Otorrinocomentarios

Mario Alberto del Villar Cervera (*)

“Las amígalas son como los ladrones: mientras más malas, más se esconden”, decía mi padre; lo que quiere decir, que en muchas ocasiones las amígdalas (anginas) pequeñas son más malévolas, si de infección, hablamos. No obstante, esto no es necesariamente una regla.

Paradójicamente existen amígdalas muy grandes que pueden ser sanas, pero por grandes, obstruyen y de ahí que dañen. Cuando la garganta enferma con frecuencia y el tejido amigdalino (anginas), adenoideo (colchón detrás de la nariz), sufre constantemente, a pesar de tratamientos adecuados, hay que quitarlas y, sin dudarlo ni un minuto, si además obstruyen la vía aérea o digestiva. La espera que algunos médicos recomiendan para que los procesos infecciosos u obstructivos cedan, en virtud del crecimiento del niño, puede significar el pago de una terrible factura en la edad adulta: los abscesos de cuello. Por ello, comulgo con otra de las aseveraciones de mi padre, el Dr. Ramón Del Villar Madrid, “Padre de la otorrinolaringología Pediátrica en México”: “Las amígdalas tienen dos funciones: defender u ofender. Cuando ofenden, hay que quitarlas”.

Otorrinolaringología niños y adultos. Consultorio 423, Star Médica. Teléfono 196-1514.

 

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