En una jornada marcada por el ambiente familiar, risas infantiles y el bullicio característico de los días festivos, el zoológico del Centenario se convirtió ayer, como ya es costumbre, en uno de los puntos de mayor afluencia de la ciudad, al recibir a cientos de visitantes al terminar las vacaciones de Semana Santa.
Desde temprana hora, locales y turistas arribaron al parque, formando una estampa dominical donde predominaban las familias completas, padres, madres, niños y abuelitos que buscaban aprovechar las últimas horas de descanso antes del retorno a la rutina escolar y laboral.
Sombreros, gorras, termos de agua y abanicos acompañaban a los paseantes, quienes encontraban en la sombra de los árboles un respiro ante las altas temperaturas.
Los senderos del Centenario lucieron concurridos durante toda la jornada. Entre el ir y venir de los visitantes, los más pequeños dirigían con entusiasmo el recorrido, deteniéndose frente a cada ejemplar, con la curiosidad encendida.
Un momento muy ocurrente sucedió cuando los hipopótamos salieron a alimentarse, provocando sorpresa y asombro entre los niños, muchos de ellos boquiabiertos ante la imponente presencia de estos animales que hasta ahora solo conocían por la televisión o internet.
“Mira que enorme está”, “Tiene unas orejitas muy pequeñas para su tamaño”, “Se parece a Gloria de la película de Madagascar”, se oía entre los chiquitos.
Felinos, aves y simios también se robaron la atención del público, en una experiencia que combinó el aprendizaje con el entretenimiento.
Las expresiones de asombro y las preguntas constantes de los menores daban cuenta del interés que despierta la fauna en este tipo de espacios, donde el contacto visual con los animales se convierte en una vivencia memorable.
A la par, el parque ofreció actividades culturales que enriquecieron la visita.
La música se mezclaba con las risas infantiles, mientras un payasito animaba a los asistentes con dinámicas y ocurrencias que congregaban las familias en el foro.
La zona de niños, en particular, se transformó en un punto de efervescencia, gritos de alegría, carcajadas y carreras improvisadas daban forma a un ambiente de sana diversión que reflejaba el espíritu de los meridanos.
La zona de alimentos lució abarrotada durante gran parte del día. Filas constantes se formaban frente a los puestos de botanas, antojitos, dulces y refrescos, donde los visitantes aprovechaban para hacer una pausa y recargar energías. Papas, marquesitas, helados y bebidas frías pasaban en medio de un calor que invitaba a refrescarse constantemente.
Los chorros de las fuentes se convirtieron en un alivio para los más pequeños, quienes, sin dudarlo, corrían entre el agua para mitigar la temperatura. Las risas y los brincos entre las fuentes le daban dinamismo a la escena, mientras los adultos observaban, algunos con teléfonos en mano, capturando los momentos.
El bazar del Ayuntamiento formó parte del recorrido de muchos visitantes. En sus puestos, artesanos locales ofrecían una variedad de artículos que iban desde piezas decorativas hasta accesorios y recuerdos elaborados con técnicas tradicionales.
Colores, texturas y diseños regionales llamaban la atención de turistas y residentes, quienes encontraban en estos espacios una oportunidad para adquirir productos con identidad yucateca.
Pese a la gran afluencia, uno de los atractivos más solicitados fue el tradicional trenecito. La fila para abordar se mantuvo larga durante gran parte del día, pero ello no desanimó a las familias, que aguardaban pacientemente para completar el paseo por el parque, considerado por muchos como una experiencia imperdible.
Entre los visitantes, Aline Guzmán Ramírez de Cuernavaca, Morelos; destacó que su presencia en el Centenario formó parte del cierre de su estancia en la ciudad. “Nuestro vuelo sale en la noche, así que no queríamos dejar pasar la oportunidad de visitar el parque; ya tenemos las maletas listas para irnos de aquí a regresar a nuestro destino, está muy bonito Mérida”, compartió.
La familia Robles Canché acudió con la intención de regalar a sus hijos un día de esparcimiento previo al regreso a clases.
“Sí, pues antes de que entren a la escuela quisimos traerlos a refrescarse hoy; a mis hijos les encanta estarse mojando ahí en las fuentes”, comentó Liliana Robles, madre de tres niños de 7, 5 y 3 años.
Así, el Centenario vivió una jornada que sintetizó el espíritu de las vacaciones con convivencia, descanso y disfrute en familia. Al caer la tarde, el flujo de visitantes comenzó a disminuir, dejando tras de sí la sensación de un día bien aprovechado.
El parque reafirma su lugar como uno de los espacios más emblemáticos y concurridos de Mérida, donde generaciones continúan encontrando un punto de encuentro para la recreación y el asombro, en un entorno accesible, seguro y cercano para todos.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
