La Plaza Mérida volvió a dejarse ver como el bastión del toro en México. Una muy bien presentada corrida de Pozo Hondo, que exigió el carnet a los tres toreros banderilleros y que puso interés en una tarde que, empero, tuvo matices que le desviaron la senda.

El venezolano Jesús Enrique Colombo, un torero con facultades portentosas, se fue como el triunfador numérico de la cuarta tarde de la temporada. Una oreja en cada toro: la primera, ganada a pulso, ante un ejemplar muy bueno, de vuelta al ruedo, no concedida; la segunda, sin tanto valor.

Y cuando concedieron el trofeo que le garantizaba la salida en hombros, el público volvió a sacar un encono que agarró desde que la autoridad le negó una oreja al matador yucateco André Lagravere. Un trofeo que, toreramente, tuvo argumentos para ser entregado al “Galo”, pero que inexplicablemente no fue concedida.

Se desató entonces una bronca monumental, grande. La primera oreja, se sabe, se otorga por petición del respetable, y fue mayoritaria la solicitud, digamos que total. Fue tras una faena que el diestro local se atrevió a sacarle al toro, en un palmo de terreno, los pases más intensos de una labor nada fácil. El ejemplar mostró problemas en los cuartos traseros, así que hubo que arriesgar. Y se fue con todo con la espada, que cayó ligeramente ladeada. Creemos que fue esa la razón por la que no se la dio el doctor Ulises Zapata León. Pero los aficionados la pidieron ruidosamente y la negativa siguió, desatándose la bronca.

Lagravere dio una vuelta al ruedo, de las que a veces vale más que mil orejas, mientras le seguían lloviendo improperios al usía. Le pidieron recorrer otra vez el anillo en señal de triunfo.

Por ello se fueron más contra el juez cuando otorgó el segundo trofeo a Colombo, quien dejó media estocada que, para la autoridad, pareció suficiente y digna de premio. Dos situaciones medidas con varas distintas.

La corrida de banderilleros permitió ver a los tres matadores compartir el tercio de palos en cada toro. Lucidez en grande, sin duda, con clase, atrevimiento y las facultades que se requieren para clavar los garapullos. En cuanto a la lidia del español Antonio Ferrera, se le pudo ver poco.

Antes de los toreros de a pie, a Cuauhtémoc Ayala se le fue vivo el primero de la tarde, un toro de buen recorrido. El yucateco se las vio feas en la suerte suprema.

Buena tarde en varios puntos. Varios buenos puyazos, uno del varilarguero de asa Alejandro Sosa, otro muy notable de Martín Vázquez.

Y la afición, por sobre todo: tres cuartos de entrada, con el público aguantando vara a pesar de la llovizna que cayó varias veces.

Tras esta corrida, todos hablarán del desaire del juez con Lagravere, y, quizá en menor grado, del nuevo triunfo de Colombo en Mérida. La bronca será difícil de olvidar.— Gaspar Silveira

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