¿Frente vivo?

Antonio Salgado Borge (*)

A estas alturas, afirmar que lo más probable es que Andrés Manuel López Obrador termine ganando las elecciones presidenciales de este año es una obviedad. Sin embargo, sería un error suponer que todo está decidido. La hipótesis que mueve este artículo es que este no es el caso: es decir, que contra todo pronóstico y sin haber hecho gran cosa para merecerlo, la coalición “Por México al Frente” podría encontrarse con la posibilidad de ser competitiva.

Para empezar a justificar esta hipótesis, es preciso contar con indicadores concretos. Desde luego, las encuestas serían los indicadores ideales; pero circulan diversas encuestas efectuadas por distintas casas editoriales o empresas especializadas, así como falsas encuestas difundidas en redes sociales con el fin de engañar al público. De semejante revoltijo podemos rescatar la encuesta de “Reforma” (15/02/2018) por tres motivos principales: el primero es la calidad y la independencia de ese medio. El segundo es que en la elección presidencial de hace seis años “Reforma” ofreció, por mucho, la encuesta que más se acercó al resultado final. Mientras que la mayoría de las casas encuestadoras, por los motivos que uno quiera, sugerían que Peña Nieto ganaría por casi 20 puntos de ventaja sobre López Obrador, “Reforma” señalaba que la ventaja del priista era de siete. El tercer y último motivo es que la encuesta de “Reforma” ofrece la que es quizás la radiografía más completa en 2018, y que esta información es comparable con la que la encuesta de salida dada a conocer por este periódico hace seis años (02/06/2012).

Una vez justificada la selección de nuestro input, podemos dar inicio a la mención de datos y justificar la hipótesis que ha generado este análisis. De acuerdo con “Reforma”, si hoy fueran las elecciones Andrés Manuel López Obrador obtendría un 33% de los votos, Ricardo Anaya un 25% y José Antonio Meade un 14%. El 22% de los encuestados no respondió. Sin embargo, cuando se consideran los porcentajes efectivos —sin no respuestas— AMLO queda con 42% de los votos efectivos, Anaya con 32% y Meade con 18%. En cualquier caso, el escenario es claro: el frentista casi duplica los puntos porcentuales del priista, mientras que Morena supera por casi 10 puntos al Frente.

Me parece que hay dos aspectos de esta encuesta que tendrían que subrayarse. El primero es (1) la brecha entre contundencia y fatalidad. Si bien mucho tendría que pasar para que el Frente alcance a Morena, contundencia no equivale necesariamente a fatalidad; este resultado puede ser engañoso: de noviembre de 2017 a la fecha, el candidato del Frente creció en seis puntos porcentuales, mientras que el de Morena lo hizo en dos. El del PRI, José Antonio Meade, cayó tres puntos, mientras que Margarita Zavala —que cada vez convence a menos gente— no sólo no ha sumado, sino que perdió la mitad de sus puntos.

Desde luego que es muy probable que, así como los estrategas del Frente tendrían que estar frotándose las manos para capitalizar este fenómeno, los de Morena probablemente ya estén trabajando en atajarlo. En un sentido, esto explicaría la facilidad con la que ambos han incorporado a cuanto priista se les acerque. Para ser claros, en los próximos meses Morena y el Frente se estarán disputando —o rapiñando— los restos del PRI.

Ante semejante escenario, quienes mandan en el PRI tienen al menos cinco posibilidades: la primera es (a) dejar el barco antes de que se hunda. Es claro que esto ya está ocurriendo en diversos estados de la república, pero es mucho menos obvio que ésta sea una decisión ya tomada desde Los Pinos. Pero el PRI podría (b) insistir en ganar la elección presidencial a través de Meade —esto implicaría pensar que Meade aún puede remontar gracias a una renovada campaña que cambie radicalmente la percepción de los electores— o de Margarita Zavala —a quién habrían apoyado en su proceso de recolección de firmas— como plan secundario. Otra alternativa es (c) buscar el triunfo gracias a una estrategia que incluya maniobras ilegales o inmorales como volcar el aparato del Estado a la caza de opositores y de votantes. Finalmente, el PRI podría (d) pactar con el Frente o con Morena.

