Los homenajes, siempre mejor en vida. Así que los que se puedan hacerle a la persona de Miguel Canto valen más ahora que el legendario peso mosca pelea para seguir adelante en el mundo terrenal.

Pero para esta segunda de tres entregas en los “Domingos Especiales en yucatan.com.mx”, también pretendemos hacer un reconocimiento a otros personajes que ya no están, pero que fueron los encargados de relatar, para los lectores del Diario, lo acontecido ante una épica entrada en el Parque Carta Clara.

Dicen que las grandes obras, como en el caso de Canto, peleas de campeonato mundial, tienen que ser contadas, y bien contadas, y eso ocurrió con lo vivido la noche del 15 de mayo de 1976, cuando “El Maestro” superó muchas adversidades de un rival marrullero como fue el japonés Susumu Hanagata, quien metió la cabeza y los codos hasta el cansancio y cortó las cejas del mexicano. Desde la pluma de Juan Brea y la lente de Isidro Ávila, llenaron dos páginas, cuando había que teclear en las legendarias máquinas de escribir, uno, y revelar película en el cuarto oscuro, el otro. Felipe Escalante Ruz, nombre de pila de Juan Brea, e Isidro Ávila Villacís, fueron los que relataron, con crónicas y una decena de imágenes. ¿A qué hora habrán terminado de armar esa doble plana para la edición del domingo 16? No sabemos, pero sí podemos ver que fue un trabajo titánico.

Y volviendo al meollo del asunto, el boxeo: Canto venció por clara decisión unánime a Hanagata. Lo abrumó. Explica Juan Brea: “La decisión unánime fue fruto de los siguientes veredictos: el árbitro Ray Solís, 148-140; el juez Dr. Gonzalo Romero Campos, 149-139, y su colega Guillermo Bauzá Romero, 150-137. Para nosotros, la tarja fue de 149-137, tocándole al nipón sólo el decimotercero, cuando el pequeño maestro sorteaba contratiempos por sus heridas”.

Presa inalcanzable

La intención de estas entregas es mostrar lo grande que fue la esgrima de Canto, la forma en que, con el bending magistral, era imposible de ser alcanzado. Así en la primera parte, cuando hablamos del nocaut a Jiro Takada en 1975.

En la pelea de mayo de 1976, esa fue la razón por la que Hanagata, hastiado de intentar y no lograr sus objetivos, terminó metiendo la cabeza una y otra vez, y en el riesgo para ambos, los dos terminaron con cortes en el rostro. Muy dañados.

Las fotos de Isidro Ávila muestran al mexicano haciendo gala de sus recursos boxísticos para dejar sacado de sí al aspirante oriental. Echando el cuerpo para atrás, esquivando mientras giraba de cintura para abajo. El oriental tiraba y Canto bloqueaba con brazos, o simplemente, se iba en banda Hanagata. Las fotos así lo muestran. Insistimos: arte de Canto, y precisión de nuestro desaparecido maestro de la lente.

Tomamos estos apartados de la crónica de Juan Brea que dan cuenta de lo que Canto vivió esa noche:

“En efecto, después de que Miguelito vapuleó metódicamente al oriental durante los diez primeros episodios, un cabezazo del retador le produjo peligrosa lesión en la ceja derecha, lo que hizo concebir esperanzas al aspirante de darle la vuelta a la torta, aunque fuese a la malagueña. En el decimotercero, un codazo del asiático complicó las cosas, pues le abrió al local otra herida, en el pómulo izquierdo, con nueva efusión de líquido escarlata.

Naturalmente, Canto tomó sus precauciones y su ritmo de pelea perdió celeridad. Se cernía la amenaza de una detención del pleito, con imprevisibles resultados.

Mas el campeón exhibió su grandeza. Presionó en los dos últimos giros y con certeras izquierdas arriba y un recto derecho que había conservado escondido en un baúl hasta entonces pusieron al ojos de alcancía en la calle de la amargura. Miguel estaba incontenible, como un alza de precios. Sus descargas pusieron mal al visitante, le hicieron trastabillar y quedar al borde del costalazo. Los dos últimos asaltos fueron de alarido, con Miguel Canto hecho un jabato y convirtieron en pompa de jabón las ilusiones del japonés ante las heridas del maestrito de la Industrial”.

Fue inobjetable el éxito de Canto en esta su cuarta defensa del campeonato del mundo de los moscas. Hanagata no pudo ni tuvo recursos para poder hacerle bajar del trono.

El título grande de la primera página de Deportes dice lo ocurrido, entre la lección del yucateco y lo duro del rival: “Canto supera dos crisis y vapulea al japonés”.

Lo dicho: el 15 de mayo de 1976, tradicional “Día del Maestro” en México, fue una jornada de magisterio de Miguel Canto sobre el ring del Parque Carta Clara, y de Juan Brea e Isidro Ávila, desde la Redacción del Diario, contando la hazaña del más grande peso mosca de la historia.— Gaspar Silveira