El problema de la violencia en Yucatán
Por Ernesto Guerra de la Peña (*)
En memoria de Enrique Vidal Herrera
El objetivo de la comunicación gubernamental es generar consensos. Por tanto, todo gobierno que quiera contar con una buena aprobación durante su gestión buscará crear un vínculo de confianza con la sociedad. Asimismo, afrontar con coherencia, ética y profesionalismo todos aquellos momentos de crisis que puedan afectar su imagen o reputación.
Sin embargo, un error que puede provocar la ruptura de este vínculo y el distanciamiento de la sociedad con el gobierno es el mal manejo de los mensajes institucionales cuando hay una crisis. Si ante un acontecimiento violento el gobierno trata de minimizar o invisibilizar a una de las víctimas del conflicto, puede producir un clima de descontento social.
Un claro ejemplo de ello fue la manera en que la administración estatal manejó públicamente el caso del feminicidio en Yucatán ocurrido hace apenas unas semanas.
Mientras que el feminicidio fue pasado a segundo o tercer plano, la administración estatal decidió realizar un homenaje al heroico policía Raúl Adrián Couoh Aké. Ojo: esto no quiere decir que no considere que el policía, el cual con mucha valentía detuvo a los sicarios, no fuera merecedor de dicho evento; el problema es que éste se dio en un momento delicado.
Lamentablemente, el policía fue la segunda víctima de unos sicarios que tiempo antes le habían arrebatado la vida a la joven madre Teresa Vega. Ante estos acontecimientos, el gobierno del estado, en lugar de visibilizar el feminicidio y el homicidio del policía, optó, única y exclusivamente, por darle prioridad al segundo.
No darle el mismo nivel de importancia a ambos temas pudo deberse a dos aspectos: el gobierno actual se ha negado a reconocer los feminicidios como un verdadero problema en el estado y, el segundo, que el gobierno ha buscado tratar de ocultar los problemas internos de violencia para seguirnos promocionando como un estado seguro.
Dice Giovanni Sartori que “el único modo de resolver los problemas es conociéndolos, saber que existen. El simplismo los cancela y, así, los agrava”. Al analizar esta frase del politólogo italiano y trasladarla al tema en cuestión podemos darnos cuenta que el gobierno estatal, aunque se quiera tapar los ojos, conoce de la existencia de los casos de feminicidios, los cuales han sumado ocho en solo este año, según lo comunicado por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio en Yucatán.
Sin embargo, ha tratado de ignorar y negar su existencia hasta en el momento de nombrarlo públicamente. Un ejemplo de ello fue cómo el gobernador en redes sociales calificó el caso de Teresa Vega como un asesinato y no como un feminicidio, acción que suscitó muchas críticas.
La activista Gina Villagómez, en reciente entrevista con el Diario, lo ha dicho de manera clara: “hay una agenda gubermental ciega ante este problema”.
Es una realidad que vivimos en un estado seguro, si hacemos un contraste con la situación que se vive en otras partes de la república. Sin embargo, esta narrativa del estado de seguridad que se ha buscado promover en medios de comunicación y en redes sociales, con el fin de promocionar Yucatán, ha sido el infomercial nocturno de un producto milagroso, debido a que se ha promocionado la imagen, pero se han omitido los tipos de violencias que diariamente ocurren en el estado, como son los casos de feminicidios, la violencia de género, el racismo, el clasismo, la xenofobia, la homofobia y el aumento de suicidios.
Según los registros realizados por Grupo Megamedia, de enero al 30 de julio se han reportado cuando menos 168 suicidios en Yucatán (Diario de Yucatán, 1/08/2021). Es necesario que las autoridades no busquen tapar el sol con un dedo. Que se realicen acciones preventivas y no solo se actúe a consecuencia de los hechos violentos. Que al igual que se habla de las maravillas del estado, también se promuevan diálogos acerca de los problemas de violencia que aquí se viven.
El gobierno debe promover en su agenda acciones eficientes junto a activistas y expertos. Si se aspira a ocupar la silla del águila, no se puede seguir queriendo omitir e invisibilizar problemas desde el sillón de la indiferencia.— Mérida, Yucatán.
ernestoguerramx@gmail.com
@ernestoguerramx
Consultor y Politólogo. Estudiante de la Maestría en Comunicación Política y Marketing Electoral