Me parece que para pensar que las opciones (a) o (b) son posibles, haría falta una ingenuidad que difícilmente puede ser atribuible a los dirigentes priistas, mientras que la opción (c), a estas alturas, puede quedarse corta. La única opción disponible es, por descarte, la (d). Lo único que queda es mirar de cerca los movimientos de López Obrador y de Ricardo Anaya para evaluar para qué lado empieza a volcarse el aparato priista y qué “opositor” ha dado la espalda a sus seguidores. Desde luego, esto podría beneficiar a cualquiera de los dos; pero lo importante para fines de este análisis es que un eventual apoyo del PRI no es descabellado en ninguno de los casos y que esto podría volver a Anaya aún más competitivo.

El segundo aspecto a subrayar en esta encuesta son (2) los datos de intención de voto por sociodemográficos, o, para simplificar, la forma en que se distribuirían los votos entre distintas formas de clasificar a los integrantes de nuestra sociedad. En particular, son dos los indicadores que más llaman la atención. (a) AMLO arrasa entre los electores hombres: 38% votaría por él, mientras que apenas 23% por Anaya y 15% por Meade; pero no ocurre lo mismo en el caso de las mujeres. En este último segmento, el morenista y el frentista van virtualmente empatados —28% y 27% respectivamente—, mientras que el priista apenas logra el 13%. No cuento con posibles explicaciones suficientemente fundamentadas para este fenómeno, pero sin duda para ambos contendientes sería fundamental entender lo que ocurre para buscar capitalizarlo: de acuerdo con el INE 52% de los electores son mujeres, mientras que 48% son hombres.

El segundo indicador en relación con los sociodemográficos que llama la atención tiene que ver con (b), la distribución del voto según el nivel de escolaridad o edad de los votantes. Empecemos con los segmentos donde AMLO más ha crecido en comparación con la encuesta de salida aplicada por “Reforma” en 2012. El primero es el conformado por los universitarios: 39% de éstos votaron hace seis años por López Obrador —cuatro puntos menos del 43% que votarían por él hoy—. El segundo es el integrado por los individuos entre 30 y 49 años: hace seis años 30% de éstos votaron por AMLO, hoy 36% se dicen dispuestos a hacerlo.

Sin embargo, por algún motivo AMLO no ha logrado cautivar en especial a los electores más jóvenes, que representan una tercera parte del electorado. El candidato de Morena se ve menos fuerte que en 2012 entre votantes de entre 18 y 29 años; 32% votaría por Morena, mientras que 30% lo haría por el Frente. Estos números contrastan con lo ocurrido en 2012, cuando 37% de los votantes que entonces tenían de 29 años para abajo votaron por AMLO. Quizás por eso Ricardo Anaya anunció hace algunos meses que iría en búsqueda de los electores de ese sector, que los priistas dan, con razón, por perdido. El problema de los electores jóvenes es que éstos suelen salir a votar en menor proporción que los mayores de 29 años. Sin embargo, la oportunidad está abierta: si el Frente logra ser atractivo para este sector, aún estaría en la pelea.

Los elementos anteriores —(1) y (2)— no buscan sustentar una comparación o juicio valorativo entre los proyectos de Morena o el Frente. Estos elementos tampoco muestran que es altamente probable que el Frente alcance a Morena en las preferencias electorales. Para ser claro, ya habrá tiempo de comparar y de criticar ambos proyectos, y Morena sigue siendo el favorito para ganar las elecciones presidenciales de este año. La hipótesis presentada aquí es, acaso, una mucho más modesta: es posible que la elección de este año termine siendo mucho más cerrada de lo que se espera.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

 

Vianey Alejandra Paulino Cuxin es editora web egresada de la Licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad Interamericana para el Desarrollo (UNID). Se incorporó a la División de Medios de Grupo Megamedia en marzo de 2015.