Amigos aficionados…

Repasaba varios vídeos de toreros de años pasados y tal vez uno de los diestros que mayor impacto ha causado es Antonio Chenel “Antoñete”, el del mechón. Otros, Paco Camino y Curro Romero.

Puede que Chenel no haya alcanzado el runrún que tuvieron el “Niño Sabio” o el “Faraón”, ambos de Camas, pero el de Madrid tuvo un impacto que dejó huella. Y eso vale mucho.

Una de las faenas que más se recuerdan en la historia fue de Antoñete, con el famoso toro blando de Osborne, “Atrevido”, que quedó inmortalizado en el ruedo de Las Ventas el día de San Isidro de 1966 (15 de mayo).

En la red, escribió Horacio Reiba en altoromexico.com el siguiente párrafo de un interesante texto por los 50 años del acontecimiento.

“Es posible que hayan discurrido ante la cátedra madrileña obras o hechos más relevantes, pero transcurrido más de medio siglo, ninguno se acerca a la gesta estética de aquel domingo 15 de mayo de 1966, cartel discreto, tarde calurosa, corrida televisada, el generalísimo Franco con invitados y lugartenientes en el palco real y, en toriles, un encierro que la crítica había calificado de terciado. Aunque tal reclamo lo opacaba aquel toro ‘blanco’ –en realidad berrendo alunarado, caribello, capuchino, botinero de las cuatro extremidades y algo brocho de cuerna”.

Antoñete no quería que le tocara en suerte, pero le correspondió. Chenel dijo años más tarde: “Ese toro se hizo pronto famoso y yo no quería, por nada del mundo, que me tocara. Porque en casos así la gente se pone a favor de estos animales y el torero la tiene a la contra”. Pero con él, formó una pareja de lío y es parte de la historia.

Hasta Morante de la Puebla, en su falsa despedida de 2025, quiso tener su toro blanco en Madrid. Camino y Romero fueron genios, y podrá haber desacuerdo con este texto, pero no tuvieron a su “Atrevido”.

Gaspar Silveira Malaver

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