Christian Rasmussen (*)
La muerte trágica del negro George Floyd el 25 de mayo, a manos de un policía blanco, fue la gota que derramó el vaso de años de discriminación sistemática contra la población afroamericana en Estados Unidos. El resultado, como ya se sabe, fueron protestas pacíficas, otras violentas y rapiña en todo el país. La solidaridad se expandió a todo el mundo.
Estatuas y monumentos en EE.UU. que glorifican a los rebeldes generales que lucharon por la preservación de la esclavitud en la guerra civil en 1861-65, y que son símbolos del racismo y de la superioridad blanca, han sido grafiteadas, tiradas, y otras están en cola para ser removidas.
En Inglaterra, una estatua de un comerciante de esclavos fue tirada al mar en Bristol. En Bélgica, con su cruel historia de colonialismo en el Congo de África, el “dueño” de por sí, el rey Leopoldo, fue bajado de su pedestal y sobrepintado. Ya era hora de hacer cuentas.
Todo eso nos lleva a Yucatán. La conquista de Yucatán y el maltrato a la población originaria y sus descendientes son bien conocidos. Símbolo de ese capítulo de la historia de Yucatán es hoy el monumento, puesto en 2010, de “Los dos Montejos”, papá e hijo, en el “remate” de Paseo de Montejo. Pero hay más.
En Izamal tenemos una estatua que rememora la conquista espiritual con Fray Diego de Landa. Sí, es cierto, argumentan las y los hoy buenos cristianos, nos trajo la cruz y la palabra de Dios. Pero también es autor del infame Auto de Fe en Maní en 1562, en donde quemaron los libros de los sacerdotes mayas, y con la Inquisición se perseguía a los que eran fieles a sus dioses mayas. La pregunta ahora es: ¿Qué hacer con estos monumentos?
En artículo publicado en el Diario el pasado día 14 el filósofo Antonio Salgado Borge sugiere que ya es tiempo de retirar a los Montejos de su pedestal. Esto puede discutirse, pero hay un aspecto que quiero considerar aquí. De vez en cuando es necesario revisar esta historia, que siempre ha sido escrita por los conquistadores, los dzules, y dar la palabra a los y las conquistadas, los y las macehuales.
De Dinamarca, mi pequeño país que tiene casi la misma extensión que Yucatán, tengo un ejemplo de cómo nos hemos enfrentado a un capítulo no muy glorioso de nuestra historia.
Hace muchos años, en el tiempo de los vikingos, Dinamarca era un gran imperio. Pero con los años se achiquitó. Y qué bueno, porque aprendimos que es mejor vivir con nuestro propios esfuerzos, y no explotar y esclavizar a otros, como es el fundamento del imperialismo, sea, azteca, romano, britanico, gringo o danés.
El último resto de nuestro célebre imperio fueron las tres Islas Vírgenes (Virgin Island) que en 1917 se vendieron a EE.UU., evidentemente sin preguntarle a la población, formada por esclavos traídos de África, donde Dinamarca tenía como colonia lo que hoy es Ghana. Racismo y codicia en su más pura expresión, y una mancha en la bandera danesa. Pero nunca es tarde para reconocer los errores del pasado.
A 100 años de la venta de las islas, se reescribió la historia y en 1918 fue eregida, en un espacio muy notable en Copenhague, una estatua de una negra. ¡La primera estatua de una persona con piel negra! Fue puesta frente a la bodega en donde llegaban las mercancías como azúcar, ron y tabaco de las islas, entre la famosa “Sirenita” de HC Andersen y el palacio real, Amalienborg.
La mujer negra, conocida como “Queen Mary”, fue quien condujo un levantamiento en 1878, contra las pésimas condiciones de trabajo en las plantaciones en Sta. Croix. En una mano lleva un machete y en la otra una antorcha. 50 plantaciones fueron quemadas y hubo muchos muertos de los dos bandos antes que de que el “desorden” fuera aplastado. Como efecto de la supuesta justicia, varios fueron fusilados, y otros y otras llevados a cárceles en Dinamarca. Entre ellos cuatro mujeres lideres que pasaron varios años allí. Una era Mary Foster, reconocida en su tiempo como “Queen Mary”.
Y además de la estatua, hoy, el camino real “Kongevejen” en Sta Croix, nombrado originalmente por el rey danés, se llama “Queen Mary Highway”.
En 2019, el busto “Freedom” —”Libertad”, de Bright Bimpong— de las Islas Vírgenes fue inaugurado en un lugar prominente, enfrente de la Secretaría de Relaciones de Dinamarca, en Copenhague, cuyos oficinas están en las antiguas bodegas de las importaciones de las colonias.
Nunca es tarde reconocer errores y hacer la paz con el pasado. Es bien sabido que si no miramos de frente nuestro pasado, perderemos el camino hacia el futuro. ¡Hay tiempos para quitar y otros para levantar estatuas!
Por eso regreso a la pregunta… ¿Qué hacer en 2020 con los monumentos de los Montejos y Fray Diego de Landa?— Mérida, Yucatán.
sjoken@gmail.com
Fotógrafo danés radicado en Mérida
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