¿Guardar distancias?
Mario Lope Herrera (*)
“El poder de los escritores está precisamente en su posibilidad de no ser parte del poder”:
Henry-Levy
¿El poder necesita a los intelectuales o éstos necesitan al poder? En cierta medida, ambos se necesitan y se alimentan. Hay voces que afirman que los intelectuales y el poder deben guardar las distancias posibles mientras que otros aducen que el pecado de caer en tentación tiende a ser absuelto por la historia y trascendencia de la obra del escritor.
En la actualidad vemos cada vez a más escritores e intelectuales sumarse al poder sin ningún tipo de reserva.
El caso más visible en estos días es el de Paco Ignacio Taibo II, quien ha hecho declaraciones en favor de AMLO, y no solo eso, sino que ha asumido el papel de vocero de ciertas acciones que el tabasqueño ejecutaría en caso de llegar a la Presidencia de la República al afirmar que el NAICM y la reforma educativa serían cancelados, así como la reforma energética, y hasta llegó a decirle a los empresarios que de no apoyar las iniciativas de su gobierno correrían el riesgo de que sus bienes fueran expropiados. También dijo al periódico “El País” que AMLO gobernaría por decreto.
Mismo caso es el del peruano Mario Vargas Llosa —del otro lado de la moneda—, quien ha tratado de advertir al pueblo de México los peligros que encarnan las ideas de López Obrador, comparándolo con un tirano, dictador, populista y autoritario, como los más sanguinarios que ha padecido Latinoamérica. Juicios a priori, el Nobel de Literatura sabe lo que es padecer desde la trinchera de intelectual una dictadura. No solo la padeció en Perú, régimen que le impulsó a escribir una de las mejores obras literarias en lengua española, “Conversación en la catedral”, sino que como intelectual denunció dictaduras militares en otros países como Chile, Paraguay, Uruguay, Nicaragua y Venezuela.
Incluso dijo que la dictadura perfecta no estaba en aquellos países sino en México, provocando las muecas y gestos de un Octavio Paz que se había reconciliado con el poder décadas después de la matanza de Tlatelolco en 1968.
Reconciliación
La presidencia de Carlos Salinas de Gortari puede ser llamada la de la reconciliación entre los intelectuales y el poder.
Sin embargo, no todos los intelectuales rompieron con el gobierno después del 68. Escritores de la talla de Juan Rulfo, Juan José Arreola, Salvador Novo, el historiador Silvio Zavala y el poeta y ex secretario de Educación Pública Jaime Torres Bodet se mostraban con Luis Echeverría en la década de los setenta, mientras que Octavio Paz, Carlos Fuentes, Fernando Benítez, Rosario Castellanos, Juan García Ponce, Carlos Monsiváis, José Revueltas y el periodista Julio Scherer simbolizaron una lucha contra el sistema autoritario más recalcitrante de principios de los ochenta.
El sociólogo Xavier Rodríguez Ledezma afirma que “los escritores se han convertido históricamente en espejos, donde el poder político acude a preguntar qué tan hábil e incluso legítimo es, o qué tan correctas, acertadas y posiblemente populares son sus políticas”.
El caso de Carlos Salinas de Gortari se aproxima a esta definición. Estuvo tan cerca a los intelectuales que en su presidencia se crearon medios para el debate y la difusión cultural como el Canal 22, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Estas instituciones no hubieran sido creadas nunca si no hubiera sido por la cercana relación que el presidente tuvo con Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Gabriel García Márquez, Héctor Aguilar Camín, Miguel Ángel Granados Chapa e Iván Restrepo.
El periodista Diego Osorno argumenta que “en el gobierno de Carlos Salinas se construyó un andamiaje cultural que todavía prevalece”.
Otro caso es el de Gabriel García Márquez, quien fue severamente cuestionado por mantener amigos como Fidel Castro, Francois Miterrand, Bill Clinton y Carlos Salinas. Era tal la amistad que cuenta una anécdota que Bill Clinton llamó al “Gabo” para que persuadiera a Fidel Castro acerca de un tema espinoso entre la complicada relación EUA-Cuba.
Hay quien afirma que muchas decisiones político-económicas tomadas por Washington fueron mediadas en Latinoamérica por García Márquez.
¿Cuál es el papel que debe asumir un intelectual en la democracia actual? En su libro, “Hombres de ideas. El punto de vista de un sociólogo”, A. Coser Lewis afirma que los intelectuales “se consideran a sí mismos como guardianes especiales de ideas abstractas como la razón, la justicia y la verdad, guardianes celosos de normas morales que son ignoradas con demasiada frecuencia en los mercados y los recintos gubernamentales”.
Parece ser que las afirmaciones de Paco Ignacio Taibo II y Mario Vargas Llosa no guardan ninguna relación con esta frase. Como lo he dicho en estos y otros espacios, cuando la crítica viene acompañada de vísceras y aliento estomacal, pierde todo valor y sentido.
La crítica se hace mofa, sin contenido cartesiano, y ese es el mayor peligro que corre un escritor, empuñarla desde una postura política, no académica, antropológica ni sociológica.— Mérida, Yucatán, México
mjlope77@gmail.com
@lopeherrera77
Licenciado en Ciencias Antropológicas egresado de la Uady. Escritor
