Editorial

Pasajes y anécdotas de Espita

José Manuel Tec Tun (*)

En los pueblos de Yucatán siempre han existido y seguirán existiendo personajes de cada época que van forjando la memoria histórica local. En esta ocasión quiero hablarles de un grupo de caballeros que dejaron huella en la historia de Espita y que en la actualidad son de grata memoria.

Allá por los años 70 solía reunirse en la plaza principal, junto a un confidente y una banca de madera, un grupo de señores para platicar de los aconteceres del tiempo. Este grupo se reunía todas las noches de 7 a 9 p.m., una costumbre que duró más de 20 años.

Antes de entrar en detalles, para quienes no lo saben, el confidente es una banca en forma de un número ocho que permite platicar a dos personas sentadas y mirándose de frente. Este tipo de banca es muy común en las plazas públicas de los municipios de Yucatán. Algunas personas afirman que es un invento yucateco. Sin embargo, hay datos históricos que señalan que su origen está en Francia y el modelo fue traído en tiempos del porfiriato, cuando estuvieron en auge las haciendas y la explotación comercial del henequén. Tal vez no hubiera escrito este artículo si no fuera porque el confidente todavía existe en su lugar original, en el costado poniente del centro de la plaza principal de Espita y ha de tener más de 50 años ocupando ese espacio.

A continuación, los integrantes de aquel grupo tan singular:

El doctor Roger Rosado Sahuí, prestigiado médico y director de la escuela secundaria estatal “Dr. Fabián Vallado Escalante”, de cuyas aulas salían jóvenes con una excelente preparación académica que con el paso del tiempo llegaban a ser distinguidos profesionistas. El Dr. Roger también daba la clase de Matemáticas.

El señor Raúl Erosa, uno de los primeros ganaderos del municipio que solía contratar campesinos para el trabajo del rancho.

Los señores José Moreno y Carlos Robertos (Don Calín), ferrocarrileros de oficio, personas que cumplieron una etapa en la historia del transporte público, cuando el tren era el medio más utilizado para trasladarse a la capital del Estado.

El señor Arnaldo Tec Puc; mi tío, mejor conocido como Don Nando, campesino milpero que tenía un extraordinario conocimiento de la apicultura. Sabía tanto acerca del cuidado de las abejas que constantemente lo invitaban a dar pláticas, hoy le llamaríamos conferencias magistrales, para el personal de la desaparecida SARH, la Escuela de Veterinaria de la Uady, el Banrural y otras instituciones. Muchas veces fue invitado especial en congresos donde se trataba el tema de la apicultura. Don Nando sabía combatir todo tipo de enfermedad o plaga que atacaba a las abejas, sabía reproducirlas y alimentarlas en tiempos de sequía. En esos tiempos, cuando la lluvia era escasa y no había floración, era común verlo transportar en sus espaldas un tamborcito de agua hasta el lugar de sus apiarios, caminaba distancias de dos o tres leguas. También elaboraba velas de cera para los finados. Lamentablemente, todo ese conocimiento se perdió en el tiempo, pues nunca le conocí algún escrito de sus pláticas, lo que hace suponer que sus participaciones fueron de manera oral, y en esa época tampoco había facilidad para registrarlo en video.

Otra actividad que dominaba era el urdido de hamacas, las confeccionaba para las familias del centro, “de sociedad”, quienes algunas veces las enviaban a sus familiares o como regalo a familias que vivían en otros estados de la República mexicana, incluso en el extranjero.

Don Felipe Triay, conocido comerciante que llegó a ocupar un cargo administrativo en la sucursal del extinto Banco del Atlántico, que se instaló en la población. Actualmente, en ese local funciona la terminal de autobuses del Noreste. Don Felipe elaboraba horchata de coco, de arroz y jarabes de tamarindo. En sus viajes a la capital del estado solía traer encargos, como revistas, medicinas y “cachitos” de Lotería. Gracias a esta labor conocimos los cuentos de Kalimán, Memín Pinguín y Fuego, una novela popular que recreaba la historia de la revolución de Haití.

Don Eduardo Rosado; de oficio mecánico, experto en reparar aquellos vehículos que usaban una manivela para hacer arrancar el motor. Un señor muy piadoso que rezaba en voz alta.

Algunas veces se unía a este grupo el bachiller Gilberto Alonzo Rodríguez, nacido en Peto pero espiteño por adopción, era maestro de sexto grado en la primaria “Manuela Olivares” y de Biología y Física en la secundaria “Fabián Vallado Escalante”. El Bachiller, como se le conocía, escribía la columna “Mis charlas con el reloj”, teniendo como “informante” al reloj del Palacio Municipal.

Otros que solían acercarse al grupo eran los presidentes municipales, tal vez para recibir alguna asesoría, entre éstas autoridades podemos mencionar a Wilberth Díaz Aguilar y Roberto Patrón Rosado. Ellos también estaban dedicados al fomento de la ganadería.

Este grupo tenía conocimiento de todo lo que sucedía o sucedería en la población. Su ubicación estratégica en la plaza les permitía conocer el comportamiento social. Se enteraban casi de todo: cuándo llegaría un nuevo sacerdote, cuándo llegaría el arzobispo, cuándo llegaría un político; ya sea el gobernador, el diputado o el presidente de la República.

Sabían casi todo…

Eran los primeros en saber quiénes aspiraban a ser candidatos por la presidencia del pueblo. Se enteraban todos los días de quiénes volvieron de Mérida en el último camión de las nueve de la noche. También eran aficionados a las funciones sabatinas de box y se encargaban de difundir la cercanía de un ciclón o los preparativos para la fiesta del pueblo que se celebra en diciembre.

Este grupo de caballeros eran reconocidos y respetados por las autoridades municipales de tal manera que durante la fiesta, cuando toda la plaza se llena de puestos comerciales y juegos, aquella banca y el confidente permanecían libres para las reuniones del grupo. Hoy después de más de 50 años, el confidente sigue en su lugar acompañado de dos bancas modernas. Bueno sería poner una placa con el nombre de aquellas personas que formaban el grupo y entre plática y plática, todas las noches, contribuyeron a formar la historia oral de Espita.— Mérida ,Yucatán.

tekito_61@ yahoo.com.mx

Antropólogo, integrante de la Academia de la Lengua Maya de Yucatán, A.C.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán