Frase peligrosa
Julio Mendoza Ayora (*)
Seguramente usted ha escuchado el enunciado “amor es amor”, que se utiliza como frase publicitaria de algunos grupos. Pareciera ser incuestionable pero no es así, pues basta un poco de análisis para descubrir la falsedad y los peligros que encierra.
Para los griegos, referirse al amor con una sola palabra era insuficiente, así que utilizaban otras para expresar distintas maneras de amar: ágape, eros, filia y storgé.
Eros expresa lo que se conoce como la etapa de enamoramiento, en la que el sentimiento prevalece sobre la razón en arrebatos que pueden llevar a acciones de las cuales pueden arrepentirse, incluyendo embarazos inesperados …solo para descubrir al término que se ha cometido un error.
Ágape se interpreta como un amor noble, respetuoso, de entrega incondicional, solidario, por encima de los deseos carnales. Se puede traducir como “caridad”.
Las formas de amar denominadas filia y storgé pueden considerarse intermedias entre el eros y el ágape, sin los arrebatos del primero ni la pureza del segundo.
La filia se relaciona más con el gusto o inclinación hacia algo o alguien, incluso de tipo amistad en tanto que el storgé se entiende más como el amor que mantiene unida a una familia.
Por otro lado, en su libro “El Arte de Amar” Erich Fromm indaga la naturaleza del amor y realiza la categorización siguiente: amor entre padres e hijos, amor fraternal, amor de madre, amor erótico, amor a uno mismo y amor a Dios.
Como podemos observar, la expresión “amor es amor” es bastante simplista y solo digna de un jingle publicitario que apela a lo emocional. La expresión del amor es una experiencia personal y subjetiva mucho más compleja pero que debe de ser reconocida y aclarada dadas las circunstancias en la que las campañas de algunos activistas LGTB consiguen confundir temporalmente a muchas personas.
Es con base en esa confusión que logran “equiparar” el afecto que se da entre un hombre y una mujer que desean contraer matrimonio y los objetivos que conlleva, con el creado entre dos personas del mismo sexo que desean proteger sus intereses y proyectos comunes.
El sentido común y la Biología (la razón y la ciencia) nos permiten darnos cuenta de que existen no sutiles sino enormes diferencias.
Ahora bien, ¿darnos cuenta de las diferencias significa incurrir en homofobia o ser anti-derechos? Nada más alejado de la realidad, sobre todo cuando ponemos sobre la mesa las figuras jurídicas que se han planteado para proteger las sociedades de convivencia y cuando nos percatamos de que el interés superior del niño no se toma en cuenta.
Además, es indispensable señalar que el supuesto “amor es amor” abre de par en par las puertas a la pedofilia, el poliamor y otras formas de afectos desordenados. Si amor es amor, ¿qué puede detener al “movimiento de amor hacia los niños? (así llaman los activistas pedófilos a sus patéticos intentos de normalizarse ante la sociedad. Pero ojo, se les está allanando el camino y luego daré argumentos).
En próximas entregas ampliaremos los conceptos anteriores y plantearemos con hechos la hipótesis de que se pretende abrir la caja de Pandora. En ese sentido, me parece que los diputados que votaron a favor de preservar la definición de familia que se encuentra en nuestra carta magna tienen toda la razón.— Mérida, Yucatán.
jmend12@hotmail.com
Doctor, maestro en Ciencias de la Salud; excoordinador delegacional de Medicina Familiar del IMSS, profesor de la Universidad Marista de Mérida
