Filiberto Pinelo Sansores

Decisión ciudadana

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Es en el día a día que los mexicanos pueden valorar la gestión del gobierno de un país, estado o municipio. Los candidatos, sobre todo, los que representan partidos que tienen en sus manos el poder, dicen cosas bonitas acerca de lo que ellos —como servidores públicos— o los gobernadores, alcaldes y legisladores surgidos de sus correspondientes opciones partidarias, han hecho para mejorar las condiciones de vida de la sociedad.

Estos políticos lo hacen, pero en términos engañosos que tienen como fin crear en quienes los escuchan —o leen— la imagen de un paraíso generalizado que no concuerda con la realidad. No dejan de pregonar que se han creado miles o millones de empleos —según el orden de gobierno—; hospitales a granel o servicios públicos modernos. Sin embargo, los empleos son de bajísimos salarios y los hospitales y servicios no son lo que se esperaba.

La señora que se queja del trato deshumanizado que reciben en el servicio del transporte urbano las personas de la tercera edad —un servicio regulado por una dependencia estatal—, a las que, además, se obliga a hacer fatigosos trámites cada año para obtener una mica que les permite un descuento en la onerosa tarifa que los demás pagan (D. de Y., 14-01-17); los padres de familia que denuncian con frecuencia que tienen que pagar altas cuotas en sus escuelas para el funcionamiento de las mismas —supliendo obligaciones que el estado no cumple—; los derechohabientes de las instituciones de salud que pasan horas para ser atendidos y cuando esto ocurre no les dan las medicinas que ahí les recetan, son sólo algunos ejemplos de cómo lo que aquellos dicen diverge de la realidad.

Los servicios de las instituciones de salud, por cierto, se han deteriorado en sumo grado. Mientras por un lado sus directores hacen cuentas alegres sobre mejoras en sus finanzas y maravillas en la adquisición de fármacos tratando de hacer creer que ahora sí funcionan bien, por otro, sus derechohabientes reprueban públicamente la forma como lo hacen. Quienes son nombrados para conducirlas, las usan como cajas chicas para promover su imagen y mantener equipos permanentes de campaña. El del Seguro, Mikel Arriola, ahora es candidato a jefe de Gobierno de Ciudad de México y el otro, José Reyes Baeza, que antes fue gobernador de Chihuahua, ahora será postulado senador.

No existe un solo espacio en la vida pública de México que no hubiera recibido la impronta negativa de quienes dentro de este régimen prianista —en que la alternancia de dos partidos en el timón nacional no significó cambio alguno— han conducido al país. Las reformas estructurales que impusieron representan la síntesis del programa económico, político y social que las une. Quienes las aprobaron —reunidas todas en una confabulación contraria al interés nacional a la que denominaron Pacto por México— no quieren ahora hacerse cargo del fruto de su funesta obra. En gran medida, gracias a ellas, México está metido en el callejón sin salida de los gasolinazos, el estancamiento económico, la inflación, la carestía, la precarización del empleo y la disminución de los mejor pagados. Esto y más es solo fruto de su maquinación.

Es por eso que a pesar de la desbordada publicidad de quienes gobiernan sobre lo que supuestamente han hecho por el bienestar público, el número de los desengañados aumenta cada día. Se entiende, porque cuando se comparan los altísimos sueldos y desmesuradas prestaciones que a sí mismos se asignan los altos funcionarios y a las cuadrillas de sus equipos, con los resultados que arroja su trabajo, la conclusión es clara: nos salen a deber, y en exceso, por lo que se han llevado y al mismo tiempo por lo que no han hecho. La conclusión es que el poder está en manos de una camarilla parasitaria a la que urge remover.

Quienes están en el poder no sufren. Viven en un mundo aparte. En una torre de marfil que los preserva de las desgracias que los mortales de abajo vivimos. Ellos aumentan día a día sus cuentas bancarias, viven de desayuno en desayuno y de almuerzo en almuerzo en restaurantes de lujo, donde la prensa los suele encontrar; si se enferman o enferma la esposa, el hijo u otro familiar, no van o los llevan al Issste o al Seguro, sino a las mejores clínicas privadas porque tienen seguros de gastos médicos mayores, a costa de los impuestos que pagamos.

El descontento es generalizado. Millones han comprendido que durante años han sido engañados y se disponen a hacerse justicia en propia mano. ¿Cómo? Usando la papeleta que le será entregada en la casilla el domingo 1 de julio para poner un voto contrario al sistema que, junto con los de otros millones de ciudadanos, sepulte por vía pacífica el sistema político que ha privado en el país desde 1940 hasta la fecha, que en cada sexenio se ha hecho peor y que nos ha llevado al punto del deterioro en que estamos.

Lo anterior explica por qué la opción representada por Andrés Manuel López Obrador, el candidato de Morena, ha ganado fuerza entre los electores. Cada vez más ciudadanos reflexionan acerca de la necesidad de cambiar la manera como ha funcionado el país, sobre todo en los últimos 35 años, pues no ha habido diferencia en la forma de conducirlo, entre las cuatro administraciones priistas y las dos panistas que se han alternado en su dirección. Sin necesidad de la consabida torta y el tradicional juguito o dinero a acarreados para ser escenografía, miles de ciudadanos, por propia voluntad acuden a sus actos a escucharlo y a mostrarle su adhesión.

Estamos en tiempos de precampañas. Falta mucho aún para saber si la guerra sucia contra él, que ya se ha desatado, le hará mella. Pero ante lo que sus adversarios representan, hoy por hoy camina en caballo de hacienda rumbo a la primera magistratura de nuestro país.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

No existe un solo espacio en la vida pública de México que no hubiera recibido la impronta negativa de quienes dentro de este régimen prianista han conducido a nuestro país…