Gobierno y sociedad
Por Luis Jorge Ojeda y Ojeda (*)
Hoy día mucha gente en el mundo lucha desde sus trincheras para acabar el Covid-19, unos tratando de crear algún medicamento que pueda destruir al virus y sanar al enfermo, otros buscando entre los medicamentos existentes alguno que pueda ser efectivo contra el padecimiento, otros creando vacunas para tener defensas propias y destruir al virus.
Leemos y escuchamos tantas propuestas de tratamientos alternativos, unos están a favor y otros en contra, algunos dan testimonios con evidencias favorables, otros las rechazan, algunas personas aún no creen en la enfermedad, entre otros planteamientos más.
Nos enteramos de nuevos contagios, de personas que fallecen, que los hospitales han sido rebasados en algunas partes del mundo, que en algunas ciudades el virus mutó y se hizo más contagioso o letal, que se presentó una nueva ola de la enfermedad a las semanas posteriores de festejos o eventos multitudinarios, países que inician actividades formales, que en otros lugares tuvieron que suspenderse de nuevo las actividades, que se estabilizó la curva de contagio, que algunas personas que habían enfermado y recuperado recayeron y algunas de ellas fallecieron, entre otras.
Si analizamos lo planteado hasta ahora, nos damos cuenta que entramos al terreno propio de la enfermedad pandémica, eso corresponde a los gobiernos, las organizaciones e instituciones de salud, entre otras muchas más, para buscar, dar y apoyar todos los esfuerzos que se hacen mundialmente, ya que son los responsables del cuidado, atención y promoción de la salud a toda la población.
El terreno de la prevención personal nos corresponde, somos el blanco de la enfermedad, en nosotros está cuidarnos, debemos seguir asumiendo nuestra parte para evitarla y no esperar que otros lo hagan por nosotros, sobre todo porque se trata de nuestra propia vida; de lo contrario, podemos infectarnos, enfermarnos o contagiar a nuestra familia.
Un gran aliado que se ha sumado a esta lucha son las vacunas, pero ellas no evitan que nos contagiemos, parece que previenen de la gravedad y por consiguiente la hospitalización, viniendo a ser un gran logro.
Por ello no hay que tener temor a la vacuna, ya que en una pandemia, como en una guerra, no podemos darnos el lujo de pensar si utilizamos o no lo que nos brindan para protegernos; sin embargo, es decisión de cada quien.
La pandemia continúa su curso con altibajos, habiendo momentos de más casos y momentos de menos casos, siendo ya familiar enterarnos diariamente del número de personas contagiadas, de recuperadas y lamentablemente de fallecidos como algo natural, dando como consecuencia en algunas gentes la relajación de las medidas de protección, lo que sumado a la aplicación de las vacunas de emergencia, refuerza más la confianza de sentirse protegido a la Covid-19, abandonando dichas medidas.
Tenemos que seguir con las medidas de protección para evitar enfermarnos; usar el cubrebocas, lavarnos las manos, mantener el distanciamiento físico y todas las demás que ya sabemos, son normas básicas de la buena higiene y prevención para mantenernos a salvo nosotros y quienes nos rodean del Covid-19 aun después de haber sido vacunados.
Se necesita una corresponsabilidad social pública entre los gobiernos y las poblaciones.— Mérida, Yucatán.
Médico cirujano
