Relaciones importantes

Felipe Moreira (*)

Tanto las relaciones personales como las empresas solo buscan ayuda externa cuando las cosas van mal y muchas veces es demasiado tarde o ya no están con la energía o herramientas necesarias para recuperarlas. En cambio, cuando se busca ayuda para mejorar lo que ya se tiene hay pasión, energía, flujo y una intención determinada de alcanzar el objetivo.

Es el caso de un ejecutivo de alto nivel que decide aventurarse a aceptar una oferta para dirigir los Recursos Humanos de una empresa en otro estado de la república. Claro, su familia lo acompaña y a lo largo de unos cuantos meses se agudizan las relaciones entre esposa y esposo. Y así como busca hacer lo mejor por su empresa también busca hacer lo mejor con su pareja.

El cambio de ciudad exacerbó las diferencias de comportamiento emocional de ambos, por la falta del contacto frecuente con sus amigos, familiares y centros de atención individual. Lo que parecía ser un desequilibrio accidental del cambio, era en realidad el afloramiento de compensaciones emocionales.

Lo más importante es el autoconocimiento y la “despersonalización” de las emociones. Utilizando el EQ-i 2.0, una herramienta desarrollada para entender el perfil emocional de los líderes, hicimos un análisis emocional individual en el que encontramos interesantes rasgos y áreas de oportunidad.

Pero fue cuando hicimos un análisis de equipo —en este caso un equipo de 2, la pareja— que realmente nos dimos cuenta de lo que estaba impactando en la relación.

El marido, como muchos directores, había desarrollado una altísima Independencia, es decir, tenía una gran capacidad para tomar decisiones por sí mismo, sin embargo, tenía algunas deficiencias en la Empatía y el Control de los Impulsos. Estas características, que le permitían ser un director exitoso, estaban dañando la relación con su esposa.

Dentro del hogar, la esposa no es una compañera de trabajo, más bien es como la Directora General del hogar, que quiere y necesita lograr un nivel de realización personal y familiar que la lleve a la felicidad plena.

Cuando se habla sobre éxito, liderazgo y felicidad, poco a poco se ha entendido la relevancia de las emociones. Hoy se sabe que las emociones son responsables por más de dos tercios de la toma de decisiones y afectan directamente nuestra perspectiva del presente y del futuro inmediato. Por otro lado, el éxito y la felicidad requieren vivir un presente emocionalmente realizador y confiar que lo que viene a futuro es promisor, no solo en la dimensión profesional, sino en la familiar, espiritual y personal.

Existen un sinfín de estudios que se han realizado para entender la relevancia de la Inteligencia Emocional en el éxito de las personas y de las empresas.

Christine Dreyfus realizó un estudio enfocado a la gente que opera en la NASA, se observó que en técnicos con IQ —Inteligencia Cognitiva— desarrollado al mismo nivel, los que tienen un EQ —Índice de Inteligencia Emocional— más desarrollado tienen desempeño excelente, es decir, tienen una mayor contribución a la organización y a los proyectos.

Lindsey Godwin encuentra que, entre los sacerdotes católicos, aquellos que tienen inteligencia emocional desarrollada tienen una comunidad más comprometida con los sacramentos.

Al comparar estas dos especialidades diametralmente distantes, y aunque ambas exigen tener IQ similar y desarrollo intelectual a buen nivel, lo que realmente hace la diferencia en el éxito personal y comunitario es el Coeficiente Emocional.

Stewart Friedman, en su libro de “Total Leadership”, habla de la importancia de tener un equilibrio para la felicidad y concluye que las demás dimensiones también deben ser desarrolladas, incluso con más ímpetu que la profesional.

Ahora, volvamos a nuestro caso: ¿Qué pasó cuando compartieron, productivamente, el perfil de los esposos?:

•La esposa, que tenía Independencia poco desarrollada, le presentaba a su compañero las situaciones diarias relacionadas con la vida familiar que ella podría solucionar, por ejemplo, una enfermedad de los niños, en la esperanza que esto genere una interacción rica, el esposo simplemente le respondía: busca a un doctor. ¿Qué doctor? Pregunta ella. Pues el Pediatra. ¿Cuándo le llamo?… y así se seguían. Cuando ella esperaba una interacción calurosa, recibía una interacción fría.

El señor poco desarrollado en la empatía y en control del impulso hablaba desde su realidad, dejando de lado las oportunidades que la esposa le presenta para enriquecer el amor matrimonial. Y, ella, por falta de determinación, simplemente deja pasar esas oportunidades invaluables. De cierta forma, él menospreciaba a la entrega de la esposa y nutría un sentido de dominio que era negativo para el relacionamiento de ambos.

Y aquí queremos enfatizar que el comportamiento emocional es igual en la casa y en el trabajo, por lo tanto, los compañeros de trabajo también están inconformes con la alta independencia y baja empatía, se repite lo que le pasa en el matrimonio.— Mérida

@fgkatm

contacto@felipemoreira.mx

Mentor en transformación personal, consultor senior de Uniflexpro, heartMath certified trainer, EQ-i 2.0 certified coach

 

La esposa no es una compañera de trabajo, más bien es como la Directora General del hogar, que quiere un nivel de realización

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