Antonio Salgado Borge
Antonio Salgado Borge

Estatuas que no pueden estar en espacios públicos

Antonio Salgado Borge (*)

Felipe: ¿Que por qué estoy enojado, Sofía? Es muy sencillo. ¡Me parece indignante que un grupo de personas lastimen nuestro patrimonio histórico con su vandalismo!

Sofía: Esta vez sí que me agarraste en curva, Felipe. ¿Qué elemento de nuestro patrimonio histórico fue víctima de vandalismo?

Felipe: ¿Es que no leíste? La estatua de los Montejo fue pintarrajeada por un grupo de personas arrastradas por esa corriente mundial que está tan de moda estos días.

Sofía: ¡Claro que leí lo de la estatua de los Montejo! Pero no lo asocié con tus dichos porque esa estatua fue encargada, manufacturada y colocada recientemente; no tiene aspecto alguno que le haga caer en la categoría de patrimonio histórico.

Felipe: Bueno, da igual si es patrimonio o no patrimonio; lo importante es que estamos ante un grupito totalitario y radical que busca imponer su visión del mundo en Yucatán y que, copiando lo que ocurre en otros países, quiere privarnos de algunas de nuestras estatuas.

Sofía: Pero Felipe, ¿te has puesto a pensar que quienes quieren retirar algunas estatuas podrían tener argumentos sólidos y válidos de los que se siguen que éstas deben ser removidas. ¿Cuál es tu argumento para defender que esas estatuas deben permanecer en su sitio? Recuerda que quienes descalifican a priori y opinan sin argumentar no aportan gran cosa al debate público.

Felipe: Aquí va un argumento. La estatua ya está en su sitio y todos nos hemos acostumbrado a verla. Se ha convertido en un punto de referencia. Así como hay quienes todos saben de qué hablas cuando dices la “Fuente Maya”, todos se ubican cuando dices la estatua de los Montejo. Quitarla no tiene sentido.

Sofía: Entiendo lo que quieres decir; pero tu argumento depende de premisas claramente falsas. En primer lugar, no todo lo que ubica en el sentido que refieres es digno de ser preservado. Además, difícilmente las personas en Mérida nos ubicamos por estatuas —¡y menos en la época de Google Maps! En todo caso, la avenida principal de la ciudad no es ubicada por una estatua en su remate.

Felipe: Bueno Sofía, déjame plantearlo de otra forma: las estatuas ya están ahí, así quienes tienen que presentar argumentos son quienes quieren retirarlas.

Sofía: Permíteme plantearte algunas preguntas, Felipe. ¿Estás de acuerdo en que el propósito de colocar en un espacio público la estatua de una persona, hecho o concepto en un pedestal, no es únicamente recordarle —para eso existen los libros de historia— sino, literal y principalmente, enaltecerle?

Felipe: ¡Me parece obvio, Sofía! No todo lo que queremos recordar tiene estatuas, ni todas las estatuas son erigidas porque temamos olvidar a lo que representa. En cambio, todo lo que es representado por una estatua en un pedestal está siendo exaltado.

Sofía: Bien. ¿Te parece aceptable la premisa de que cuando se dedica una estatua a un individuo implica que la vida de esa persona es digna de reverencia o de emulación? Desde luego, todo humano es un compendio de claros y oscuros: es imposible encontrar a alguien sin errores o defectos. En consecuencia, la decisión de enaltecer a alguien está supeditada a que el resultado final de su mezcla entre los claros y los oscuros sea positivo.

Felipe: Claro que me parece aceptable. Nadie en su sano juicio enaltecería a alguien como Hitler o Stalin.

Sofía: Coincidimos entonces en que hay oscuros que no pueden ser compensados. Desde luego, los juicios morales tienen siempre un tinte subjetivo, pero estarás de acuerdo en que dentro de la objetividad que la humanidad permite es posible incluir en esta lista de oscuros incompensables crímenes como el genocidio, otros crímenes de lesa humanidad, o formas de opresión, como la opresión por motivos de género, raza o creencias. Más allá de nacionalidad, religión u orientación política, la gran mayoría de los seres humanos repudia estos crímenes. Por ejemplo, no hace falta ser judío para repudiar lo hecho por Hitler.

Felipe: Desde luego que me parece adecuado incluir esos crímenes en la lista acciones incompensables. Ciertamente yo los repudio sin importar contra quién se cometan y no conozco a alguien que diga explícitamente lo contrario.

Sofía: Perfecto. Considera ahora que tus respuestas a mis preguntas son premisas que ya aceptaste. De ellas se sigue la conclusión de que estarías de acuerdo en que individuos, como Francisco de Montejo o demás personajes, que hayan participado activamente en la masacre o virtual esclavización de poblaciones originarias no debe ser representados por estatuas en lugares públicos.

Felipe: ¡Momento Sofía! De mi respuesta se sigue que si individuos como Francisco de Montejo hubieran participado activamente en la masacre o virtual esclavización de poblaciones originarias, no deberían ser representados por estatuas en lugares públicos.

Sofía: Muy bien, Felipe. Es el condicional que mencionas lo que se sigue. Pero ¿no te parece que hay evidencia suficiente para afirmar que el antecedente del condicional es verdadero? Los Montejo y compañía alentaron o participaron activamente en el exterminio de poblaciones originarias —un genocidio—, virtualmente las esclavizaron a otros tantos y los criterios para hacer lo anterior eran su condición indígena o religiosa.

