La estación
Pedro Cabrera Quijano (*)
La comunicación se transforma a paso muy veloz. Hoy, un meme dice mucho más que mil fotografías, más que un millón de palabras. Desde que lo vi, me atrapó uno especial, gracioso y profundo al mismo tiempo; no dudé en compartirlo en mi página de Facebook.
En él, un aprendiz se arrodilla ante su maestro chino y le pregunta desde lo más profundo de su corazón por qué no tiene éxito en la vida. “¿Has visto un atardecer desde la montaña?”… “¿Has visto un ave surcar los cielos? … “¿Has contemplado la Luna en una noche despejada?”, preguntó el sabio. “Sí, Maestro”, fue tres veces la respuesta. En súbita contestación, el mentor le dice que por eso no alcanza el éxito: se distrae en vez de trabajar.
La vida nos demuestra que no tiene éxito quien se sume en la zona de confort. Alejémonos de esas personas que gustan nadar de muertito, donde lo lleven las olas, sin temer a que en algún momento un tsunami de realidad lo ahogue. No hay éxito cuando pierdes la pasión en lo que haces. Si amamos lo que hacemos, nunca trabajaremos.
Yucatán se encarrila poco a poco en la ruta de la revolución informática. Hoy tenemos poder y control en un simple objeto: el teléfono. Quien no entienda o se adapte al inminente futuro de avance tecnológico pasará a la historia. No caigamos en el conformismo, superemos día tras día al yo de ayer.
Guardo una entrevista especial a Steve Jobs. A una pregunta, el creador de Apple dijo que ser el hombre más rico en el cementerio no le interesaba: “Ir a la cama por las noches pensando que hemos hecho algo maravilloso, eso sí me importa”.
“Tu trabajo ocupará gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho con lo que haces es haciendo un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que haces. Si aún no lo encuentras, sigue buscando. No te conformes. Como todos los asuntos del corazón, sabrás cuando lo hayas encontrado”, enseñó Jobs.
Haz lo que amas y nunca tendrás que trabajar. Liberarse del peso de un horario, de la monotonía de una oficina donde a veces se cae por la falta de oportunidades mejor pagadas. De juntas y más juntas. O peor, llevando pendientes laborales a la casa, con el riesgo de estropear el tiempo que merece nuestra familia.
Nada peor que contaminar el ambiente familiar con los pendientes laborales. Fuera de la oficina no estás concentrado en lo uno ni en lo otro. Contestas como autómata, sin razonar, preguntas de los hijos, preguntas que no escuchaste. Un entrañable maestro y amigo, Ernesto de la Cruz Holguín (q. e. p. d.), expresidente de la Cámara de la Industria Maderera de Yucatán, aconsejaba siempre: “Ningún éxito en la vida compensa un fracaso familiar”.
El tiempo con nuestros seres queridos es sagrado; así como respetamos el tiempo laboral debemos respetar el espacio de convivencia familiar. Cronos no perdona, pasa volando; cuando nos damos cuenta, los hijos ya crecieron. Como dicen los muchachos de ahora en las redes sociales, un día usabas “climbebé” y hoy piensas en tus “dipén”.
Pero regresando al meme, recibí testimonios de personas que, cuando su jornada laboral se lo permite, disfrutan los bellos amaneceres yucatecos pintados de rosa y naranja en este despertar de la primavera, de las puestas del sol en la costa yucateca, de los flamencos y garzas entre los azules que unen el mar con el cielo, de la bella luna que coronó un miércoles con los fenómenos de luz y sombra, y el equinoccio en las antiguas ciudades mayas.
Saben que Yucatán tiene los niveles salariales más bajos del país, pero no decaen frente a una crisis económica mundial que palpan en su bolsillo, en su cartera. Son los sobrevivientes de una espiral que los absorbe justo cuando al fin parecían respirar un poco de aire fresco. Para ellos, el éxito es disfrutar el día a día, los detalles que logran robar entre el trabajo y la casa, momentos que atesoran para los últimos minutos en esta vida terrenal.
Para ellos, el éxito es la felicidad. Sentir en los poros la canción que transmite a todo volumen el autobús público de regreso a casa, al final de una intensa jornada de chamba, con la satisfacción del “misión cumplida”. Aprendo mucho de sus comentarios: unos jóvenes me indicaron que es un sueño imposible pensar que todos, en una sociedad, pueden tener el mismo nivel de éxito, por la simple y sencilla razón de que alguien tiene que trabajar para las personas económicamente exitosas.
Gracias a un meme, fue un placer confirmar que me rodean personas que aman lo que hacen y que para ellos, como bien enseñó el maestro chino, con la satisfacción del deber cumplido en sus quehaceres disfrutan una puesta de Sol, el vuelo de las aves o una hermosa Luna en un cielo primaveral despejado. Me rodean personas que ven la vida como un medidor del pulso cardiaco: una línea constante de altibajos; sólo la muerte la deja totalmente horizontal.
Hablando de líneas horizontales, me despido con la lectura del reportaje del periódico “El País”, publicado el domingo 17 pasado, titulado “Emergencia en el paraíso mexicano”. En él se aborda el grave problema del suicidio en la entidad: nos llama a la reflexión la búsqueda de soluciones a un problema social que mantiene una misma tasa desde hace tres décadas. Es tarea de todos frenar esa pandemia.— Mérida, Yucatán.
pedrocabreraq@hotmail.com
Empresario
