feminicida de tahdziu

El camino que va de regreso

Alberto López Vadillo (*)

Desde hace algún tiempo trabajo en este centro penitenciario con un grupo de compañeros que iniciaron su formación académica. Les doy clases utilizando el programa del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (Inea). Debo decir que la mayoría apenas sabe leer y escribir, pero son personas que tienen el singular conocimiento que sólo se adquiere en las aulas de la “universidad de la vida”.

Considerando que ya son adultos, el programa del Inea establece que todo lo que se enseñe debe tener una aplicación a la vida cotidiana de los alumnos. Recomienda que cada materia debe impartirse en forma sencilla y coloquial para después analizarla buscando alguna utilidad práctica.

Esta semana nos tocó la materia de Historia de México y estudiamos el suceso que se conoce como “La Decena Trágica”: El golpe militar que tuvo lugar del 9 al 19 de febrero de 1913, con el objetivo de derrocar a Francisco I. Madero de la Presidencia de México y que este año cumplirá su 105 aniversario.

Como nos indica el programa, les conté a los muchachos que esta revuelta se inició encabezada por Bernardo Reyes, un tapatío bigotón fiel a Porfirio Díaz a quien no le gustó la llegada de Madero a la Presidencia. Un día reunió a sus tropas con la intención de tomar el Palacio Nacional. A su llegada al Zócalo los esperaba una línea de tiradores comandados por el general Lauro Villar, encargado de la defensa del Palacio. Después de un intenso tiroteo, los leales a Madero tuvieron 43 bajas y los rebeldes aproximadamente 115, incluyendo al inconforme bigotón. Lo trágico fue que las crónicas de la época informaron de 805 víctimas en total, lo que nos lleva a la conclusión de que los más de 750 muertos restantes fueron civiles que ahí estaban de mirones sin la menor idea de por qué o para qué se peleaba.

Los historiadores oficiales, según su envidiable costumbre, le dieron la vuelta a la tragedia para convertirla en un episodio heroico: pusieron el acento en la proeza de defender el Palacio Nacional y adornaron el asunto con detalles patrióticos eficaces dejando de lado todos los civiles muertos y las absurdas razones del enfrentamiento.

El general Lauro Villar cayó herido, lo que ocasiono que Madero nombrara en su lugar a Victoriano Huerta. Lo demás ya lo conocemos todos. La “Decena trágica” culminó el 22 de febrero con el asesinato del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente Pino Suárez, ordenado por el propio Huerta.

Cuando terminé de explicarles este pasaje de nuestra historia, comenzamos con el análisis y la búsqueda de aplicaciones prácticas. “¿Qué piensan de este hecho?, ¿con que cosas actuales se puede asociar?”, les pregunté.

Las conclusiones que se obtienen de la gente sencilla sobre hechos históricos y su aplicación a nuestra actualidad pueden resultar sorprendentes, ellos tienen una lógica particular que los académicos no suelen tener.

“La Vitola” inició la reflexión con una pregunta: ¿Por qué mataron a Madero si le dio a México un cambio de régimen y logró derrocar al dictador Porfirio Díaz?

Luego de un momento de silencio. “El chino” tomó la pregunta y respondió:

—Pienso que para cambiar al régimen, Madero tuvo que prometer un sin fin de cosas que incluso él sabía que no podría cumplir, dadas las condiciones de las instituciones que en ese momento tenía el país. A pesar de todo, las hizo y el resultado fue que generó una expectativa tan grande, que la sociedad esperaba una transformación espectacular y mágica del país, que además debía ocurrir por el sólo hecho de cambiar de presidente. Desafortunadamente, cuando eso no ocurrió, el desencanto social fue muy rápido y no se tuvo la paciencia ni la constancia para continuar las genuinas y buenas ideas que proponía Madero —dijo con voz grave, cerrando su respuesta.

“El zorrito” buscó una aplicación práctica para este nuevo conocimiento y nos recordó lo sucedido 90 años después, cuando la historia de alguna manera se repitió. Levantó la mano y preguntó:

—Entonces, ¿cuando Vicente Fox fue presidente en el año 2000 le pasó lo mismo que a Madero?, porque también el prometió que haría un montón de cambios si se le ayudaba a “sacar al PRI de los Pinos” y también la gente se creó una expectativa muy grande. Todos esperábamos que llegarían las transformaciones mágicas en el país a partir de cambiar al presidente y al partido gobernante. Pero cuando Fox llegó a la presidencia seguramente descubrió lo mismo que Madero, que un gran porcentaje de las propuestas hechas durante su campaña dependían de personas y circunstancias que él no controlaba.

Emocionado, “la Chilindrina” le robó la palabra al “Zorrito” y continuó:

—Y el resultado ya lo conocemos, la desilusión de la gente fue muy grande y nos quedamos con la sensación de que sólo fue más de lo mismo y lo peor es que se demeritaron los hechos positivos que sí ocurrieron con el cambio del partido gobernante —finalizó.

Don Mario, el mayor de mis “muchachos”, nos regaló la conclusión final:

—Pienso que en estos momentos y según la tendencia de las encuestas, la probabilidad de cambiar el partido en el gobierno es muy alta. Como lo fue en la época de Madero y de Fox. Pero si el ganador no quiere que le pase lo mismo, deberá ser muy cuidadoso con sus propuestas, éstas deben ser concretas y con posibilidades reales de cumplirlas—. Todos estuvimos de acuerdo. Logramos el objetivo de la sesión. Fue una conclusión muy acertada y práctica.

Debo reconocer que usar esta interesante forma de enseñanza para adultos nos permitió tomar un hecho del pasado y aplicarlo al presente para hacer un análisis de lo que hoy nos ocupa a todos como sociedad.

Estimados lectores, durante semanas hemos visto y escuchado a todos los candidatos hacer propuestas innovadoras, aunque algunas se oyen osadas, irresponsables y hasta arrogantes. Todos los candidatos en todos los niveles son gente inteligente que saben perfectamente el alcance y las posibilidades de poderse cumplir, quien presente las propuestas más lógicas y reales de concretar seguramente será quien tenga la atención, respeto y preferencia del electorado

Estoy seguro de que la sociedad aún tiene la sincera esperanza de un futuro mejor a partir de la guía de un líder que le importe el valor de la palabra y que sepa cumplir sus promesas. Que así sea.— Mérida, Yucatán.

editoriales@elcaminoquevaderegreso.com

Psicólogo. Interno del Cereso meridano

 

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