Amigos aficionados…
Cerrando el tema de la semana pasada sobre la importancia de la bravura del toro como eje central de la fiesta brava, quizá ese sea el pero a ponerle entre la tauromaquia del pasado y la de la actualidad.
Las figuras, antaño, se anunciaban con cualquier ganadería. Basta recordar que a Manolete le mató uno de Miura, y a Paquirri, uno de Salayero y Badres. A Iván Fandiño, uno de Baltasar Ibán, que llegó a ser un clásico de las grandes ferias, pero que ahora nadie quiere torear. Eso es una pena.
Las estrellas de ahora repiten y repiten: Garcigrande, Victoriano del Río, Domingo Hernández, Cuvillo. Son los mismos hierros para las figuras. Tienen peligro, sí, pero están hechos a modo de torearlos con comodidad.
En ruedos de México pasaba igual: ¡Cuántas tardes en Insurgentes, por ejemplo, con fracasos con los de Teófilo Gómez, Fernando de la Mora, exigidas por los toreros para los carteles caros, cuando el aficionado quiere ver, entre otros, a Piedras Negras, Zacatepec, Rancho Seco. En España, ver a los de Adolfo Martín, José Escolar, Miura, Partido de Resina, siempre será grande.
