¡Nada!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
“Entre el gobierno y la sociedad hay que construir nuevas relaciones, tender nuevos puentes, nuevos métodos de trabajo, formas de asociación. Se requieren construir prácticas diferentes, que generen confianza mutua; es necesario desarrollar nuevas bases para dejar atrás viejas sospechas”. —Luis Donaldo Colosio Murrieta, político y economista mexicano
Transcurre el tiempo y los candidatos, las alianzas políticas y los ciudadanos continuamos poetizando, cada quien desde la perspectiva y el lenguaje que le corresponde, una sociedad ideal. El “buen lugar” en vez del “mal lugar”. Sin embargo, el paso decisivo está incierto porque nadie se atreve a cambiar lo “bueno” por lo “malo”. Todo queda en la promesa. Todo queda en la manipulación. Todo queda en el deseo. ¡Todo!
No hay nada promisorio en el futuro inmediato. Quizá un grupo de aspirantes a la “Silla del Águila”, entre otros puestos de elección popular, que prometen la transformación de México, pero: ¿cómo? Y no nada más estoy refiriéndome al proyecto de nación, sino también a su capacidad para construir nuevas relaciones con la sociedad.
Los reflectores en el ámbito nacional están enfocados en las confrontaciones personales de los candidatos, en las desagradables alianzas políticas y en los enojos de los ciudadanos. ¿Y así pretendemos el ‘buen lugar’ para ya no seguir viviendo en el ‘mal lugar’ nuestro de cada día? Nos estamos imaginando una República, tomando en cuenta que es la forma de estado en la que el país se considera un “asunto público”. No el “asunto” o “propiedad privada” de uno. O de un grupo.
Lamentablemente, México es un “asunto” o “propiedad privada” para los gobernantes, a través de los partidos políticos, porque se perdió la capacidad de escuchar y dar respuesta a las demandas sociales, por parte del gobierno; mientras que la sociedad no cuenta con canales aceptables y eficaces para lograr el diálogo.
La gobernabilidad es lo que está en juego en 2018, partiendo de la urgente necesidad de entablar una nueva relación entre el gobierno y la sociedad, con nuevos métodos de trabajo y formas de asociación. Las prácticas tienen que ser diferentes, muy diferentes para empezar a generar confianza mutua. ¡Confianza!
Las viejas sospechas son vigentes, porque las bases de una nueva relación son utópicas, entiéndase esto último como algo inexistente. De algo estamos muy seguros. ¡Nada es real!
No hay relación. No hay cambio. ¿No hay futuro? México es una metamorfosis político-social, en donde cada quien está acaparando para sí mismo, no por el bien común, sino por una amenazante supervivencia en donde habrá un ganador y un perdedor. El político británico David Miliband afirmó que tenemos que creer que es a través de la política, que las sociedades pueden liderar el cambio social, económico y político.
Al menos en México, la sociedad no ha tenido la suficiente capacidad para desempeñar un determinante papel en el ámbito político salvo, mayormente, dejarse engañar, dejarse acarrear, emitir su voto y criticar, criticar y criticar. Y, después, soñar con el “buen lugar” para abatir el “mal lugar”. La realidad vuelve a ser: ¡nada!
¿Qué tipo de nación idealizamos? Quizá la de un ejercicio político apegado a los intereses de la sociedad. Quizá la de una mejor educación para abatir la ignorancia. Quizá la de mejores servicios de salud pública para afrontar la enfermedad con dignidad o morir en paz. Quizá la de un desarrollo económico a favor de cada ciudadano de acuerdo a su capacidad personal y profesional. Quizá volver a gritar: ¡Viva México!
Cada seis años, soñamos con una nueva nación. Pero, no hay tal nación.
¡Nada!— Cozumel, Quintana Roo.
arevalo61@yahoo.com.mx
Periodista
La gobernabilidad es lo que está en juego en 2018, partiendo de la urgente necesidad de entablar una nueva relación entre el gobierno y la sociedad, con nuevos métodos de trabajo y formas de asociación