Felipe: Vamos por partes. Hablas de exterminio de los indígenas, Sofía. Pero, ¿acaso los más de quinientos mil mayas que viven en Yucatán aparecieron mágicamente?

Sofía: Te invito a ser cuidadoso con el uso del lenguaje, Felipe. Yo hablé de genocidio, nunca de exterminio. Exterminio implica la aniquilación total de una población, genocidio el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia o religión. Es decir, todo exterminio implica genocidio, pero no todo genocidio implica exterminio. Alguien puede eliminar —en el sentido de matar o asesinar— a integrantes de una población por los motivos que he mencionado sin exterminar a esa población por completo. Y recuerda que no es necesario barrer por completo con un grupo para que esa acción caiga dentro de nuestros oscuros que no son compensados por claros; la acción de su eliminación sistemática es suficiente. Esta acción sí es predicable de los Montejo y otros conquistadores.

Felipe: ¡Ajá! Ahora sí que has cometido un error garrafal, Sofía. Eres una ingenua si piensas que un grupito de españoles conquistó América. ¡Ni que fueran dioses! En realidad, lograron imponerse, y conquistar, a unos grupos gracias a alianzas con grupos originarios.

Sofía: No estoy disputando aquí y ahora esas alianzas, Felipe. No es necesario hacerlo, pues aliados o no aliados, personas como los Montejo cometieron acciones que, como tú mismo has aceptado, hacen indisputable la necesidad de removerlos de sus pedestales. Aludir a alianzas u otras cuestiones como cuánta riqueza se llevaron, las cosas positivas que trajeron o lo que buscaban en Yucatán implica desviar la atención del tema de fondo: los crímenes que cometieron o alentaron, incluyendo el genocidio.

Felipe: Encuentro francamente anacrónico que hables de genocidio, Sofía. Esta categoría ni siquiera existía cuando vivieron los Montejo y compañía. Calificar lo ocurrido como genocidio es mirarlo a través de los ojos de nuestra sociedad contemporánea.

Sofía: Pero Felipe, la idea de que el hecho de que un nombre no existía en el pasado implica que lo representado por ese nombre no existió. Durante muchos años los seres humanos no llamamos al agua H2O, pero de ello no se sigue que el agua no fuese hidrógeno y oxígeno. En el mismo sentido, del hecho de que durante milenios el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia o religión no fuese llamado genocidio no se desprende que ello no haya ocurrido. En todo caso, lo que está en discusión es que estatuas como las de los Montejo enaltecen a personas o valores con oscuros inadmisibles para la sociedad contemporánea. Las estatuas representan siempre para alguien en tiempo presente.

Felipe: Bueno, ya me estoy cansando, Sofía. Claramente hay puntos de vista contrastantes y personas como las que se manifestaron frente a la estatua de los Montejo quieren imponer el suyo totalitariamente y censurar a quienes pensamos distinto. El hombre es ontológicamente libre, y yo me opondré siempre a quienes buscan cancelar o coartar su libertad.

Sofía: Ahora sí que me has dejado perpleja, Felipe. ¿“Ontológicamente libre”? No voy a desgastarme desenredando todo lo que puede significar eso y me voy a enfocar en lo sustantivo. Empiezo con lo del totalitarismo. En primer lugar, siguiendo tu “lógica”, dado que hay dos puntos de vista contrastantes sería tan “totalitario” imponer uno como el otro. En este sentido, sería tan “totalitario” dejar la estatua como quitarla. Pero tu “lógica” está errada en un sentido más profundo: en una democracia una idea se puede imponer a la otra cuando está basada en hechos y argumentos que la respalden. Y lo que he hecho hoy es presentarte hechos y argumentos sobre por qué deben ser removidas ciertas estatuas, pero tú no los has rebatido satisfactoriamente. Sobre el tema de la censura, quitar a los Montejo y similares de sus pedestales no es equivalente a prohibir el debate sobre la naturaleza de sus acciones o la diversidad de interpretaciones sobre las mismas. De la decisión de quitar una estatua de un pedestal se desprende que el individuo representado por esa estatua no merece ser exaltado o enaltecido, y no que esa persona no deba ser estudiada, por ejemplo, académicamente.

Felipe: Puede ser, Sofía; pero tienes que admitir que tu argumento implica una fórmula simplista para resolver un problema sumamente complicado. Hay muchísimas estatuas sin duda varias pueden ser cuestionadas o criticadas. ¿O me vas a decir que con tu argumento has encontrado una solución para todos los casos?

Sofía: Para nada, Felipe. Lo único que se desprende de mi argumento son condiciones suficientes para remover algunas estatuas que pueden ser aceptadas por la totalidad de la población sin mayor problema. Qué hacer con otros casos es algo que debe ser discutido públicamente. Pero, eso implica otro análisis y otro debate. Hoy hablamos únicamente de estatuas que representan a personas que cometieron crímenes como el genocidio, otros crímenes de lesa humanidad, o formas de opresión. Tú aceptaste premisas que conducen a concluir que esas estatuas deben ser removidas. Y entre estas estatuas está la de los Montejo.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo).

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán