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El 4 de julio no se olvida

Juan Elías Chaia Shaadi (*)

El pasado domingo se llevó al cabo, entre otras elecciones, la de gobernador de nuestro Estado donde, por excepción en todo el país, en los últimos 50 años ha operado un extraño sistema de gobierno bipartidista (PRI-PAN). En esta ocasión hubo un intento, infructuoso a mi juicio, de convertirlo en tripartidista con el reforzamiento que tuvo en su liderazgo el partido político Morena, pues el Iepac registra que dicho partido, al haberse contabilizado hasta el momento en que escribo estas líneas, el 85% del conteo rápido alcanza el 20.5% del total de votos a su favor, de los cuales considero que mínimo la mitad de ellos en justicia deben atribuirse al impacto que tuvo el “fenómeno López Obrador” y al menos otra cuarta parte de la cifra obtenida corresponden a la inercia y a la labor propia de ese partido, con o sin la participación de su nuevo líder estatal. Tendrán peso especifico los representantes populares de Morena en el Congreso para las decisiones que en ese nivel de gobierno se tomen, ya que necesariamente deberán ser consensuadas, toda vez que ni el PAN ni el PRI en Yucatán tendrán mayoría absoluta en el recinto legislativo.

Se presumía anticipadamente la victoria en el estado del PRI por su muy poderosa y efectiva estructura de organización, acompañada por el fuerte desembolso de diversos recursos que tradicionalmente ha entregado a muchos ciudadanos a cambio de que concedan su voto al partido oficial. En este punto y para no faltar a la verdad, se debe precisar que la compra de votos la realizaron de manera indistinta los tres partidos políticos principales en forma significativa pero proporcional a sus recursos disponibles, aunque el PRI en esta elección alcanzó niveles históricos. Cabe recordar que la inmoralidad de esta práctica constituye una ofensa social grave y la comisión de un presunto delito (por tratarse en su mayoría de fondos públicos) para el que entrega el dinero mal usado y una vergüenza para el que lo recibe al prostituir su dignidad y sus convicciones a cambio de unos cuantos denarios.

Pero ocurrió algo increíble que personalmente constaté por lo menos en seis comunidades en las que prevalece un bajo nivel socioeconómico y cultural, a las que este año tuve oportunidad de visitar en los últimos meses: el pueblo repudia el actual estilo de gobierno, está hastiado de las prácticas electorales priistas y en esta ocasión muchos de ellos prometieron no brindarle su voto, así hubiesen recibido o no alguna prebenda a cambio. En consecuencia, una cantidad importante de ciudadanos más que concederle el voto a Vila, se lo negaron a Sahuí, independientemente del buen desempeño que tuvo el primero en la alcaldía de Mérida. Este cambio de actitud ciudadana debe ser motivo de preocupación y vigilancia de la militancia panista, porque su partido está siguiendo en una cantidad considerable de municipios un derrotero igual, o en ocasiones peor, al que ha manejado el partido oficial.

¿Y toda esta historia qué relación tiene con el 4 de julio?

Yucatán vivió en el período 2008-2012, durante la gestión de Ivonne Ortega Pacheco, una muy lamentable exhibición de despilfarro y ocurrencias; corrupción e impunidad sin límites, y endeudamieno innecesario, que acumulado entre los créditos bancarios, los pasivos contraídos y las cuentas por pagar, ascendía a 9,000 millones de pesos. Lo anterior, sin dejar de considerar la represión ejercida contra personas y organizaciones que se opusieran a sus acciones de mal gobierno, llegando a generar una polarización y conflictos sociales que la autoridad provocó entre los mismos yucatecos. La gota que derramó el cántaro fue la obsesión de la exgobernadora por realizar una obra, a su juicio impactante, con propósitos político-electorales, el llamado “Paso deprimido” que no estaba incluída en el Plan de Desarrollo Estatal ni en el Presupuesto de Egresos del Congreso, siendo presidente del mismo Mauricio Sahuí; que no tenía autorización de prevención e impacto ambiental, urbano ni vial. Y lo más importante, tenía abierta oposición de los residentes de la zona donde se llevaría al cabo.

Ante la negativa oficial de dar marcha atrás a una obra no deseada, y con el apoyo de líderes de la sociedad civil, los vecinos del lugar decidieron impedir el inicio de su construcción Y como respuesta, para desalojar a los quejosos del lugar de los hechos el gobierno estatal envió a numeroso grupo de malhechores y pandilleros bien armados que golpearon a placer a ciudadanos inermes sin importar edad, sexo ni condición física, dejando a 42 heridos, dos de ellos de gravedad. Eso ocurrió el 4 de julio de 2011 y hoy se cumplen siete años de la fenomenal golpiza que dio oportunidad a un despertar de la comunidad ante el aplastamiento de sus derechos fundamentales, a un punto de quiebre para que la sociedad civil tomara conciencia de la necesidad de su participación política, al margen de las burocráticas autoridades y de los inútiles partidos políticos, si se buscaba un verdadero cambio social. Por eso el 4 de julio se convirtió en un ícono de la lucha social en Yucatán y bajo su inspiración se creó un organismo llamado Poder Ciudadano que en los siguientes cinco años alcanzó logros cívicos importantes para Yucatán.

Paradójicamente, seis años después se presentan a competir en las elecciones gubernamentales algunas de las figuras importantes que participaron en el mencionado quinquenio de triste memoria. Y muchos ciudadanos tuvieron la memoria suficiente para recordar su mal desempeño en aquel entonces, negándoles su voto en las urnas. Es una de las causas por las cuales perdió su batalla Mauricio Sahuí, según cifras emitidas hasta ahora por la autoridad electoral estatal. El candidato del partido oficial llegó a la actual campaña cargado de propuestas tan vagas (“lograremos alcanzar la mejor versión de Yucatán en la historia”) y tan demagógicas (“crearemos 100,000 empleos”, “realizaremos 200,000 acciones de vivienda”, etcétera), que no enraizaron en el alma del pueblo. Además, a dicho candidato se le identificó una cantidad impresionante de propiedades inmobiliarias cuya autenticidad fue minuciosa y escrupulosamente investigada así como absolutamente sustentada, que el señor Sahuí ha comprado a partir de 2007, inscritas a través de familiares consanguíneos y políticos, imposible de haberlas adquirido con la percepción obtenida a través de su ingresos como servidor público, que le merecieron el mote del “Candidato Terrateniente”. Las pruebas de esto se pueden encontrar en el portal de Mayaleaks.

Lo más importante es que este año volvió a percibirse en el ambiente popular de Yucatán el ansia de un profundo y auténtico cambio socieconómico y cultural que favorezca el desarrollo integral de las clases sociales desprotegidas y vulneradas, de la exigencia de apoyar a los pobres más que a los ricos, en la defensa real de sus derechos que históricamente se les ha negado o cubierto en forma insatisfactoria. En síntesis, que volvieron a airarse las ideas de justicia, transparencia y legalidad que florecieron en ese histórico 4 de julio.

¡¡Por esa razón, el 4 de julio la sociedad civil no lo olvida!!— Mérida, Yucatán.

jchaia4@yahoo.com

Empresario y activista ciudadano

 

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