Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

El ruido se ha vuelto un tema político en Mérida. Desde inicios de este mes, en varias casas del Centro Histórico de Mérida se pueden apreciar unas mantas colgadas con la leyenda “¡Basta de ruido. Queremos dormir. Necesitamos una solución hoy”.

Y el pasado 21 de marzo el recientemente conformado colectivo Todos somos Mérida recordó en una rueda de prensa la máxima de Benito Juárez, “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, para exponer una angustia, un malestar, una preocupación y un interés común.

En palabras de Olga Moguel, vecina del Centro Histórico, activista de derechos humanos y empresaria propietaria del Restaurante Amaro (ubicado en el centro de la ciudad), la angustia se debe a que la vida de los vecinos del Centro Histórico está “afectada por el ruido, por un volumen desmedido, invasor del espacio público, un espacio al que todos tenemos igual derecho”.

Se refieren al ruido producido por bares, cantinas, centros botaneros y antros, pero también talleres, fábricas, academias de baile y salas de fiesta improvisadas, entre otros establecimientos. Es importante subrayar que Todos somos Mérida no exige la clausura de dichos establecimientos, sino la regulación del volumen o la insonorización de los espacios donde tocan o reproducen música.

Esta afectación no es nueva. Por lo menos desde hace 10 años, expuso Olga Moguel, han hecho solicitudes individuales a las autoridades para que regulen el ruido producido por varios establecimientos en el Centro. Hace cuatro años comenzaron a hacerlo de manera organizada. En los últimos años, el tema se ha vuelto polémico y ha polarizado a varios sectores de la población meridana.

Hay que recordar que el ruido no es una cuestión de gustos de las personas. Es un tema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye al ruido entre los factores ambientales que tienen impacto en la salud, junto con otros problemas como la contaminación, la radiación ultravioleta y la insalubridad del agua.

Del mismo modo, la OMS ha advertido que “la preocupación por el aumento de la exposición a sonidos fuertes en lugares de ocio como clubes nocturnos, discotecas, pubs, bares, cines, conciertos, eventos deportivos e incluso gimnasios es cada vez mayor”.

Frente al hecho anterior, la OMS calcula que el 40% de los jóvenes de 12 a 34 años de países de ingresos medianos y altos están expuestos a niveles de ruido potencialmente nocivos en clubes, discotecas y bares.

Desde luego, los jóvenes que asisten a los centros nocturnos ruidosos pueden optar por usar tapones para los oídos o, en cualquier caso, arriesgarse a sufrir problemas de audición.

Sin embargo, los vecinos del Centro Histórico no cuentan con esa posibilidad de decisión. Varios de ellos, tanto nacidos en Mérida como en otros lugares, han narrado numerosas afectaciones a sus condiciones de vida. No olvidemos que, así como la alimentación sana y el ejercicio, dormir bien es un factor fundamental para una vida saludable. La falta de sueño debilita el sistema inmunitario, con el aumento de peso, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, entre otros problemas de salud.

El malestar al que se refiere el colectivo Todos somos Mérida es el de “no encontrar respuestas pertinentes, oportunas, respetuosas, incluyentes, de las autoridades municipales y estatales”.

Al respecto, el mismo 21 de marzo, el Ayuntamiento de Mérida fijó una postura ante el ruido en el Centro Histórico por medio de un comunicado de prensa. De acuerdo con Guibaldo Vargas Madrazo, director de Gobernación de la Comuna, “la autoridad sigue cumpliendo en el ámbito de su competencia todo lo necesario para afrontar, mitigar y regular el ruido en el Centro Histórico de Mérida”. Entre las acciones que el Ayuntamiento ha tomado, explica el comunicado, se encuentra la clausura de cinco establecimientos por no cumplir diversas disposiciones establecidas en el Reglamento de Actos y Procedimientos Administrativos del Municipio de Mérida.

Sin embargo, de acuerdo con una de las vecinas que integra Todos somos Mérida, la clausura de dichos establecimientos se debe a otras anomalías, no al ruido. Asimismo, cuando abren de nuevo los establecimientos, regresan a los mismos niveles de ruido.

