¡Alto!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
“La dictadura no se evita declamando contra ella, sino haciéndola innecesaria con nuestra rigurosa disciplina del deber”. —Gregorio Marañón, escritor y pensador español
Detrás de México está la traición a la verdadera transformación para el progreso social. Al lado de la sociedad está el “pueblo bueno y sabio” para la destrucción de la solidaridad. Al frente de millones de mexicanos está un futuro encaminado para su aniquilación. Arriba de la geografía nacional está un cielo mayormente nublado para asesinar la democracia. Son los cuatro puntos cardinales que conforman el sistema de referencia para la presentación de nuestra tragedia como país, cuyo fanatismo político cultivó el odio, el robo y la muerte. Efectivamente, la “transformación” está en proceso para el beneplácito de un fanático que no cambia de tema, que no cambia de opinión, arropado por seres vetustos o enfermos mentales.
Panorama
Ante el periodo de la “Santa Inquisición” política y el “Oscurantismo” social que estamos viviendo en pleno Siglo XXI: México, la sociedad y los millones de mexicanos, bajo un cielo más claro, están empezando a reaccionar para poner alto a un gobierno que no respeta la división de poderes, a un gobierno que está avasallando la justicia, a un gobierno que pretende anular la democracia, a un gobierno que está condicionando la libertad de expresión. ¡A un gobierno que está matando a sus ciudadanos! No hay otro camino ante la extrema y enfermiza oposición a la expansión, divulgación y transmisión del progreso y del conocimiento, entre las clases sociales.
Andrés Manuel López Obrador, el fanático que no cambia de tema, que no cambia de opinión, afronta por primera vez desde que asumió la Presidencia de la República, en diciembre de 2018, una desaprobación social del 52% en promedio, con base en Consulta Mitofsky, ya que cayó al 47.8%; es decir cuatro puntos porcentuales menos, en comparación con marzo de 2020. El clímax fue 67.1%, en febrero de 2019. Un poco más de la mitad de la población ya no lo acepta. Pero esto apenas empieza. El hecho de empezar a contrarrestar y aniquilar la “Santa Inquisición” política y el “Oscurantismo” social con la participación, precisamente, de todos los actores políticos y sociales.
Para tal efecto, los puntos cardinales serán fundamentales para recuperar la dirección correcta y la ubicación adecuada de nuestra vida nacional.
Son cuatro y uno más. La salud democrática de México está en riesgo… de hecho, ya está deteriorada. ¡Enferma! México no puede morir por un sexenio, aunque ya está infectado por la 4T. Los efectos del virus son la actuación en la oscuridad sin emoción, sin remordimiento y sin dolor.
Puntos
¡Son cuatro y uno más!
Detrás: la verdadera clase política, misma que tiene la gran responsabilidad histórica de confrontar la dictadura de izquierda radical e irracional, para recuperar el Estado de Derecho. Por supuesto que no me refiero a los malogrados diputados federales de Morena que, en medio de la pandemia por el Covid-19, aprobaron su reelección para seguir viviendo a costa de la sociedad mexicana y ahora pretenden otorgar todo el presupuesto federal a Andrés Manuel López Obrador, quien “afirma” que la felicidad no es tener dinero, ni cosas materiales, sino estar bien con uno mismo, con su conciencia y con el prójimo.
Al lado: las fuerzas armadas, en su misión trascendental de la defensa y la conservación de nuestra Independencia nacional, la seguridad y la estabilidad de la República, evitando que altos mandos sean “comprados” para traicionar a la patria, como sucedió en Venezuela, y que los soldados decidan “involucrarse” en la delincuencia organizada, debido a su humillación pública, por decreto, al momento de su actuar.
Al frente: el sector empresarial, en su verdadero papel de protagonista en el desarrollo de la economía de mercado, captando inversiones y generando fuentes de empleo. Omito a dos despreciables mercenarios: Carlos Slim Helú y Ricardo Salinas Pliego, ambos “nacidos” en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y actualmente “socios” del desdibujado presidente de México.
Arriba: la Iglesia, en su gestión de llamar a la conciencia para evitar que se atente contra la fe, para anular toda política pública que transgreda la dignidad y para revocar toda doctrina que fomente el odio, la rivalidad, la desigualdad, la concentración de poder y la muerte.
Uno más: los cárteles, en un llamado para disminuir la violencia y los negocios ilícitos, sería ilusorio pedirles “amor y paz” ahora que algunos han donado despensas a los ciudadanos pobres, porque desde hace muchos años ya forman parte de la vida nacional. El dictador podría aniquilar muchos para aliarse con pocos. No para implementar el Estado de Derecho, sino para reforzar su posición de “mesías”, como Nicolás Maduro.
La dictadura no se evita declamando contra ella, sino haciéndola innecesaria con nuestra rigurosa disciplina del deber.
Todos tenemos un deber.
¡Alto!— Cozumel, Quintana Roo.
arevalo61@yahoo.com.mx
Periodista
