Vázquez, César Rincón (salieron en hombros luego de sendos recitales), toreando un ejemplar de Osborne como el que Antonio Chenel inmortalizó en 1966. Y en la tarde, raro en él, se vistió en tono malva y oro, en honor a Chenel, cuando generalmente viste tonos oscuros. En la corrida del domingo se vistió al estilo Antoñete.
También quedó para su legión de seguidores el dejo de amargura porque no fue en Sevilla donde fue el final, cuando en la Maestranza puso a muchos en éxtasis con su toreo. Quizá regrese para un festival y sea su adiós. Quizá. Sólo él sabe qué viene en el futuro. Sólo él supo y así lo contó en su habitación del Wellington: “Se me ocurrió a mí solo por la mañana; si se lo digo a Pedro, me quita las ganas”. Pedro Jorge Marques es su apoderado.
Se va con 46 años de edad, con 28 de alternativa, triunfos rotundos donde quiso (la Plaza México, por ejemplo.— Gaspar Silveira Malaver
