Cosas que pasan
Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)
No creo equivocarme al asegurar que los yucatecos, con las excepciones de la regla, están de plácemes porque las campañas políticas llegaron a su fin. Hartos de ver carteles por todos lados, de recibir llamadas telefónicas sólo para pedirles que voten por determinado candidato, de ver y oír en la televisión la cantaleta de ofrecimientos de que las cosas van a cambiar, de que “yo soy el mejor”, de tener que brincarse páginas completas en los medios de comunicación escritos donde se muestra lo más parecido al narcicismo, de saber que están sometidos al yugo de las mentiras disfrazadas de verdades, de saber que el ofrecimiento del oro y el moro es una falacia que lastima la inteligencia de quienes por derecho y obediencia acudirán a las urnas el próximo domingo. El primer capítulo de lo que nos espera ya se cerró.
Estos tres días declarados de silencio y reflexión servirán a los candidatos para afinar sus tácticas y para reunirse con sus más cercanos colaboradores para determinar a quiénes hay que enviarles mensajes porque se les considera claves para convencer a personas que aún no deciden por quién votar. Las redes sociales jugarán un papel muy importante en ese quehacer y creo que todos los mensajes serán por “inbox”. No han tomado en cuenta los candidatos y sus asesores que a los yucatecos nos encanta la comunicación sobre todo cuando se presume de que “me habló fulano para pedirme…, pero no se lo vayas a decir a nadie,” que en yucateco significa “díselo a todos los que puedas”.
Y a propósito de tácticas, se sabe bien que Mauricio Sahuí y Víctor Caballero, que esperan ganar la elección de gobernador y alcalde de Mérida, respectivamente, tuvieron un serio altercado que los separó en lo sentimental y en lo político al igual que el pleito entre los panistas Mauricio Vila y Renán Barrera que aspiran a lo mismo. Sólo en cuestiones de proselitismo muy definidas y por órdenes de la cúpula de sus partidos aparecían juntos en público o en alguna manifestación de propaganda en los medios de comunicación.
Se habla del “espionaje” que hacían entre ellos y las “orejas” que enviaban a las reuniones de sus adversarios, siendo éstos enviados del mismo partido del candidato. O lo que es lo mismo, había priistas que le vendían información a los candidatos del PAN y viceversa. Lo que fue una total desorganización fue el control de las bodegas donde se guardaba la propaganda. Ésta se enviaba a los candidatos a alcaldes de los municipios para que ellos la repartieran de acuerdo con su criterio.
“Estamos en los días de sálvese quien pueda”, me comentó un amigo que está muy cerca del corazón de un candidato a gobernador. Su explicación se fundamenta en que todos quienes intervienen en la elección del domingo tienen una función que cumplir. Los funcionarios de casilla estarán el domingo desde las 7 de la mañana en el lugar asignado por el INE, lo mismo que los representantes de los candidatos y los partidos para vigilar que quien vote sea el de la credencial de elector presentada, que todos los que ya lo hicieron tengan la tinta en el pulgar y contar los votos, tarea de los escrutadores que estarán vigilados con toda la atención requerida.
Algunos tendrán la instrucción de discutir con razón o sin ella cuando algo les parezca raro o, según su criterio, trampa.
Los candidatos nombrarán a quienes les pasarán información de todo lo que sucede en la casilla y si consideran que es necesario enviarán “refuerzos” que estarán concentrados en sitios ya determinados. ¿Se imagina, amable lector, cuántos miles de vehículos se necesitarán para cumplir ese trabajo?
Los ciudadanos tendrán que definir el horario al que asistirán a la casilla correspondiente y tendrán que esperar con paciencia su turno. De acuerdo con cálculos de las autoridades electorales, cada ciudadano tardará entre cuatro y siete minutos en votar. Habrá paciencia porque hay interés como nunca antes por las circunstancias en que se vivieron las campañas, cuyo común denominador fue la descalificación entre candidatos. Al parecer, ningún adversario de ningún candidato es honesto. Y me refiero a los presidenciables y a quienes aspiran a una gubernatura.
Los operativos de las fuerzas del orden seguramente ya están listos y, aunque Yucatán es un estado tranquilo, no se descarta la posibilidad de algún brote de violencia que requiera la intervención de oficiales y tropa que seguramente estarán cerca de las casillas y municipios considerados con focos rojos. Así las cosas, estamos a las puertas de un desenlace que marcará el rumbo de la nación, los estados y los municipios. La rectitud y honestidad de las autoridades electorales juegan un papel muy importante. Faltan solamente horas.— Tizimín, Yucatán.
manuelantonio1109@hotmail.com
Cronista y ex alcalde de Tizimín
