Cuarenta años después del error maldito de Bill Buckner, un muy notable primera base, se presenta un yerro de otro inicialista que, aunque joven, va llevando un paso sobresaliente en las Grandes Ligas: Jonathan Aranda, mexicano.

Lo único malo, o lo que es peor, es que ambas pifias fueron en partidos de Serie Mundial, en momentos clave. Pero esto de los errores es algo normal en un deporte y en la vida.

Quizá eso le faltó entender a Junior Caminero, compañero de Aranda con las Rayas de Tampa Bay.

Caminero no se dirigió propiamente a Aranda al decir que “tenemos que hacer los outs. La rutina la tenemos que hacer obligatoriamente. Aquí no se pueden cometer errores porque ellos la ganan y nos dan rápido”. Pero lo dijo tras un Juego 2 en que las Rayas habían perdido por errores del mexicano y del jardinero Chandler Simpson, al que sí le reclamó airadamente en el dogaut (la tele lo mostró). Dicen los que saben que esa actitud de Caminero fue lo que estropeó la armonía del vestidor, y la razón por la que Aranda comió banca en el Juego 3.

Ciertamente, esos errores dieron vida a Milwaukee y hundieron a Tampa. Fueron clave, pero tú no debes echar tierra a tus compañeros, menos si te está yendo mal, o no bien. Caminero fue un monstruo ofensivo en el rol regular, en el que Aranda tuvo una muy notable aportación, pero en la postemporada ha sido uno más. En la Serie Mundial Jonathan bateaba bien antes de ser banqueado y lo metieron cuando perdían 10-0. ¿Quién responde estando así? Caminero no ha hecho casi nada en el Clásico.

Y volviendo al error de Buckner (25 de octubre de 1986), cuatro décadas atrás, fue catastrófico para los Medias Rojas, que se desplomaron y perdieron la Serie Mundial al día siguiente ante los Mets. La historia lo recuerda cada año, pero sus compañeros nunca le hicieron una crítica.

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