Mario Maldonado

La comunidad maya de Yucatán

Mario Maldonado Espinosa (*)

Qué bueno que la Organización de Naciones Unidas (ONU) decidió desde 1994 celebrar cada año el 9 de agosto el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Al menos es una llamada de atención a nivel global de la importancia que tienen los pueblos originarios de los territorios.

Unos dirían que no hay mucho que celebrar pues estos pueblos son los que tienen y sufren más carencias, carencias de todo tipo, están sumidos en la pobreza, problemas de salud, educación, vivienda, trabajo entre otras. La temática de 2019 está dedicada a las “Lenguas indígenas”, coincidiendo con la proclamación de éste como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

La gran mayoría de las lenguas en peligro son habladas por los pueblos indígenas. De hecho, se estima que cada dos semanas muere una lengua indígena, poniendo en riesgo sus respectivas culturas y los sistemas de conocimiento que aportan.

Urge sensibilizar sobre la preocupante pérdida de estas lenguas y la gran necesidad de preservarlas, revitalizarlas y promoverlas a nivel nacional y local, particularmente la lengua maya.

Con mucha razón el papa Francisco en su visita a Chiapas en 2016 dijo: “Vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Mareados por el poder, los han despojado de sus tierras, o han realizado acciones que las contaminaban. Qué tristeza. Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir perdón. Perdón hermanos”.

Importante es en este tema la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas al establecer que los indígenas tienen derecho, como pueblos o como individuos, al disfrute pleno de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales reconocidos en la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y las normas internacionales de derechos humanos; que son libres e iguales a todos los demás pueblos y personas y tienen derecho a no ser objeto de ningún tipo de discriminación en el ejercicio de sus derechos, en particular la fundada en su origen o identidad indígenas.

A pesar de todo ello todavía siguen esperando un mayor reconocimiento.

Por lo que respecta a nuestro estado de Yucatán, según la Encuesta Intercensal 2015, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) el 65.40% de la población se considera indígena, mientras que 28.89 por ciento la población de tres años o más hablan alguna lengua indígena. Dato más que interesante, lo que nos debe llevar a valorar a nuestros pueblos y comunidades mayas.

Según el Atlas de los Pueblos Indígenas en México, los mayas se asientan en la península de Yucatán, el dominio de la lengua maya es uno de los criterios utilizados para identificar la pertenencia a ese grupo, pero los jóvenes ya no quieren hablarla, prefieren hacer uso del español.

Debemos sentirnos orgullosos de nuestros ancestros que construyeron edificios maravillosos para el mundo, de nuestro pueblo que durante la conquista española fue objeto de opresión y discriminación.

Todavía podemos ver en el interior del estado a grandes familias mayas que van diario a sus milpas, que conservan rituales, que incluso se han mezclado con festejos civiles o religiosos como son los gremios de los pueblos.

Tienen riqueza cultural, aunque no la tengan económica. El pueblo maya sigue en pie. Sigue allí, luchando para sobrevivir. Luchando por lo que es suyo. Nuestro enorme reconocimiento a quienes preservan y se sienten orgullosos del pasado, que luchan para que la vorágine de modernidad no los arrastre y están aquí en el presente. Las fiestas, gastronomía, la vestimenta, la música, los bailes, lo que hacen con sus manos, la medicina tradicional, sus costumbres y tradiciones. Un todo, un orgullo. El grandioso pueblo maya yucateco.— Mérida, Yucatán

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@mariomaldonadoe

Asesor Jurídico

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