¿Qué haría Jesús en tu lugar?
Roger Antonio González Herrera (*)
Por aquellos días, el fútbol se había convertido en nuestro pasatiempo favorito. Aunque, en realidad, todo el tiempo estábamos en actividad. Temprano a la escuela en bicicleta y en las tardes el entrenamiento de fútbol, cuando no sucedía eso jugábamos vólibol en el atrio de la iglesia y, en las noches, las retas de básquetbol en la cancha deportiva del centro del pueblo. Por bendición divina, no nos tocó crecer con los celulares y las computadoras, jamás imaginamos en esos años que esos aparatos existirían.
En la radio y en la televisión sonaba “Billie Jean” y en las noches de los sábados intentábamos imitar, algunos de nosotros infructuosamente, los pasos de baile de Michael Jackson. Italia ya había logrado conquistar su tercer mundial de fútbol de la mano de su delantero Paolo Rossi y Brasil nos había maravillado con el mejor equipo de fútbol de todos los tiempos; aunque, también, nos dejó claro que no siempre los mejores se llevan los campeonatos.
Al pueblo llegó un joven sacerdote, de nombre Alfredo Estrada Quirarte, y entre las primeras cosas que hizo fue formar un equipo de fútbol de adolescentes. Recuerdo que nuestros uniformes eran negros y nos ganamos a pulso el mote de los “curitas” en la población. Por aquellas fechas, ir a la iglesia era algo aburrido que no nos llamaba la atención, pero poco a poco nos fuimos interesando en las actividades que el padre organizaba, como la comida de los ancianos, que movilizaba la caridad de creyentes y no creyentes, las serenatas a los amigos que cumplían años, el censo a la población después del paso del huracán “Gilberto” y la tarea de distribuir apoyos a la gente afectada.
La clave del sacerdote para acercarnos a la fe era presentarnos a un Jesucristo como nosotros, vivo y actuante. Y solía empezar sus platicas con la sencilla pregunta: “¿Quién es Cristo para ti?”, “¿te gustaría conocerlo?”, y así, en el trato cotidiano, fuimos conociendo sus parábolas y sus enseñanzas y, a veces, nos cuestionaba: “¿cómo crees que actuaría Jesucristo en esta situación?”.
Cuánta razón tiene el papa Francisco al decir que, hoy día, en muchos lugares de occidente “la fe ya no constituye un presupuesto obvio de la vida común” y que a veces es negada y ridiculizada (Diario de Yucatán, 22 de diciembre). Pero, cuando leemos que el presente año es el más violento en toda la historia por el número de asesinatos vinculados al narcotráfico y cuando escuchamos los dramas que en el mundo padecen los migrantes, necesariamente concluimos que falta Jesucristo en nuestras vidas.
Urgencia
Por eso, hace bien el Santo Padre Francisco al recordar el urgente reproche que el cardenal Carlo María Martini (llamado por muchos el “profeta del diálogo”) realizó poco antes de morir: “La Iglesia ha quedado 200 años atrás. ¿Por qué no se sacude? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de valentía?”
Si bien la fe es el cimiento de la Iglesia, como dice el Papa, necesita “nuevos mapas y otros paradigmas” para reposicionarse en el mundo moderno. Tarea sumamente necesaria en nuestros días vacíos de la presencia de Jesucristo. Pero no necesitamos del Jesucristo impasible de los altares y de los nichos de las catedrales; necesitamos un Cristo comprometido con los pobres y la causa del bien común, un Cristo incluyente y que no se avergüenza de sentarse en la mesa de quienes otros consideran impuros, que perdona y que abraza, que reconforta y que no divide.
En nuestra adolescencia, sentíamos a Cristo un amigo, que jugaba fútbol con nosotros, que a veces se equivocaba y enmendaba, que estaba en nuestras fiestas y diversiones, pues cada vez que nos enfrentábamos a una duda, recordábamos la interrogante del padre Alfredo: Pregúntate, ¿qué haría Jesucristo en tu lugar? Eso nos hacía pensar que él también fue humano y tuvo nuestras debilidades y fue uno más de nosotros, a pesar de su divinidad.—Buctzotz, Yucatán
rogergonzalezh@hotmail.com
Profesor
