Maestra de primaria y una madre ejemplar; me enseñó a leer a los cuatro años, a sumar y multiplicar antes de entrar a la primaria, en pocas palabras a ser un hombre de bien, como muchas madres que ahora tienen tiempos compartidos con sus hijos, ¿a qué me refiero? a que además de atender el hogar, tienen que trabajar, checar tareas, y seguramente permanecer detrás de una computadora por si algo no entendió la criatura.
Un día calificando pruebas de cuarto año de primaria, grado que impartía mi mamá en una escuela pública, de esas antiguas muy grandes, de mobiliario bien cuidado, salones amplios y limpios, muchos niños y niñas, cercana a la Basílica de Guadalupe, me dice con visible preocupación que era urgente llevarme al doctor para revisar mis amígdalas. Frecuentemente padecía de dolores que a mis ocho años ya no se mitigaban con un té caliente o inhalaciones de vick, no había para más.
Has llegado al límite de notas gratuitas, para seguir leyendo…
¿Ya estás registrado o tienes una suscripción? Entonces Ingresa aquí.
Crea una cuenta, es gratis y
podrás leer 5 notas más.
Suscríbete a nuestros planes
y obtén acceso ilimitado.
