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Análisis para decidir

Rosamaría González Romero (*)

Como si ignoráramos que las encuestas electorales son instrumentos de manipulación de las élites económicas y políticas para tratar de dirigir el voto ciudadano hacia sus elegidos en turno, hoy en México, en comparsa con líderes de opinión, se ha generalizado que ya no nos queda de otra que rendirnos ante un triunfo de López Obrador. Pero las encuestas a veces mienten o se equivocan.

Recordemos cómo erraron en el proceso electoral de Estados Unidos junto con los medios de comunicación globales, que hicieron creer al mundo que la Sra. Hillary Clinton ganaría la elección presidencial. Pero ganó Trump y, además, triunfó en estados tradicionalmente demócratas. Los expertos y las encuestadoras fallaron.

Por cierto, me alegro que Hillary perdió. No porque aplauda los exabruptos y gravísimas decisiones de Trump, sino porque estoy convencida de que Hillary es peor que Trump. Y, en México, para gobernarnos también puede haber algo peor que el PRI de Peña Nieto y los atlacomulcos. Y eso peor es el PRI de López Obrador. Sus más cercanos, al igual que él, son egresados del ala izquierda más radical del PRI, ligada al comunismo internacional. Porque el comunismo sigue vivito y coleando, no nos engañemos. Con solo voltear a ver a la inmensa y poderosa China, a Corea del Norte, a la vecina Cuba o la desgarrada Venezuela.

Pienso que con el grupo de personajes priistas que acompañan a Obrador desde hace décadas como Manuel Bartlet, Marcelo Ebrad, Ricardo Monreal, y otros muchos, el tabasqueño y sus corrupto equipo no solo robarán igual o más que sus hermanos priistas, sino que llevarán a este país a una grave crisis que pudiera parecerse a la de Venezuela.

A estas alturas pienso que el candidato ciudadano postulado por la otra ala del PRI, José Antonio Meade, es una opción menos peligrosa para el país. También pudiera serlo Ricardo Anaya, aunque la fusión o coalición del “frente” que este joven impuso al PAN huelen más a claudicación y entrega de su partido al proyecto de la izquierdas mexicanas, del PRD y de Movimiento Ciudadano, también de origen priista y pro comunista. El tiempo nos dirá para quién jugó realmente Anaya.

Ojalá que Margarita Zavala hubiera sido la candidata del PAN y no se hubiera dado la irremediable fractura del partido. Y aunque es muy difícil que gane la Presidencia, sí influirá realmente en la elección. Lo mismo el “Bronco” que, como sea, llegó a la boleta presidencial y tendrá peso en las definiciones finales y, además, amenizará de alguna forma el proceso electoral.

Pienso que en estos momentos en que se inician oficialmente las campañas debemos informarnos en fuentes confiables acerca de cada candidato, de sus vidas y carreras políticas, de su educación y preparación, de sus familias, de sus convicciones personales, políticas y religiosas, de sus valores.

Pienso que todos los candidatos deben de presentar su declaración patrimonial 3 de 3 como ya lo hizo Meade (7 de 7). Es muy importante que lo hagan, es un deber moral frente a los ciudadanos que son sus próximos votantes. Deben hacerlo por congruencia y por decencia.

Más allá de las realidades sobre las cuales haré mi análisis para decidir por quién candidato o candidata votaré cuando llegue su momento, lo que aspiro como mexicana y como católica es llegar a tener algún día un presidente o presidenta con valores morales y éticos. Que defienda la vida y la familia, que sus decisiones las tome con inteligencia, valor y conocimiento y que lo haga a la luz del día y no en lo oscurito, bajo presión de logias y clubes secretos con agendas paralelas ocultas.

Que tenga como prioridad el bien común y que siente bases sólidas para que ya no haya familias mexicanas que vivan en la pobreza y para que todos los niños y jóvenes puedan estudiar y forjarse un futuro. Que apoye a los pueblos indígenas. Que no tenga planes comunistas. Que combata con eficacia la trata de personas, las redes de pederastia, el tráfico de órganos, la industria del secuestro y narcotráfico. Que sea una persona decente, que no robe, que sea preparada y que respete la libertad religiosa.— Mérida, Yucatán.

rosamariag13@hotmail.com

Escritora

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