La soberanía del voto
Por FREDDY ESPADAS SOSA (*)
Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda —Joseph Joubert, ensayista y moralista francés (1754-1824).
Mañana domingo, a partir de las ocho horas, todos los ciudadanos de este país tenemos una cita histórica e irrenunciable con las urnas, constituidas como espacios íntimos e inviolables para ejercer el derecho supremo de elegir a nuestros gobernantes y a quienes nos representarán en los poderes legislativos federal y estatal.
Con sobrada visión política y social, el Constituyente de Querétaro estableció en el artículo 39 de nuestra Carta Magna este incuestionable mandato:
“La soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
Como se aprecia, el citado precepto constitucional le reconoce al pueblo, es decir a todos los ciudadanos, la suprema facultad de decidir su forma de gobierno y el derecho intransferible de transformarlo si el que está en curso no le beneficia ni satisface.
Para mayor claridad sobre el asunto, cabe referir que el Diccionario de la Lengua Española define que la cualidad de ser soberano consiste en ejercer o poseer la autoridad suprema e independiente; por tanto, el ciudadano es el depositario incuestionable de esta autoridad, la cual ejerce a plenitud justamente en el trascendental acto de votar.
Otros componentes
Pero el acto de votar, caros lectores, también está impregnado de otros componentes esenciales: su dignidad y su magnificencia, es decir, su carácter de ser una acción sagrada y trascendente que debe ser invariablemente respetada por todos, especialmente por los órganos del poder instituidos y por las instancias encargadas de garantizar sin excusa alguna que el ciudadano ejerza su voluntad soberana en las urnas.
Por lo anterior, el voto ha de ejercerse con decoro, asumiendo la alta relevancia que este acto reviste para mejorar sustancialmente nuestra deteriorada vida pública y para alentar una convivencia social pacífica, plural y tolerante. En esta tesitura, los ciudadanos debemos votar de manera libre y autónoma, sin aceptar coacción, presión, chantaje, amenaza, prebenda o condicionamiento de ningún tipo.
Como puede colegirse, la emisión del sufragio constituye un acto plenamente soberano y digno. Se trata del momento sublime en el cual los ciudadanos, en la soledad de la urna y en estrecha intimidad con su conciencia política, deciden libremente por quién votar.
Finalmente, consideramos que la veda electoral en curso representa una magnífica oportunidad para que todos reflexionemos profundamente sobre la situación por la que atraviesan el país y nuestro estado en particular, pensando seriamente en los cambios que nos apremian y que se juzgan necesarios para construir un mejor futuro para México y para Yucatán.
La veda también es un lapso idóneo para que los lectores analicen detenidamente el perfil de cada uno de los candidatos que compiten por los distintos cargos públicos, así como para que contrasten el conjunto de propuestas e ideas expresadas por ellos en múltiples foros, espacios, medios e instancias.
Por todo lo anterior y por la enorme trascendencia que encierra la inminente jornada electoral, es indispensable que este domingo primero de julio todos acudamos a votar con libertad, independencia, entusiasmo y alegría, pues no debemos olvidar que los ciudadanos participativos somos los auténticos protagonistas de nuestra propia historia.— Mérida, Yucatán.
canek_1999@yahoo.com.mx
Profesor-investigador titular “C” de T.C. Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, de Mérida, Yucatán
