Cultura y tradiciones

Mario Maldonado Espinosa (*)

Doña Guillermina Sulú Pech es de edad ya avanzada, vive en el pueblo de Ixil, de familia trabajadora; un encuentro con ella es un encuentro con nuestras tradiciones y nuestro pasado, y, aunque padece algunas enfermedades, su fe y devoción la mantiene firme ante las vicisitudes de la vida. Desde hace mucho tiempo pinta imágenes religiosas en toda su casa, tiene afecto por la “Santísima Virgen María” y por “Nuestro Señor Jesucristo”. A ello se le suma, que aún con su avanzada edad y sin usar anteojos, hace bordado a mano en estandartes para los gremios, pañuelos y hasta ternos de la venerada imagen de la Virgen en la población.

En el cuarto mayor, allí en un lugar especial de su casa, tiene un altar que llama mucho la atención por su colorido y religiosidad, en ella se encuentran tres cruces muy antiguas que lleva mucho tiempo custodiándolas. Dice con mucho gozo y con profundo sentimiento: “Aunque humildemente con pocas flores y velas, les hago su novena, porque son milagrosas. Hace casi 400 años que estas cruces han pertenecido a mi familia”. Y como una posesión ritual se ha ido heredando desde sus abuelos y éstos a su vez de sus padres y ascendientes. Las cruces de doña Guillermina son un tesoro invaluable y representan mucho para sus creencias y su pasado familiar.

Así es doña Guillermina, una mujer religiosa y de lucha personal que crió a siete hijos; desde muy joven tomó la responsabilidad de su casa y se ha dedicado al bordado y pintura para asuntos religiosos de su amado pueblo, Ixil.

El culto a la Santa Cruz es un elemento cultural que se arraiga desde la época prehispánica, son cruces de color verde, de diferente tamaño, con pinturas religiosas hechas a mano, y casi siempre se acompaña de un lienzo de flores de colores.

La Santa Cruz, considerada un objeto religioso de enorme devoción en las comunidades yucatecas, es un objeto religioso aún venerado por los descendientes mayas y era costumbre heredarlas como parte fundamental de sus bienes.

Guillermina ha pedido a su hija que al morir las cruces se queden en la familia y sigan los rituales que iniciaron hace más de 400 años según sus ancestros, y no quiere que esa tradición se pierda sino que pase a otras generaciones.

Para los descendientes de los mayas, en la actualidad aún hay un vínculo espiritual y afectuoso con objetos religiosos como los de doña Guillermina. Estamos hoy en este mundo, pero también existe la firme creencia de que otro mundo espiritual nos espera, de allí esa hermosa costumbre de que en las casas aún existan altares, se hagan rezos y ofrendas, en especial en noviembre. Es así que en la cosmovisión maya la cruz es un elemento simbólico territorial, de máxima religiosidad, que tuvo sincretismo en el siglo XVI.

En su festividad el 3 de mayo la familia organiza la ida al monte para cazar venados y pavos que serán ofrendados; hay datos asentados de que en el ritual una mujer mayor se encarga de los rezos y se queman inciensos para atraer el aroma de las almas. Las flores tienen un papel importante en el altar.

Según los historiadores de los mayas, antiguamente las familias tejían collares de flores e incluso visten a las cruces con telas en forma de V bordadas a mano.

Algo que llama la atención es que es usual que las cruces estén en el monte, pues existía la creencia de que éstas cuidan de él y protegen al campesino de vientos malos.

Tradiciones como éstas no deben perderse. Es urgente mirar a ellas.— Mérida, Yucatán.

mariomaldonadoe@gmail.com

@mariomaldonadoe

Asesor jurídico

 

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