Editorial

Un hecho de importancia trascendental para el país

Macedonio Martín Hu (*)

El pasado viernes 13 de agosto se cumplieron 500 años de la caída de la gran Tenochtitlan, la capital del imperio Azteca.

Transcurridos varios días de asedio y con el apoyo de aguerridos guerreros de los pueblos que vivían sojuzgados por el imperio mexica, en sangrientas batallas, escenificadas por el ejército mexica y el grupo de combatientes comandados por Hernán Cortés, en la fría mañana del 13 de agosto de 1521 (Día de San Hipólito) cayó el centro político, militar y cultural más importante de los pueblos que vivían en el valle del Anáhuac y sus alrededores.

Con la guerra de conquista de los pueblos originarios se inició la vida colonial en la Nueva España que transcurrió 300 años. La caída de Tenochtitlán impactó la vida de todos los pueblos prehispánicos, excepto la región Mixe de Oaxaca, que no sufrió los rigores de la conquista.

Para el estudio de la guerra de conquista se tiene que tomar en cuenta el contexto social, económico y político, de ese tiempo. Cobra vital importancia la postura ideológica de los historiadores, quienes, por lógica, han escrito sus obras con base en sus intereses. Por tanto, es preciso estudiar y enseñar la historia de la conquista de México a partir de una postura impersonal, objetiva, y mentalidad imparcial.

La historia oficial que mitifica a los héroes distorsiona la realidad histórica y no ayuda al estudio de la verdadera historia de la conquista de México.

En la conquista destacaron muchos personajes: Cristóbal Colón, quien dio a conocer la ruta para llegar al “nuevo” continente; Diego Velázquez, Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Gerónimo de Aguilar, la Malinche, los 4 señores principales de Tlaxcala (Maxixcatzin, de Ocotelulco; Xicoténcatl, de Tizatlán; Tlahuexolotzin, de Tepeticpac y Citlalpopocatzin, de Quiauixtlán, Moctezuma Xocoyótzin), Cuauhtémoc, y otros muchos más, no menos importantes.

A partir de obras como: “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” que se adjudica a Bernal Díaz del Castillo, la hazaña de Hernán Cortés, en virtud de su trascendencia en todo el territorio nacional, ha merecido acuciosos estudios de investigadores e historiadores.

En este trabajo, no abordo pormenores de la conquista, mi propósito es señalar algunas de sus consecuencias que, después de 5 siglos, en muchos pueblos indígenas se sufren, por la guerra más destructiva que ha padecido nuestro país en toda su historia.

Los problemas que heredamos de los conquistadores son muchos, entre ellos el racismo. Este problema social se presenta de diferentes maneras, por ejemplo: en los monumentos que se dedican a personajes cuya “hazaña” consistió en haber asesinado a muchos indígenas; lo único que hacían los indígenas era defender su libertad, territorio, costumbres, creencias y tradiciones. Un caso criticable fue el Auto de Fe de Maní, ordenado por el fraile franciscano Diego de Landa, en su afán por lograr la evangelización de los nativos de estas tierras.

Hasta nuestros días, habitantes de los pueblos originarios de México sufren actos de represión, de manos de quienes se consideran herederos de los conquistadores. La discriminación en contra de los hablantes de lenguas indígenas se vive a diario en todo el territorio nacional; las prácticas represivas, aunque sea de manera subliminal, se ejercen en las escuelas, en los círculos sociales, en la política, las artes, en los deportes, etc. Un compañero maestro nos comentó hace unos años que en una escuela de la ciudad de Mérida era casi imposible que ingresara un joven con apellidos indígenas.

Se puede colegir que la caída de Tenochtitlán marcó el inicio de una nueva etapa en la historia de México. Los conquistadores, independientemente de que buscaban enriquecerse con las tierras y los tesoros de los pueblos originarios, se propusieron la imposición de la religión cristiana; la muestra se dio en Tlaxcala, cuando los 4 señores principales aceptaron el bautismo, no cambiaron su fe, pero con ese hecho se inició la conquista espiritual de los pueblos originarios.

Estoy convencido de que la conquista de México es un hecho de sobrada trascendencia en la vida económica, política, social, educativa y cultural de nuestro país. Se sugiere estudiar la obra de Hernán Cortés y de los hombres que lo acompañaron en la guerra de conquista, a partir de contextualizar los hechos y con una postura crítica, una conciencia objetiva y una visión humanística.

No se puede obviar que los conquistadores españoles utilizaron durante la conquista la habilidad, inteligencia, astucia y fuerza para someter a los pueblos originarios y que en 300 años de vida colonial se padeció actos de barbarie y represión y discriminación en contra de los pueblos originarios.

Por ello, en nuestros días se debería realizar una cruzada nacional para la enseñanza y aprendizaje de una historia nacional crítica, para conceptualizar la lección histórica de la caída de la gran Tenochtitlán.— Mérida, Yucatán.

chilambalam945@hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica de Mérida

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