Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz (*)
La gula, mi avezado aprendiz, es la madre del desenfreno que te va guiando, sin advertirlo, a desmesurados deseos de saciedad. Recuerda que este vicio tiene dos caras, precisó Sobriedad.
Una, promueve todo placer sensible que percibes y registras por la vista y el gusto; la otra, te invita a un culto embustero al cuerpo.
Lo primero que hace la gula, querido amigo, es meterte en la cabeza que algo anda mal con tu derecho a ser feliz, de tal forma, que comienzas a pensar y sentir, que la vida tiene muchos placeres a los que tienes derecho e, injustamente, te los está negando. ¿Qué es, a fin de cuentas, lo que pretende lograr con esto la gula? Provocarte ansiedad.
Comienzas a experimentar, desde leves síntomas y signos de ansiedad, hasta poder llegar a perder, por completo, el control de tu pensamiento y conducta.
Cuando te dejas llevar por la ansiedad eres presa fácil de la gula que puede atraparte por el “exceso”, estimulando un deseo insaciable de comer y beber o te puede atrapar por “defecto”, modificando la forma en que percibes y miras tu cuerpo, provocándote una relación tormentosa con tu imagen, ya que por una parte la idealizas y por otra la desprecias.
“Vaya tragedia”, comenté asolado.
Y es solo el primero, avisado aprendiz, de los ocho vicios malvados.
Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. MATIA Instituto Gerontológico. Antonio Alonzo aalonzo@crehas.org
