Acento de Mujer

Lourdes Casares de Félix (*)

Aprovechando la fecha de hoy “Día del amor y la amistad”, hablaré de la brillante película del gran cineasta Guillermo del Toro, “La forma del agua”. Siendo Del Toro un maestro en filmes de terror, rebasa esta característica con un mensaje de amor, inclusión y tolerancia. El horror es desplazado por sentimientos amorosos.

Aunque la historia tiene lugar en los años 60, la discriminación social que está implícita en el guión sigue vigente en la actualidad. La protagonista, Elisa, es muda y es por esa discapacidad que pasa desapercibida e invisible, aparentando gran vulnerabilidad. El problema de incomunicación de Elisa la limita a vivir una vida solitaria.

Su vecino y gran amigo Giles es homosexual, y dadas las circunstancias de la época sufre rechazo y desprecio, condenándolo también a vivir en soledad. La criatura anfibia con rasgos humanos que fue atrapada en aguas del Amazonas es torturada y tratada con crueldad.

Elisa es una chica sensible y rápidamente se siente atraída por la criatura. Su primer acercamiento es por curiosidad y luego por compasión. Ella logra ver más allá del aspecto escamoso del monstruo y seducida por una atracción hacia éste se involucra sentimentalmente. Pronto estos dos seres solitarios y anormales que son rechazados por ser diferentes se unen en un romance mágico que les permite evadirse de la cruel realidad que los desprecia.

Del Toro también incluye el problema de la discriminación racial. Aunque los negros eran libres y la esclavitud había sido abolida, no gozaban de una igualdad de derechos a los ciudadanos de raza blanca de Estados Unidos. Tampoco pasa desapercibida la situación de subordinación que vivía la mujer en los planos laboral y familiar. La doble jornada de las mujeres trabajadoras y la supremacía masculina se hacen evidentes.

Guillermo saca a la luz situaciones de discriminación que se viven al día de hoy y sutilmente invita a empatizar con los y las protagonistas al hacernos sentir su soledad y el desprecio social que padecen. Del Toro no condena, sólo expone y muestra el dolor de las víctimas para que sea el propio espectador el que juzgue, concluya y se solidarice. En el afán de coexistir armoniosamente como iguales, tal y como cita Martin Luther King en su famoso discurso “Yo tengo un sueño”, las historias se entrelazan hermanándose entre sí.

La forma del agua es un filme que llena de esperanza a la humanidad para vencer los prejuicios y lograr un mundo más igualitario. Este fantástico cuento lleno de historias de exclusión sensibiliza sobre el trato marginal que se le da a quienes son diferentes, a quienes no son considerados iguales, a quienes son vistos como inferiores.

Esta historia fantástica está llena de dolorosas realidades. No hay hadas ni príncipes, sólo seres en busca del amor, la aceptación y la amistad que nos dan una lección de solidaridad y ayuda mutua en una búsqueda por la salvación y lucha contra el mal.— Mérida, Yucatán.

acentodemujer@hotmail.com

Escritora

 

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