El camino que va de regreso
Alberto López Vadillo (*)
Desde los primeros días de este mes, en una costumbre que se les ha vuelto un hermoso hábito, algunos fieles y leales benefactores comenzaron a comunicarse a nuestra asociación civil para preguntar si haríamos colecta navideña para los abuelitos penitenciarios.
Durante este complejo y difícil año, nos hemos reinventado para cumplir con los objetivos que nos planteamos en su inicio. Estos eran continuar con el programa de los abuelitos penitenciarios, ampliar nuestro trabajo hacia las mujeres reclusas a través del programa de “Guerreras penitenciarias” y comenzar algunas actividades para los hijos de personas privadas de su libertad.
Desafortunadamente, todas las actividades presenciales tuvieron que suspenderse indefinidamente ya que desde el mes de marzo las entradas al centro de reinserción social se restringieron completamente para todos, familiares y grupos de apoyo. Esto como precaución ante la contingencia sanitaria.
Esta necesaria y difícil decisión significó que todos los internos penitenciarios dejaron de ver a sus seres queridos y aunque justo es decir que las autoridades del centro de reinserción han implementado estrategias para que la comunicación entre ellos no se interrumpa a pesar de no permitir el acceso presencial, nunca será lo mismo.
Como muchos han experimentado, nada sustituye el contacto físico, el cariño e interés expresado a través de un abrazo o de cuando menos, vernos físicamente. Ante esta nueva realidad, decidimos orientar nuestra ayuda apoyándolos con despensas de productos de higiene personal y alimentos no perecederos. Entregándolas de manera ininterrumpida cada mes, esto gracias a la generosidad de diferentes dependencias del gobierno estatal y municipal, así como de la iniciativa privada.
Hace unos días me llamo “Miguelito” un antiguo compañero que aún está preso, para pedirme un favor, “Amigo, ¿de las despensas que nos envías será que la mía se la puedas llevar a mi ‘Jefita’? no se la está pasando bien y necesita ayuda”.
Después de darme todos los datos para llevársela, aproveché para preguntarle cómo estaban todos por ahí, como estaban los abuelitos. En fin, cómo los trataba la vida.
“Pues aquí estamos, aguantando amigo. La condición en estos momentos es complicada y dura por decir lo menos. Pero ya sabes, es un día a la vez, porque así es como descubres qué bonita es la vida”, terminó con una risa sincera y valiente.
Dificultades
Recordé aquellos tiempos de reclusión, que cuando te pasaban cosas difíciles como la notificación de tu sentencia, o que tu familia avisaba que ya no te seguiría visitando o te avisaban de la muerte de alguien querido, la expresión que seguía para animarte era sencilla y contundente “Camina un día a la vez y verás qué bonita es la vida”.
Hoy como nunca antes, esta expresión que nació del fondo del corazón de algún terco optimista se volvió vigente y válida para todos.
Ha sido un año difícil, muchos hemos perdido a alguien querido, otros hemos tenido que cambiar nuestros trabajos y oficios. Algunos más, hemos tenido que modificar en muchos sentidos hábitos y costumbres para continuar en la brega cotidiana. Siempre buscando en la esperanza y la fe las herramientas para mantenernos y entender esta nueva normalidad.
“Miguelito” me platicó de las cosas que han tenido que hacer para resistir la ausencia de la familia desde hace ya casi ocho meses, me contaba de los actos solidarios con los compañeros que lo han resentido más.
Debo reconocer que escucharlo me compromete, es esta sensación de que a pesar de todo necesitan ayuda, finalmente son el último eslabón de la cadena social y si no los ayudamos nosotros, ¿entonces quién?
Sin embargo, lo prolongado de esta pandemia y la incertidumbre de su final comienzan a hacer estragos en nuestra capacidad como organización para poder seguir ayudándolos. Por todo lo anterior me acerco a usted estimado y fiel lector para apelar a su generosidad.
Entendemos que la situación es complicada pero cualquier aportación en la medida de sus posibilidades nos ayudará a continuar nuestra labor humanitaria con los abuelitos y guerreras penitenciarias, así como con los hijos de personas privadas de su libertad.
Contacto
Si usted quiere participar, lo invitamos a conocer nuestro trabajo a través de las redes sociales y ponerse en contacto con nosotros al teléfono 9992 571630 con un servidor. Pueden hacerlo también donando artículos de higiene personal (jabones, pasta de dientes, cepillos dentales, papel higiénico, rastrillos, peines, artículos de higiene femenina, etc.).
De igual manera puede donar cualquier cantidad en efectivo. Hemos hecho tratos provechosos y generosos con empresas locales que nos apoyan con buenos precios en compras por volumen. Les recordamos que somos donatarios autorizados y otorgamos recibos deducibles de impuestos en caso de que lo necesiten.
En esta ocasión y siguiendo todos los protocolos de higiene, en cualquiera de los casos con todo gusto iremos personalmente a buscar sus aportaciones, entregándole, si me lo permiten, alguno de los cuatro libros que he publicado en agradecimiento por su generosidad y dándole un abrazo a la distancia.
Les agradezco caminar con nosotros un día a la vez y descubrir, así, que bonita es la vida. Que así sea.—Mérida, Yucatán
alberto.lopez.v@-hotmail.com
El camino que va de regreso
: @elcaminoquevade
Psicólogo
