Editorial

Jorge H. Aguilar y Castellanos (*)

Esta semana el precio del petróleo cayó a niveles nunca antes vistos, en momentos en que la pandemia del Covid-19 ataca la salud y las economías mundiales.

El petróleo West Texas, que se extrae en EE.UU. y es en el que se basa el precio mundial, llegó a un increíble cierre de menos 37.63 dólares por barril. El canadiense Western Canadian Select llegó a menos un dólar 75 centavos y el petróleo mexicano cerró en menos 2.37 dólares por barril. Con esto se amenaza toda una década de crecimiento en la demanda, recortando miles de empleos y eliminando cientos de miles de millones de dólares en valoración de las empresas.

La semana pasada fue la reunión de la OPEP+, que incluye a los mayores productores de petróleo del mundo, entre ellos México. Ahí se buscaba reducir una cantidad de barriles diarios de todos los productores reunidos, para elevar el precio del petróleo. Pero México no aceptó reducir 400 mil barriles diarios y dio la opción de bajar 100 mil barriles diarios, cosa que el resto de los países no aceptaba, especialmente Arabia Saudita.

México, representado por la secretaria de Energía, Rocío Nahle, se encerró en reducir solo 100 mil barriles diarios, atrasando la reunión hasta cinco horas. Entonces intervino Estados Unidos diciendo que apoyaba a México y que ellos reducirían los 300 mil barriles diarios, esto para destrabar la negociación y que el mundo petrolero regresara a la normalidad de sus costos, que iban creciendo desde hace una década; pero claro a cambio de algo. Arabia Saudita e Irán no quedaron nada contentos con México.

Todo esto en medio de la pandemia que tiene a la actividad económica e industrial prácticamente detenida, a medida que los gobiernos de todo el planeta extienden sus cierres por la rápida propagación del Covid-19.

El petróleo se enfrenta a sus propios efectos colaterales: un mercado con un exceso de oferta y sin lugar para almacenar barriles físicos del crudo. Con la reunión de la OPEP+ la semana pasada para frenar el suministro se demuestra que se tomó de forma tardía el recorte mundial de producción de crudo ante un colapso de la demanda global.

Los países árabes, en especial Arabia Saudita, empezaron a ofrecer en Asia barriles de petróleo con precios más bajos y con meses para pagarlo; el segundo importador de petróleo casualmente es Asia. Con esto Arabia Saudita está acaparando el mercado asiático, donde México tiene o tenía gran presencia.

Pero ahora existe otro problema: parece que los árabes le empezarán a vender petróleo a Estados Unidos y con esto desplazando a México de su mercado petrolero mundial.

Dada la molestia, especialmente de Arabia Saudita, por las reacciones de la secretaria de Energía en la OPEP+ la semana pasada, la estrategia saudita parece que apunta a echar a México del mercado petrolero mundial, como sucedió en 1982 por una situación similar, pero no con precios negativos como esta semana.

Al parecer, hay un bloqueo de la OPEP a México por las pésimas decisiones tomadas en la reunión la semana pasada por el gobierno mexicano. A esto le agregamos la crisis económica que ya teníamos y vamos a tener por la pandemia, más la crisis de salud. Es una mezcla que creo que ningún país quisiera; el gobierno mexicano debería enderezar el camino, porque nos puede llevar a un lugar muy obscuro, que nadie quiere.— Mérida, Yucatán.

jorgeaguilarcastellanos@gmail.com

Maestro en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales, por la Universidad Complutense de Madrid

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