“Dreamers”
Jesús Cantú (*)
El caso de los llamados “dreamers” revela muy claramente la estrategia de negociación del presidente norteamericano Donald Trump: toma un rehén, fija el rescate e intenta colocar a su contraparte como el intransigente y al que no le importa el futuro del rehén.
En este caso, en septiembre del año pasado el Fiscal General de Estados Unidos de América, Jeff Sessions, informó que el presidente Donald Trump había decidido poner fin al programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia, conocido como DACA, que permitía a alrededor de 800 mil jóvenes que ingresaron al vecino país del Norte durante su infancia trabajar y estudiar legalmente, promulgado por el ex presidente Barack Obama.
Al anunciar la cancelación del programa vigente desde el 2012, Sessions señaló que otorgaba un plazo de gracia de seis meses, es decir, que aunque ya no renovaría los permisos temporales que se les expedían periódicamente a los participantes en el mismo, les permitirían permanecer en el país hasta marzo de este año para abrir un espacio para que el Congreso legislara al respecto, pero una vez vencido dicho plazo conforme se fuesen venciendo los permisos temporales el gobierno empezaría la deportación de los jóvenes.
Por supuesto que varios de los participantes del programa interpusieron recursos legales y hasta el momento han obtenido resoluciones favorables de dos jueces, sin embargo, el gobierno norteamericano ya recurrió dichas resoluciones y tiene confianza en que las instancias superiores las revertirán.
Aunque en estos momentos, por las resoluciones judiciales el gobierno norteamericano no tan solo no puede deportar a los protegidos por dicho programa, sino que debe seguir tramitando sus permisos temporales, es un hecho que una guillotina pende sobre el cuello de estos jóvenes, pues están bajo la presión de que en algún momento puede entrar en vigor.
Para efectos prácticos el gobierno de Trump secuestró a estos 800 mil jóvenes, de los cuales aproximadamente 620 mil son mexicanos, y el rescate que está pidiendo es ni más ni menos que los recursos necesarios para construir el muro fronterizo con México. Ya dejó claro que no aceptará ninguna legislación migratoria que no contemple la construcción del muro, así que a pesar de que legisladores republicanos y demócratas han hecho esfuerzos por lograr proyectos de ley aceptables para ambos, los mismos han sido rechazados; la semana que recién concluye fueron rechazados dos proyectos en ese sentido.
Y, mientras esto sucede, Trump repite en su cuenta de Twitter que los demócratas, que en este caso es su contraparte, desprecian a los “dreamers”, pues no ceden a su solicitud de rescate, elevando con ello la presión a su contraparte, especialmente cuando se acerca el plazo que él había establecido como límite para lograr un acuerdo. Aunque hay que señalar que las resoluciones judiciales de facto ampliaron dicho plazo, en tanto no haya una resolución de alguna instancia revisora que revierta la protección otorgada por los jueces de primera instancia.
Hasta hoy los demócratas no han cedido a sus chantajes y siguen sin concederle los recursos que él demanda para la construcción del muro y la presión del tiempo disminuyó por estas resoluciones judiciales.
Sin embargo, mientras no haya un acuerdo legislativo o una resolución definitiva por parte de la Suprema Corte de Justicia norteamericana, la amenaza de poner fin al DACA y empezar con la deportación permanece, pues hay que recordar que en el caso del decreto migratorio para impedir la entrada de nacionales de ocho países de mayoría musulmán, en diciembre del año pasado, la Suprema Corte, en una votación de 7-2 dieron luz verde para la aplicación temporal del mismo, en tanto el mismo máximo tribunal discutía el fondo del asunto.
Una situación similar podría vivirse en el caso del DACA, es decir, que en un futuro la misma Suprema Corte, apruebe la aplicación de la suspensión, en tanto resuelve al fondo del asunto, con lo cual varios centenares de miles de jóvenes podrían ser deportados al momento de vencérseles sus permisos.
Trump continuará elevando los niveles de presión, pues quiere entregarles resultados tangibles a sus votantes antes del 6 de noviembre de este año, cuando se celebrarán elecciones para renovar los 435 asientos en la Cámara de Representantes y 33 de los 100 escaños en la de Senadores, de éstos 25 están actualmente en poder de los demócratas y ocho, de los republicanos; dado que actualmente la composición de la Cámara de Senadores es de 52 republicanos y 48 demócratas, la mayoría es muy endeble.
Pero si los republicanos pierden la mayoría en las dos cámaras el poder negociador de Trump disminuirá notablemente, pues una derrota en las urnas hará que muchos de los legisladores republicanos que no concuerdan con las posturas del presidente lo abandonen en sus propuestas legislativas, con lo cual los votos en contra de sus propuestas no serán únicamente de la mayoría de legisladores demócratas sino también de un grupo importante de republicanos, que hasta hoy se han sometido por la efectividad electoral del actual titular del Ejecutivo.
En el caso de los “dreamers”, es importante mantener la protección de los tribunales, por lo menos hasta el 6 de noviembre de este año; pero tampoco puede darse por un hecho que los demócratas conseguirán la mayoría en las dos cámaras del Congreso, pues aunque los niveles de desaprobación de su gobierno son muy altos, es una realidad que todavía mantiene su núcleo duro de votantes, así que la estrategia no puede limitarse a ganar tiempo. Hoy Trump los mantiene secuestrados, aunque no puede deportarlos.— Ciudad de México.
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Periodista
Mientras no haya un acuerdo legislativo o una resolución definitiva de la Suprema Corte de Justicia, la amenaza de poner fin al DACA permanece
