Hoy , con la venia de don Arturo Millet Molina, voy a escribir acerca del rey de los deportes: el béisbol, y la inolvidable Serie Mundial de este otoño, donde en un cardíaco undécimo ininng, los Dodgers de Los Ángeles se coronaron campeones por segundo año consecutivo.
Recuerdo mis años de secundaria en la Escuela Modelo. La Serie Mundial casi siempre era entre los Yanquis y los Dodgers, en ese entonces de Brooklyn. Y los Dodgers nunca podían ganarles a los Bombarderos, incluso en una serie que los esquivadores ganaron los dos primeros partidos.
Mi padre, que era fanático de los Dodgers, igual que varios miembros de la familia. No nos perdíamos la Serie Mundial, que oíamos por radio en ese entonces. Así nos enteramos del Clásico de Otoño en que Don Larsen tiró un juego perfecto, el único que ha habido en Serie Mundial (1956).
También viene a mi memoria la Serie que jugaron los Indios de Cleveland, que se coronaron en la Liga Americana, impulsados ese año por el mexicano Beto Ávila, quien resultó campeón de bateo en esa misma liga.
Y para cerrar este comentario, el mexicano en su primer turno al bate, con dos strikes, abanicó el tercero con una bola que venía completamente descontrolada y al percatarse de que el cátcher no la iba a atrapar, hizo swing y se embasó, causando el asombro de los comentaristas que lo elogiaron por esa astucia que creo que nunca se había dado .
El único que lo criticó fuertemente fue mi padre, que se preguntaba cómo un campeón bateador y orgullo mexicano se hubiera embasado ante tal ridiculez.
Como dice siempre Arturo Millet Molina en sus escritos sobre este deporte: “Qué grande es el béisbol”. Mérida, noviembre de 2025
