Riesgos y oportunidades

Freddy Espadas Sosa (*)

El virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ya tiene ojos, oídos y voz en cada una de las 32 entidades federativas del país.

Como parte del rediseño profundo que se hará en la administración pública federal, AMLO ya adelantó que desparecerán los cargos de delegados y subdelegados, y a cambio anunció que se creará la figura de Coordinador General de Programas de Desarrollo en cada estado de la República.

Como se ha difundido con amplitud, el expanista y excandidato a gobernador por Morena, Joaquín Díaz Mena, mejor conocido como Huacho, fue presentado como el representante personal de AMLO en Yucatán, con la delicada encomienda de coordinar, regular y vigilar la adecuada aplicación de los diversos programas y servicios que ofrecen las distintas dependencias federales.

Esta decisión ha ocasionado una sana polémica entre los miembros de la comentocracia vernácula. Algunos opinan que es un retroceso político-administrativo porque expresan las tendencias centralizadoras de AMLO, lo que afectará el poder y el margen de maniobra de los gobernadores. Otros actores, como el sector privado, otorgan el generoso beneficio de la duda, apelando a que el desempeño del coordinador federal sea respetuoso del marco jurídico y del pacto federal (véanse el artículo de Dulce María Sauri, “Jaque a los gobernadores” y las declaraciones del presidente de la Coparmex, José Antonio Loret de Mola Gómory; D. de Y., 18 de julio, Local, p. 4 y D. de Y., 19 de julio, Local, p. 3, respectivamente).

Pero antes de seguir, caros lectores, permítanme referirles que en las décadas de los 60, 70 y 80 en el argot político se decía con frecuencia que en Yucatán había tres gobernadores: el constitucional, el gerente general del Banco Agrario y el director general del complejo agroindustrial Cordemex. Esta expresión derivaba de un hecho palpable: estos tres funcionarios concentraban un enorme poder político en razón de que manejaban directamente los cuantiosos recursos con los que se subsidiaba la raquítica economía yucateca, en un singular esquema mediante el cual se reproducía la miseria de decenas de miles de campesinos henequeneros y maiceros, se ejercía un efectivo control político y se garantizaba una endeble paz social.

A inicios de los años 90 cambiaron radicalmente las cosas, cuando se consumó la liquidación henequenera, se suprimieron los subsidios al agave, se apostó a la diversificación productiva y comenzó a alentarse la reindustrialización de nuestro Estado.

Adicionalmente, las reformas legales subsiguientes que se aplicaron en la administración pública en general —con las cuales se redefinieron los mecanismo para la transferencia de funciones y recursos a los estados y municipios—, fortalecieron el poder y las atribuciones de los gobernadores y alcaldes, aunque este fortalecimiento no fue siempre para bien, como lo hemos constatado con los fraudes mayúsculos cometidos por numerosos gobernadores y cientos de munícipes en toda la geografía nacional. Eso sí, ya no hubo “tres gobernadores” en Yucatán, sino uno solo: el constitucional.

Pues bien, volviendo al punto central de nuestro análisis, consideramos de inicio que es buena e interesante la propuesta del próximo Presidente, consistente en adelgazar la burocracia federal, evitar duplicidad de funciones, acabar con los trámites engorrosos para que la gente reciba los apoyos de los programas sociales y, sobre todo, atajar de raíz las insanas tentaciones de la corrupción que carcome a la administración pública.

Por lo comentado hasta ahora, desde luego que existe el riesgo de que Huacho haga un uso inadecuado de las considerables atribuciones que le serán formalmente conferidas por AMLO a partir del próximo 1 de diciembre. Es decir, hay la posibilidad de que su gestión se enrede en la politiquería barata y en la búsqueda de plataformas institucionales para viabilizar sus aspiraciones políticas y las de sus cercanos colaboradores, a los que seguro dará acomodo en la “superoficina federal” de la que será su titular.

Pero no adelantemos vísperas y otorguemos el beneficio de la duda a la delicada encomienda que asumirá Huacho. Es muy deseable que en las nuevas relaciones que se establecerán entre los tres órdenes de gobierno en la entidad no se generen innecesarios conflictos de poder con el Ejecutivo y los municipios, violentando la soberanía estatal y vulnerando la autonomía municipal, amparadas ambas por la Constitución Federal. Por el contrario, es necesario que en estas nuevas relaciones se privilegie el diálogo, la coordinación, la corresponsabilidad y la complementariedad, para beneficio de todos los yucatecos. Y aquí el reto es igual para todos los actores que intervendrán en los nuevos escenarios en que estará inmersa la gestión pública.

Como siempre, en la valoración crítica que habremos de hacer sobre el futuro desempeño del Presidente AMLO, del gobernador Mauricio Vila, de todos los alcaldes y del flamante coordinador general Huacho Díaz, nos guiaremos por la máxima inapelable preceptuada hace más de dos mil años por el Maestro de Galilea: “Por sus obras los conoceréis”. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Profesor-investigador titular “C” de T.C. Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, de Mérida, Yucatán

 

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