La mejor versión de Sebastián Castella se topó con un toro de bandera. Y lo hecho por el francés ante “Cantaor”, de Victoriano del Río, era para Puerta Grande y tal vez indulto, pero…

Castella se perdió la salida en hombros tras malograr con el acero una gran faena a un extraordinario toro premiado con la vuelta al ruedo. El torero de Beziers recogió una clamorosa ovación mientras recorría el anillo, luego de una de las mejores obras, entre arte, valor y sapiencia, en la presente Feria de San Isidro.

Emilio de Justo saludó ovación con el segundo de la tarde y Tomás Rufo fue silenciado en sus labores.

Ante una nueva tarde con cartel de “no hay billetes” colgado en las taquillas de la Plaza de Las Ventas, Castella cuajó de principio a fin a un grandioso “Cantaor”. Un torrente de bravura, de enorme transmisión, que permitió a Castella mostrar su mejor versión con un público entregado desde el ajustado inicio en los medios cambiándose la muleta por la espalda, que fue impresionante. Mucho mando tuvo la labor del francés, que lo llevó cosido por ambos pitones en cuajadas tandas de mano baja y ligados remates.

Lo mejor llegó al natural ante una embestida rebosante de humillación y profundidad. El final por bernardinas fue el culmen a una nueva gran faena de Castella en Madrid.

La espada y el descabello se llevaron, lamentablemente, el doble trofeo que con justicia merecía. Vuelta al ruedo para el toro y el torero, que no pudo evitar las lágrimas.

De Justo dejó lo mejor con el segundo, primero de su lote. Intentó cuidarlo en los primeros compases de la faena, consiguiendo lo mejor con la diestra. Cuando lo apretó, la labor fue a menos. Finalizó por manoletinas y media estocada. Saludó una ovación que supo a poco.

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