No siempre el deporte termina haciendo justicia al mejor equipo de una larga temporada con el campeonato.
El béisbol, esta vez, sí lo hizo con los Cerveceros de Milwaukee.
Verdugos del equipo con la nómina más alta de la historia en la fase previa, los Cerveceros también batieron a una de las novenas que mejor jugó en toda la larga temporada, venciendo 4-1 a las Rayas de Tampa Bay en el Juego 5 y conquistando el primer título de Serie Mundial de su historia.
Cuarenta y cuatro años después de su primer viaje al Clásico de Otoño, Milwaukee pudo lograr lo que Robin Yount y Paul Molitor, con su mánager de una prótesis para caminar (Harvey Kuen), se quedaron cerca en 1982.
Jacob Misiorowski, el lanzador de pedradas de 105 millas por hora, trabajó con eficiencia poco más de cinco entradas y luego el muy eficiente bullpen se encargó del resto, en una noche tan dominante como la del Juego 3, cuando, con las Rayas rompiendo la armonía de su vestidor, prácticamente entregaron la Serie Mundial.
Nada fue igual para el equipo que presumió al barrer a los Yanquis. En casa, dejaron de ser lo que fueron todo el año, en parte por la arrogancia de peloteros como Junior Caminero, clave al reclamar a sus compañeros por cometer errores. Caminero bateó .250 en la postemporada y quizá por sus quejas que sentaron al mexicano Jonathan Aranda cuando el de Tijuana era el mejor bateador del equipo en la Serie Mundial. Kevin Cash manejó a la perfección a su equipo hasta ese momento, pero… Aranda bateó de 7-4 en los primeros dos juegos, y lo banqueó, y, al regresar, tuvo 11 turnos seguidos sin dar de hit. Eso pesó.
Y no puedes dar concesiones así a los Cerveceros, que juegan por nota dirigidos en el dogaut por Pat Murphy y en el campo por William Contreras, con justicia el “MVP” del Clásico. Aunque perdieron el Juego 4, cuando la champaña ya estaba a sus puertas, los del lúpulo brillaron con Misioroswki en la loma y Cooper Pratt produciendo dos carreras para alzar su primer banderín grande.— Gaspar Silveira




