El 2 de noviembre, Día de los Difuntos, falleció a los 85 años de edad el torero Rafael de Paula, de causas naturales, en Jerez.
Ha muerto un artista con ramalazos de genio. Una leyenda del toreo, poseída de una llamativa irregularidad, capaz de alcanzar las más altas cotas de la sensibilidad artística y hundirse después en los infiernos de las “espantás” más ruidosas.
Rafael Soto Moreno (Jerez de la Frontera, 1940), nacido para ser mecánico de bicicletas y reconducido a torero por imposición del destino. Y lo fue para protagonizar algunos de los momentos más brillantes de la tauromaquia del siglo XX y, también, los más tristes por su dejadez, sus miedos y su especial carácter.
Atrás ha quedado la vida de un personaje extravagante, atormentado, controvertido y maniático y, también, la de un torero esencialmente artista, creador de instantes inefables, irrepetible, hecho de carne sensible, dotado como nadie para la emoción, dueño de un duende especialísimo, principio y fin de la belleza… En 2002 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Y fue apoderado de otro torero que acaba de marcharse: Morante de la Puebla. Dos genios que marcaron época en los ruedos.