Asimismo, la OMS ha expresado que “los gobiernos también tienen una importante función que desempeñar promulgando y aplicando legislación rigurosa sobre el ruido derivado de actividades recreativas, y sensibilizando con respecto a los riesgos de la pérdida de audición mediante campañas de información pública”. A propósito de este tema y de la celebración del Día Internacional de la Atención Otológica cada 3 de marzo, la OMS puso en marcha hace un par de años la iniciativa “Escuchar sin riesgos”.

Todos somos Mérida ha expresado también una preocupación “por los recientes intentos de promover enconos y polarizar posiciones a través de mentiras y falsos rumores”. Lamentablemente, el problema del ruido en el Centro Histórico ha sido planteado en ocasiones como un conflicto entre extranjeros viejos jubilados que han llegado a Mérida (los “expats” o “expatriados”) y los jóvenes y trabajadores meridanos que gozan de o subsisten gracias a los centros nocturnos del centro de la ciudad.

La polarización anterior (expats contra locales) es una preocupante expresión de discriminación y xenofobia, y puede ser sumamente peligrosa. Es muy riesgoso caracterizar a los que se oponen al ruido en el Centro como “expatriados jubilados que sólo vienen a Mérida a morir en climas y tipos de cambio benéficos para sus intereses”, como lo hizo un columnista local hace un año.

Muchos de los conflictos más graves en el mundo tienen sus raíces en la forma en que se caracteriza, estigmatiza o “demoniza” a un sector de la población. ¿Recuerdan lo que decían los alemanes nacionalsocialistas de los judíos o los hutus sobre los tutsis en Ruanda?

Desde luego, no estoy diciendo que en los próximos años los expats serán perseguidos y aniquilados. Sí creo, en cambio, que es muy importante que cambiemos nuestra forma de percibir a los extranjeros que residen en Mérida y reconocer sus contribuciones a la revitalización del Centro Histórico y a la ampliación de la oferta artística y cultural en la ciudad. La humanidad toda siempre ha sido migrante y la diversidad enriquece culturalmente mucho más a cualquier sociedad.

De cualquier forma, los inconformes con el ruido en el Centro Histórico no son sólo extranjeros. En la rueda de prensa, Todos somos Mérida explica que “no somos unos pocos ‘gringos’ ociosos, sino miles de yucatecos, mexicanos y extranjeros de diversas nacionalidades que vivimos, trabajamos y damos trabajo, ofrecemos y hasta innovamos en servicios y expresiones culturales, compramos, reforestamos, rescatamos fauna maltratada, restauramos el patrimonio edificado, disfrutamos las expresiones artísticas y pagamos impuestos… es decir, somos activos participantes de la vida comunitaria”.

Finalmente, Todos somos Mérida anuncia un interés común “por evitar la degradación de la vida citadina de Mérida, interés porque no se convierta en botín de unos cuantos, interés porque sea hogar de los bien intencionados que la elijan”.

Todos somos Mérida ha producido “ruido”: sus denuncias y reivindicaciones están teniendo repercusión pública no sólo con respecto al nivel de decibeles de los establecimientos en el Centro Histórico, sino que han puesto sobre la mesa el tema de la calidad de vida digna de las y los meridanos, ya sea por nacimiento o por elección. Acaso podamos coincidir con el economista francés Jacques Attali en su llamado a juzgar a una sociedad por sus ruidos y sus fiestas, más que por sus estadísticas o sus ideas, tal como lo hizo en su clásico libro “Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música” (1977).

Pero la discusión sobre la degradación de la vida citadina en Mérida no es sólo sobre el ruido, sino también sobre el transporte público, la movilidad, la deforestación, la calidad de los espacios públicos, entre otros temas.

Como un adulto joven amante de la música y del sonido, y que disfruta de visitar diversos establecimientos del Centro, considero valiosa la iniciativa de Todos somos Mérida.— Mérida, Yucatán.

Rodrigo.llanes.s@gmail.com

@RodLlanes

Investigador del Cephcis-UNAM

 

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