El balón del Mundial 2026, el Adidas Trionda, es el más sofisticado creado hasta la fecha, un recuerdo inaccesible para los aficionados
El balón del Mundial 2026, el Adidas Trionda, es el más sofisticado creado hasta la fecha, un recuerdo inaccesible para los aficionados

Los balones del Mundial se han convertido en estrellas por derecho propio durante el torneo.

La pelota ha acaparado titulares por la tecnología que incorpora y también ha despertado preguntas entre los aficionados. Una de las más frecuentes es: ¿por qué se espera que siempre sea devuelta de inmediato al campo? Es una inquietud más motivada por la curiosidad que por un verdadero reclamo de cambio.

La emoción de atrapar un balón de partido dura poco para quienes asisten al Mundial, ya que, según la política de la FIFA, miembros del personal esperan junto al terreno de juego, listos para que los aficionados lo lancen de regreso.

Algunos intentan tomarse una selfie rápida con el balón si tienen la suerte de ponerle las manos encima. Un balón de partido sería, sin duda, un recuerdo codiciado, especialmente para quienes han gastado miles de dólares en vuelos, hoteles y entradas en localidades privilegiadas.

“Quiero decir, con la cantidad de dinero que gasté, definitivamente debería poder quedarme un balón de fútbol cuando lo atrapo en el estadio”, comentó el aficionado inglés Jack Goodwin. “Estaba ahorrando para una casa y me gasté todo el depósito trayéndonos a mí y a mi papá desde Londres”.

Es una tradición para los aficionados a los deportes en Estados Unidos: si atrapas una pelota de béisbol durante un partido, te quedas con un recuerdo para toda la vida. Mejor aún si proviene de un juego de postemporada o de un momento histórico para un bateador.

En el fútbol, no ocurre lo mismo.

“No lo sabemos, y no nos importa”, manifestó un aficionado del Congo cuando le preguntaron si sabía por qué los espectadores no podían quedarse con un balón pateado a las gradas. “No vinimos aquí por un premio, vinimos aquí a ver a nuestro país”.

Los aficionados al béisbol se trepan unos sobre otros y saltan por encima de los asientos para atrapar las pelotas que llegan a las gradas. La mayoría de los aficionados al fútbol, en cambio, no tiene problema en devolver el balón.

Encontrar una explicación definitiva de por qué la política de la FIFA es tan estricta no resulta sencillo. El organismo no respondió a los correos electrónicos en los que se solicitaron comentarios para esta historia. Sin embargo, las teorías van desde la tradición y las consideraciones económicas hasta la tecnología del balón y la necesidad de mantener el ritmo del juego.

“No creo que haya existido alguna vez una política que permitiera quedarse con el balón, que, a diferencia de una pelota de béisbol, es un equipo bastante caro”, señaló el historiador del fútbol Charles Cutton.

“En el pasado no era inusual que hubiera un solo balón para todo el partido. Eso era todo. Si iba a las gradas, había que recuperarlo o devolverlo para que el juego pudiera continuar. Ahora los tienen distribuidos por todo el campo”.

Opciones

Los aficionados pueden comprar balones oficiales de la FIFA a vendedores autorizados o en puestos temporales por entre 60 y 180 dólares. No está claro cuánto paga el organismo rector del fútbol por los balones utilizados en los partidos, aunque parecería que, cualquiera que sea el costo, la FIFA podría disponer de algunos más para garantizar que un encuentro no se interrumpa si uno termina en las gradas y un aficionado decide conservarlo.

Pero mientras los aficionados las Grandes Ligas finalmente ganaron el derecho a quedarse con las pelotas bateadas a las tribunas, el fútbol se ha mantenido firme en su política de recuperar cada balón. La evolución tecnológica del esférico solo ha reforzado el interés de la FIFA por recuperarlos.

El balón del Mundial de este año, el Adidas Trionda, es el más sofisticado hasta la fecha.

Quedaron atrás los días de los balones de cuero cosidos a mano y de 32 paneles.

“Han evolucionado de materiales naturales como el cuero a materiales poliméricos”, explicó el profesor Jud Ready, del Instituto Tecnológico de Georgia (Georgia Tech). “Eso se hace por un par de razones. Primero, por el costo, pero también por el rendimiento, porque el poliuretano no absorbe humedad como el cuero”.

El Trionda es un balón de poliuretano de cuatro paneles prensados térmicamente, pero quizá su característica más importante está en el interior, donde un sensor de movimiento de 500 Hz envía datos en tiempo real al sistema del árbitro asistente de vídeo para ayudar a los oficiales en decisiones, incluida la siempre controvertida sanción por fuera de juego.

Los datos en tiempo real también llegan a los árbitros para determinar si el balón cruzó por completo la línea de gol.

“Los balones del Mundial tienen transmisores de radiofrecuencia en su interior que funcionan básicamente como un GPS, además de acelerómetros para medir la fuerza con la que son golpeados”, indicó Ready.

El colega de Ready, el profesor Manos Tentzeris, explicó que el sensor funciona con una precisión del 99.99 %. Combinado con cámaras, puede identificar la ubicación exacta de cualquier objeto en el campo, hasta la punta de un zapato, lo que puede bastar para determinar si un jugador está en posición de fuera de juego.

Esa tecnología, sin embargo, pierde gran parte de su utilidad fuera del estadio. Ready señaló que el balón depende de la infraestructura instalada en cada sede para comunicarse con los oficiales, lo que hace que sus componentes electrónicos sean prácticamente inutilizables lejos de un escenario del Mundial.

Además, los balones deben cargarse antes de cada partido mediante un sistema inalámbrico similar al utilizado para recargar un reloj inteligente.

Como se trata de un proceso complejo y de una pieza tecnológica de alto valor, parece poco probable que un balón de partido llegue a convertirse en un recuerdo para un aficionado. Pero, en el fútbol, nunca se puede decir nunca.— AP

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