Comportamiento
Licinio Moreira (*)
Comparto contigo la pregunta que me hace un buen amigo: ¿Por qué ninguno de tus hijos se convirtió en alto ejecutivo de una gran empresa, siguiendo el modelo de tu propio éxito?
Mi respuesta fue muy simple: “La mera verdad no tengo la mínima idea. Inmediatamente después empecé una conversación filosófica conmigo mismo. Pero en esto no encuentro una respuesta convincente y adentro a un poco de investigación sobre el tema. Aquí van mis conclusiones, que son una mezcla de la experiencia personal y lo que hemos encontrado googleando.
La respuesta que esperaba mi amigo, por el contexto de nuestra conversación, es que mis hijos, al ver mi modelo de vida familiar, con alta dedicación a la dimensión profesional, han preferido dedicar mas tiempo a sus familias y vivir una vida más feliz o intensa.
Aparentemente, sería una respuesta plausible, pero mi amigo se olvidó de que la admiración de la pareja, los hijos y personas cercanas al alto ejecutivo puede ser una motivación suficiente, pero no completa para mover a los descendientes a nuevos niveles profesionales.
La otra respuesta que él estaba esperando podría ser la de que, al ser ejecutivos de alto nivel, muy bien pagados, les hemos facilitado la vida de tal manera que han perdido “la atractividad” a la superación profesional y, de cierta manera, a la superación profesional, y prefieren ser felices cumpliendo funciones de menor reto.
Claro está que estas y otras respuestas similares no llenan, ni en lo mínimo, las expectativas de una respuesta convincente, aunque son muy razonables y lógicas.
Entonces me he planteado responder a mi amigo con otra pregunta: “¿Por qué algunos seres humanos se convierten en altos ejecutivos cuando descienden de simples personas, sin mayor aspiración a puestos de alta responsabilidad?
Insatisfecho con las respuestas tradicionales, pero realmente superficiales y con poco fundamento, tuve que intentar fundamentar la conversación interior en las estadísticas. Ahí te va: la población de altos ejecutivos es de aproximadamente 1% de la población mundial.
O sea, irrelevante en la cantidad, pero que llevan grandes y medianos negocios y nuevos emprendimientos al éxito total.
Si los descendientes de los ejecutivos se hicieran como sus padres en un par de generaciones serían 4 o 5% de la población mundial, y no tendrían dónde ser acomodados o empleados. Entonces, me parece que las estadísticas ofrecen un cierto razonamiento, como era de esperarse, todavía sigo buscando la respuesta más correcta.
Traté de explorar el plan emocional, pero hemos encontrado que solo 15% de los líderes son emocionalmente desarrollados, lo cual puede establecer una limitación para que las siguientes generaciones se vean beneficiadas o atraídas a seguir los pasos de sus progenitores. ¿Te parece razonable? Emocionalmente nos comportamos muy similar en todas las dimensiones de nuestras vidas, aunque con algunos matices específicos dependiendo de los intereses en juego.
Normalmente, los grandes líderes son altamente determinados, o sea, extremadamente exigentes con la planeación y ejecución de los planes y actividades de los negocios. Por otro lado, muchos tienen un déficit en convencer con argumentos a sus interlocutores, su nivel de influencia es bajo. Y rompen las reglas preestablecidas con mucha facilidad, lo cual deja a los descendientes algo confusos y con la sensación de que “todo lo que hago, nunca le satisface a ese Señor”. O sea, generamos en la casa y en la oficina la necesidad constante de “salir de la zona de confort”, lo cual es muy demandante. En el negocio va bien, pero en la familia, quien sabe.
En el cuadro emocional sería demasiado pedir que las generaciones siguientes, viendo cómo son sus padres o abuelos, que se sientan atraídas y realizadas con la idea de ser ejecutivos de alto nivel. “Ser como mi papá, jamás”.
Aunque siento que me acercaba a la respuesta más inclusiva de todos los aspectos, esto todavía dejó “tinta en el tintero”. Me quedé con la sensación de que algo faltaba.
Escrutando las cuatro dimensiones del ser humano, que son base de nuestro trabajo de transformación de líderes, o sea: Dimensión Espiritual, Familia, Profesional y “Self” —uno mismo—, me llevó por un rumbo que me satisface como respuesta, y me parece que incluye un poquito de cada una de las ideas exploradas arriba.
Un planteamiento filosófico y antropológico es que “cada ser humano es una experiencia única” e irrepetible. Podemos tener rasgos físicos y valores o vicios adquiridos en familia, pero, en el fondo, somos lo que queremos y debemos ser. O sea, buscamos lo que nos hace felices y realizados.
Entre las características hereditables no están incluidas las necesidades de realización personal, principios y valores, conducta ética, y menos las características del liderazgo, que consideramos son “adquiribles” y pueden y deben ser desarrolladas, de acuerdo con lo que cada uno es interiormente y de acuerdo con la realidad propia de cada persona.
En este sentido, cada uno de mis hijos, y ahora los nietos, para ser auténticos, deben preferir ser ellos mismos y no una réplica de su padre, madre y/o abuelos.
Eso caracterizó mi decisión a su tiempo: mi padre hubiera preferido que fuera sastre, su profesión muy honorable, pero que estaba lejos de ser mi destino soñado. ¿Me entiendes? Y, frente a este cuadro decidí desarrollarme académicamente, con nuevas lenguas, estudio multicultural para comprender las perspectivas de otros seres humanos. Esencial, en mi caso específico, fue hacer la opción de ser un ejecutivo internacional. Esta era mi realidad, era mi momento, adecuado a mis circunstancias y al momento histórico en que me encontraba. Si las condiciones fueran radicalmente diferentes, siento que hubiera buscado por otros caminos, pero terminaría siendo algo similar a lo que fue. Esa es una experiencia irrepetible, y sería demasiado cargar a las siguientes generaciones que fueran lo mismo, abultando su individualidad.
Entre nuestros clientes nos encontramos muy frecuentemente con el fenómeno de las empresas familiares que “obligan” a la descendencia a dar continuidad a su sueño personal, atropellando las aspiraciones individuales y causando, en la mayor parte de los casos, riesgos al negocio e insatisfacción o rebeldía entre los suyos. Medítalo profundamente.— Mérida, Yucatán.
@licinio_moreira
Socio fundador de Uniflexpro, Especialista en Business Process Redesign EQ-i 2.0 Certified Coach, HeartMath Certified Mentor
Podemos tener rasgos físicos y valores o vicios adquiridos en familia, pero, en el fondo, somos lo que queremos y debemos ser
