Sin culpables…
Marcelo Pérez Rodríguez (*)
A más de un mes del fallecimiento del joven José Eduardo Ravelo Echevarría, después de ser golpeado, torturado y violado, todavía no hay detenidos, ni sentencias, ni culpables.
La justicia avanza con lentitud desesperante, sin que a la sociedad se le informe de los avances, en un caso lleno de incongruencias, silencios, dudas y enredos.
Hay un laberinto tejido poco a poco en este caso que sacude a la comunidad, pues no tiene, hasta ahora, una salida clara.
Eso sí, las policías, municipal y estatal, los titulares de esas dependencias y las autoridades locales tratan de deslindarse y proteger a sus subordinados.
Es decir, no hay aportaciones claras de los involucrados, no hay información de las investigaciones, no se han dado a conocer nuevas evidencias, todos los involucrados se pasan la bolita y se deja entrever que esos silencios y enredos buscan proteger a policías, jefes y autoridades.
Por lógica, hay que partir de los uniformados municipales que detuvieron a José Eduardo y tomar con firmeza esta punta de la madeja e ir desenredando los hilos que cubren los rostros de los protagonistas de esa golpiza y violación que desencadenaron la muerte del joven.
¿Pasó algo en el trayecto a la comandancia municipal? ¿En qué momento hubo contacto con la policía estatal?
Hubo al iniciar este escándalo cuatro uniformados municipales detenidos y luego liberados por falta de evidencias, pues la justificación del juez fue que el hoy occiso señaló a policías estatales. Y esto, en su momento, comenzó a enredarse.
Pero hasta ahora no hay uniformados, ni municipales, ni estatales, señalados como presuntos agresores. Y se supone que ya declararon los uniformados, principalmente los policías que detuvieron al joven por la llamada y denuncia del taxista agredido con fragmento de piedra o de otro objeto lanzado por José Eduardo.
¿Por qué tanto silencio, enredos y confusiones? ¿Qué se busca ocultar? ¿A quién o quiénes se protege? Son las preguntas frecuentes que la gente hace ante una justicia lenta en este caso que cada día se enreda más.
Si las autoridades exculpan a los uniformados de las dos corporaciones, entonces ¿quiénes agredieron al joven? ¿Tropezó, se cayó y se golpeó?
En el colmo de la búsqueda de salir de este atolladero, se podría argumentar que el joven se flageló por la intoxicación que tenía hasta quedar inconsciente y así fue llevado en vilo a la celda, por eso los golpes y moretones que lo dejaron grave y, posteriormente, se produjo el fallecimiento.
Las autoridades policiacas, municipales y estatales, no reconocen la tortura como parte de las acciones de algunos, para no generalizar, uniformados. Y no olvidemos que hay muchas quejas de malos tratos y golpes y, lo más grave, de muertes de varias personas después de ser detenidas.
Sin embargo, en varios de estos casos tampoco hay investigaciones a fondo, menos culpables. Por esto hay temores de que en este caso de agresividad extrema, vejaciones y violación se minimicen los actos de violencia o barbarie en las investigaciones, en los juzgados y entre las manos de los jueces. Y al final no haya culpables, ni sanciones severas.
El caso del joven José Eduardo ha trascendido al territorio nacional y con algunas repercusiones fuera del país. Esto obliga a que millones de ojos estén pendientes y a que las autoridades actúen.— Mérida, Yucatán.
marpero53@yahoo.com.mx
Profesor
