Italia quedó fuera de la Copa del Mundo el pasado martes tras perder en penales ante Bosnia-Herzegovina, selección ubicada en el puesto 66 del ranking mundial.
El resultado impidió su regreso y confirmó su tercera ausencia consecutiva, luego de caer también en el repechaje rumbo a Rusia 2018, frente a Suecia y en el de Qatar 2022, ante Macedonia del Norte.
Sin referentes de élite
El equipo actual dista del que conquistó el título en 2006 con figuras como Alessandro Del Piero, Francesco Totti y Andrea Pirlo.
En la vigente plantilla, el mediocampista Sandro Tonali figura como el elemento de mayor valor tras su fichaje con Newcastle y el arquero Gianluigi Donnarumma aparece entre los pocos jugadores de clase mundial.
El declive de la Serie A
La liga italiana perdió protagonismo respecto a décadas anteriores, cuando era considerada la mejor del mundo en las décadas de 1980 y 1990 y reunía a figuras en plenitud como Diego Armando Maradona, Marco van Basten y Ruud Gullit. En ese contexto, Kaká ganó el Balón de Oro en 2007 con el Milán, último caso de un jugador de esa liga en lograrlo.
Actualmente, jugadores veteranos como Luka Modric (40 años) y Jamie Vardy (39) llegan en la etapa final de sus trayectorias.
La reducción de talento internacional ha impactado el nivel competitivo.
El Juventus dejó de dominar tras no ganar la Serie A desde 2020, mientras que el Milán no aportó jugadores para este repechaje. Esta situación repercute directamente en el rendimiento de la selección.
Crece la competencia
El fútbol enfrenta competencia en Italia por el crecimiento de otras disciplinas.
El tenis, impulsado por Jannik Sinner (número dos del mundo), ha ganado popularidad entre jóvenes.
También se destacan los resultados en la Fórmula 1 con Kimi Antonelli y en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina.
Falta de apoyo
A diferencia de los clubes, que cuentan con grupos organizados de aficionados, la selección italiana carece de respaldo constante.
El equipo nacional no genera el mismo entusiasmo salvo en fases finales.
Gennaro Gattuso, técnico de la Azzurra, optó por jugar su primer partido de este repechaje, ante Irlanda del Norte, en la ciudad de Bérgamo, en un estadio con menor capacidad, en lugar de San Siro (Milán), tras detectar silbidos entre seguidores de distintos clubes.
“Al primer pase errado empiezas a escuchar los silbidos”, expresó el técnico.
Infraestructura
La falta de instalaciones propias limita los ingresos y reduce la capacidad para competir con ligas más fuertes de Europa, lo que afecta tanto a los clubes como a la misma selección.
El Milán y el Inter adquirieron recientemente el Estadio San Siro con planes de construir un nuevo recinto rumbo a la Eurocopa que recibirá Italia en 2032.
Por su parte, el Roma sigue en proceso de permisos para construir su propio estadio y dejar el Olímpico, aunque ya se ha tardado unos años.
Implosión dirigencial
La derrota ante Bosnia provocó renuncias en la estructura del fútbol italiano.
El histórico guardameta Gianluigi Buffon dejó su cargo como jefe de delegación.
“Presentar mi renuncia un minuto después del final del partido fue un acto urgente, que me salía de lo más profundo”, manifestó.
Añadió que, “ahora que el presidente Gravina decidió dar un paso al costado me siento libre de hacer lo que considero un acto de responsabilidad”, agregó.
El presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Gabriele Gravina, presentó su dimisión ayer (dos días después de la tragedia).
La salida de Gattuso sería cuestión de tiempo.— AP
