Adiós al año viejo

FREDDY ESPADAS SOSA (*)

Termina el año 2017 con un clima de creciente efervescencia política, derivada del proceso de renovación de los poderes públicos en los ámbitos federal y estatal.

En Yucatán ya hay por lo menos tres precandidatos a la gubernatura —Mauricio Sahuí Rivero por el PRI, Mauricio Vila Dosal por el PAN y Rogerio Castro Vázquez por Morena—, y por estos días el precandidato presidencial de la coalición Morena-PT-PES, Andrés Manuel López Obrador, realiza una intensa gira proselitista por varios municipios del interior del estado.

La crisis económica y social que agobia al país se ha agravado inconmensurablemente por una crisis moral de grandes dimensiones, motivada por la cadena interminable de actos de corrupción cometidos en las más altas esferas del poder, los cuales seguramente quedarán amparados en la más deleznable e insultante impunidad.

El presunto desvío de 250 millones de pesos de Hacienda federal desde 2015, a fin de favorecer las campañas electorales del PRI en varios estados de la República, así como el dispendio de 2 mil millones de dólares del Ejecutivo federal en gastos de publicidad, con el objeto de que los medios de comunicación le fabriquen día tras día una imagen favorable al régimen peñanietista, constituyen hechos irrebatibles que ilustran hasta la saciedad la carencia de principios éticos en los diversos ámbitos de la función pública.

Por supuesto, frente a la crisis que azota a la nación y ante los desmanes y abusos sin límites de la clase política, a la inmensa mayoría de los ciudadanos les embarga una singular mezcla de hartazgo, azoro, indignación, impotencia, rabia e incredulidad.

Sin embargo, ante la situación prevaleciente comienzan a soplar intensos vientos de esperanza en el ánimo de los ciudadanos, pues la inmensa mayoría de éstos quiere que haya una transformación profunda a un estado de cosas insostenible que violenta sus derechos elementales, los excluye de las decisiones fundamentales y, por añadidura, los empobrece cada vez más.

Reza el dicho popular que “la esperanza es lo último que muere”, pero en lo personal creo que la esperanza es algo que no puede morir nunca, porque es la fuerza que alimenta las utopías por las que secularmente ha luchado la humanidad en sus ingentes esfuerzos por construir sociedades más justas, más solidarias y menos desiguales.

Así pues, en los duros escenarios políticos que se avecinan, en los que se pondrá en juego nada menos que el futuro de los mexicanos y de las generaciones emergentes, es preciso que la esperanza y la utopía vayan tomadas de la mano para que, de manera activa y participativa, los ciudadanos podamos hacerle frente a quienes pretenden que todo siga igual o que se hagan cambios cosméticos, con tal de preservar un modelo de desarrollo que sólo beneficia a una exigua minoría de privilegiados.

Una cosa sí nos debe quedar muy claro: lo peor que podemos hacer los mexicanos es ceder a los chantajes, amenazas y mentiras de los gobernantes en turno y sus bien pagados ideólogos; sería verdaderamente tráfico que, asustados por el miedo al cambio que día tras día nos inoculan con nuestros propios recursos, finalmente optemos por seguir con el mismo régimen político y económico al servicio de una oligarquía insaciable y rapaz.

En resumen, en 2018 todos los ciudadanos, abrigados por el suave calor de la esperanza e inspirados legítimamente en los proyectos utópicos que han impulsado las grandes transformaciones sociales, tenemos una cita irrenunciable con la historia. El momento cumbre será el ejercicio de un sufragio libre, consciente, informado y entusiasta en la soledad de la urna el próximo primero de julio.

A los amables lectores les agradezco infinitamente su interés por las colaboraciones publicadas generosamente por Diario de Yucatán durante el año que agoniza. Les deseo un Año Nuevo 2018 lleno de esperanza y de espíritu transformador. ¡Muchas felicidades a todos!— Mérida, Yucatán

canek_1999@yahoo.com.mx

 Profesor-investigador titular “C” de T.C. Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, de Mérida, Yucatán

 

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